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Rabia nuestra de cada día

Yo soy rabiosa, vengo de una familia rabiosa y vivo en un mundo rabioso. No fue fácil para mí descubrir que la rabia era mi tema, porque soy de esos iracundos que no explotan mucho.

  • Carolina Pulido

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1_4x3Yo soy rabiosa, vengo de una familia rabiosa y vivo en un mundo rabioso. No fue fácil para mí descubrir que la rabia era mi tema, porque soy de esos iracundos que no explotan mucho. No soy de los que gritan y sacan su enojo asustando a medio mundo. A mí nadie me teme, y con razón, porque a la única persona que hago daño es a mí misma. Suena terrible, lo sé, pero de alguna manera soy capaz de hablar de esto porque lo he superado. A punta de trabajo y aceptación. A mí la rabia guardada me enferma. Como a todos los que tienen ese mecanismo incorporado en su sistema. El de tragarse la mierda, como decimos.

La medicina ayurveda plantea -tomando en cuenta que la mente y el cuerpo están tan conectados que son en realidad un solo mecanismo- que el enojo se va depositando en el hígado. De hecho, toda la zona abdominal se relaciona tradicionalmente con la fuerza, el fuego y la rabia. De manera que si usted es propensa a la gastritis u otras enfermedades de esos barrios, le podría asegurar que sus niveles de ira contenida son elevados. Lo mismo puede decirse de las víctimas del bruxismo (apretar los dientes es, de hecho, una señal clarísima de rabia e impotencia) y de diversas enfermedades de origen músculo-esquelético, como la fibromialgia. ¿No había notado que sus emociones se relacionan con su cuerpo? Es cosa de que se mire al espejo y observe sus líneas de expresión. Si la arruguita del entrecejo es más pronunciada de lo esperable, de seguro es usted de las mías.

La rabia, de todas formas, tiene sus defensores (era que no), como los que plantean que los rabiosos tenemos una energía poderosísima que bien encauzada puede transformarse en fuerza creativa. Pero yo soy de la idea de que es mejor vivir lo más feliz posible, en paz y en armonía. Y si hay algo que destruye la paz interior es la rabia, una emoción que proviene de los deseos insatisfechos, que se relaciona con la frustración y que a nivel neurológico se caracteriza por una tasa persistentemente alta de descarga neuronal, que es lo que detona esa sensación de calor intenso e irracionalidad, muchas veces antecedentes de un verdadero volcán emocional en plena erupción. En un momento de furia, el ritmo cardíaco y presión arterial aumentan, al igual que los niveles de las hormonas adrenalina y noradrenalina.

La señora rabia es densa. Es pesada y pegajosa. Y es oscura. Vive por siglos entre ciertas familias, acomodándose cada vez más en sus cuerpos y expandiéndose por las ciudades modernas como la peste. Cada cierto tiempo volvemos a ver en televisión al tipo que lanza su auto contra lo que venga, atropellando a todo el mundo. O el que sale con su arma y se lanza a masacrar a un grupo de personas que jamás había [pull_quote align=’right’] La señora rabia es densa. Es pesada y pegajosa. Y es oscura.[/pull_quote]visto. Los tristemente célebres encapuchados de las protestas son un síntoma criollo de la furia de los tiempos: jóvenes que no están interesados en las peticiones de quienes salen a marchar sino que simplemente están enojados. Por todo, porque el mundo está mal y es injusto. Porque la torta fue mal repartida. Porque no tienen oportunidades. Y en el fondo todos estamos un poco enojados. Pateamos las piedras al caminar por el centro, presionamos a bocinazos al auto de adelante, le pegamos codazos a la vieja que va al lado en el metro y les gritamos a nuestros hijos cuando no es necesario. Todos tenemos ira acumulada en nuestros hígados, porque las cosas no son tan lindas ni tan buenas ni tan fáciles ni tan rápidas como quisiéramos. Y porque, a fin de cuentas, estamos solos.

Los especialistas dicen que hay que identificar la emoción, luego aceptarla, vivirla y, finalmente, despedirla, dejarla ir. El tema es que no te dicen exactamente cómo. O no te entregan soluciones realmente efectivas. A mí me han hecho pegarle a un punching ball, he probado con visualización creativa, psicomagia y muchas otras terapias alternativas, y nada de eso me ayudó realmente. Lo único que en mi caso ha aplacado el torbellino interior es el yoga. Moverme. Respirar. Tomar conciencia de mi cuerpo. Ahí está la clave. Detectar qué pasa en el cuerpo cuando uno se enoja es parte de esta conciencia tan necesaria como ignorada.Antes de finalizar, un comentario básico, humano y femenino: a veces, cierto -leve- grado de venganza ayuda mucho. Si la rabia está directamente relacionada con otra persona y esa persona resulta ser un maldito pelmazo, botar la ira de la forma más elemental puede bastar para sanar. ¿Quiere ideas? No seré yo quien se las dé. YouTube.com está lleno de despechadas transmutando la energía de la rabia en ‘fuerza creativa’.