Columnas

Maldita culpa

Hace un par de semanas me llamó la atención un artículo de The Wall Street Journal que versaba sobre la culpa de los estadounidenses ante la idea de dejar un libro a medias.

  • Carla Guelfenbein

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Por: Carla Guelfenbein

Imagen_340Hace un par de semanas me llamó la atención un artículo de The Wall Street Journal que versaba sobre la culpa de los estadounidenses ante la idea de dejar un libro a medias. Estudios estadísticos mostraron que se trata básicamente de un asunto social. La gran preocupación es qué van a pensar de ellos los demás si no son capaces de terminar un libro.Por otro lado, los sicólogos han descubierto la ansiedad que produce el dejar una actividad a medio camino, una ansiedad que se extiende y abarca otros ámbitos de la vida, produciendo una sensación de descontrol y mediocridad. Muchos de los esfuerzos de estos sicólogos con sus pacientes han estado orientados a desactivar esta asociación que hace que un área de la vida tan mínima como la de dejar un libro a medias ensucie todas las otras, provocando una sensación global de fracaso.

Pero tal vez el descubrimiento más relevante radica en el hecho de que las personas que se dan el permiso para dejar un libro de lado porque no les interesa, o por cualquier otra razón, logran leer un 100% más de libros durante un año que aquellos que persisten por cumplir con mandatos sociales o autoimpuestos. Cuando terminé de leer el artículo me pareció interesante la idea de cómo optimizar nuestras lecturas. Pero sobre todo, pensé en nosotras, las chilenas. ¡Nosotras que nos sentimos culpables por tantas cosas! Somos culpables de ir a trabajar y dejar a nuestros hijos en manos de otros, somos culpables de no estar siempre disponibles para nuestras parejas y nuestros padres, somos culpables de no rendir lo suficiente en nuestro trabajo, somos culpables de no tener la piel lisa y la cintura de avispa, somos culpables porque no pasamos por el supermercado a comprarle comida al perro, etc, etc. La lista es infinita. Y lo peor es que cualquiera de estos acometidos no cumplidos nos provoca la sensación de total fracaso.

Hay un claro paralelo entre el asunto de los libros a medias y nosotras. Para empezar, nuestra culpa, en gran medida, es un asunto social. Tal vez no consciente, pero que funciona implacable en el trasfondo de nuestra conciencia. Siempre hay alguien que nos está mirando: nuestra madre, la abuela muerta, nuestro círculo de amigos, nuestros jefes, nuestros compañeros de trabajo, nuestros hijos, nuestra pareja. Y quién sabe, ¡tal vez incluso el perro! Ese ojo vigilante que nos regaña cuando no llegamos a tiempo a la reunión de apoderados, cuando por segunda vez en la semana les damos cazuela a nuestros niños, cuando por la noche, una vez más, le decimos a nuestra pareja que estamos cansadas. Esa mirada externa que nos martiriza y exige, y a quien nunca podemos complacer. Y aquí viene el segundo paralelo, el más notable, el que tal vez nos dé una clave para desembarazarnos de ese sentimiento de culpa que nos persigue. Así como los estadounidenses descubrieron que dejar un libro sin el peso del sentimiento de culpa aumentaba sus lecturas, estoy segura de que abandonar la idea de hacer todo perfecto, dejar lo prescindible de lado, optimiza nuestras labores. Yo hace tiempo que renuncié a cambiar un enchufe, a tener una casa siempre lista para la fotografía de una revista de decoración, a cocinar platos elaborados, a salir a la calle como si viniera de un spa suizo. Hace tiempo que decidí que lo mío eran mis hijos y escribir, y que si lo hacía bien, era más que suficiente.

Los índices de depresión de las mujeres en nuestro país son los más altos del mundo. Sin embargo, no hay ninguna predisposición genética de las mujeres chilenas a la depresión, ni tampoco estamos marcadas por un sino trágico. ¿Entonces qué? En gran medida es ese maldito sentimiento de culpa. Así como los norteamericanos se sienten culpables de dejar un libro a medio leer por lo que los demás podrán pensar de ellos, nosotras las chilenas estamos destruyendo nuestro sistema nervioso y deprimiéndonos por la misma razón. Solo que dejar un libro a medias no le hace daño a nadie, y la culpa nos está matando, y matando a quienes nos rodean.