Entrevistas

Soledad del Río: “Mi sueño es ser una chica Almodóvar”

En poco más de cinco años de carrera, la vocalista de La Guacha ganó el Festival del Huaso de Olmué, se transformó en una de las voces femeninas más importantes de la nueva escena musical y ahora prepara el segundo disco junto a su grupo. La cantante y actriz anhela trabajar con el director español. “Soy como esas mujeres desgarradas pero empoderadas de sus películas”, advierte. Y cuenta que en el reiki encontró un camino para sanar el cuerpo y la mente.

  • alejandra.villalobos

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1_340En el escenario es la guapa, seductora, hot, torpe, chistosa, la que se puede tomar un trago al seco, tirarse al piso, gritar, ser peleadora, muy mina, triste, desenfadada y furiosa. Todas juntas.

Así es Soledad del Río al mando de La Guacha, la banda de fusión latinoamericana, jazz, rock, pop, rancheras y más, que comparte con Juan Pablo Escares, Alexis Bugueño y Rodrigo Mora. Partieron el 2008 y dos años después lanzaron el disco debut Virgen. El 2012 ganaron el Festival del Huaso de Olmué con una versión de Arriba Quemando el Sol, de Violeta Parra.

Escuchar La Guacha no es lo mismo que verla en vivo, cuando Soledad desplaza con locura su 1,77 metro de altura por el escenario que parece ser su espacio vital.

“Ayer una amiga me decía ‘en el escenario te transformas’. Y eso es lo que me pasa, me siento libre y cómoda, más que en la vida. No tengo pudores ni con mi cuerpo ni con lo que digo”, cuenta la cantante y compositora revolviendo un café en un boliche de Apoquindo, al día siguiente de la última tocata de La Guacha, que del segundo álbum, que sale este año, ya adelantó el tema Los Matorrales con un clip cargado al erotismo.

Aunque hay anuncio de lluvia acepta desafiar las nubes negras y conversar en una mesa del local al aire libre. Hablar con Soledad es fácil. No tiene prejuicios, no les teme a las frases hechas ni menos a sus profundos dolores.

¿Por qué La Guacha? No es por la mansa guacha que soy yo, toda grande -bromea-. El rollo es otro. Tiene que ver con el tema del guacho latinoamericano -explica-, que no tiene padre, que carece de identidad y que posee escasos referentes culturales, como es Chile. Eso lo decimos con la frase ‘No sé de dónde soy y no sé pa’ dónde voy’ -de su canción Rancherita pa’ la Mamita-. Además nosotros somos guachos de estilo, rescatamos de todo un poco.

¿Por eso se aferra a la Virgen esta guacha, a la madre que los acoge a todos? La Virgen es una gran madre, y una figura por la que se hacen muchas fiestas. Es potente. Y cumple lo que se le pide, cuidado. Yo soy muy espiritual, pero no desde una religión. Estudié en colegio de monjas, en un entorno muy conservador y al salir me di cuenta de que mi camino, tal vez (risas), era otro. El colegio nos hace a todos iguales, por eso uno tiene que buscar su camino, su felicidad y su fe. Seguimos pegándonos con la roca en el pecho, pero la culpa es como el miedo, no sirve de nada. Yo creo en Dios como lo que sea, creo en Jesús como un iluminado que fue mal entendido.

¿Y cómo vives esa espiritualidad? Medito y hago yoga. Pero sobre todo a través del reiki, soy facilitadora de reiki y eso ha sido un camino superlindo para mí como compositora, porque en la búsqueda de la sanación, la vida se me ha mostrado muy distinta desde que empecé a cultivar mi relación con el cielo, por decirlo de alguna manera.

¿Por qué golpeaste las puertas del cielo? La ausencia de mi padre me causó un dolor fuerte. Se separaron cuando yo tenía 7 años y desde hace muchos años que nunca más vi a mi padre… soy guacha un poco, todo tiene sentido. Esa necesidad de ser feliz con lo que trae la vida me llevó a este camino.

O sea, detrás de ese power que irradias en el escenario hay una pena. Si no hay pena no hay felicidad. La pena es la oportunidad. Yo no compongo desde la felicidad, ¡qué terrible!, me condeno un poco al decir esto, pero creo que el dolor me hace vibrar de una manera muy especial, me conecta y en un 90 por ciento mis canciones salen de ahí. Pero en el nuevo disco hablamos del dolor como una posibilidad. Por eso el álbum se llama Fácil, por esa forma de ver la vida, de tratar de hacerla más fácil, o verla desde el lado bueno. Y por eso además es un disco más pop, que es más simple de digerir.

El arte sanador como el que predica Alejandro Jodorowsky… Exacto. En este proceso de sanación descubrí que mi fin no es la música, no es cantar, que es solo mi medio para ser un objeto de sanación para el resto. Descubrí que mi objetivo es sanar a otros, sin ser soberbia, sin creerme “la Mesías”. Con el reiki entendí que hay un espacio de comunicación con los maestros, con los ángeles, con el cielo, con el amor, porque creo que la vida es amor y nos quiere a todos felices.

La vida es un suspiro

Las nubes siguen amenazantes sobre Apoquindo. En la mesa de al lado un grupo de adolescenteschillan todas al mismo tiempo y observan sigilosamente a la vocalista de La Guacha, le miran los rulos de su pelo y a ratos enmudecen cuando ella larga una sentencia o hace algún chiste.

Mientras, Soledad cuenta que cuando cumplió -recientemente- los 30 años tuvo que asumir que ya no era una niña. “Ahora soy una mujer y tengo que hacerme cargo de mí. Es maravilloso el paso del tiempo porque es aprendizaje. El dolor y las caídas también, y gracias a eso hoy yo me siento una mujer la raja”.

¿No te atormenta el insoportable paso del tiempo? Hace unos días mi abuelo, que ha sido como mi padre, estaba pegado en la chimenea en una junta familiar. Y le pregunté en qué pensaba, y me dijo ‘en la vida, que es un suspiro’. No se dio ni cuenta cuándo pasó. Por eso hay que vivirla y disfrutarla ahora.

Pareces un alma vieja, vintage. Es que sin martirizarme ni victimizarme, he sufrido, y ese dolor me ha hecho buscar la redención y la sanación. Decidí enfrentar la vida desde el amor.

Gael García y el chanchito chino

Fuera de La Guacha, Soledad canta boleros junto al Trío Inspiración, agrupación con 53 años de trayectoria. “Mi voz está en el bolero y ahí me vibra hasta el pelo. En mi casa cantaban mis bisabuelos, mi mamá todavía, era mi destino y mi herencia”, asegura.

El bolero es parte de esta estética vintage y como muy Almodóvar que cultivas. ¡Ah! pero es que Almodóvar. Mi sueño es ser una chica Almodóvar, de niña… y lo voy a lograr, hay que decretarlo: “Pedro, si lees esta entrevista, llámame” (risas). Y me gustaría cantar un bolero en una de sus películas.

¿Influyó Almodóvar en la estética de La Guacha? Me reconozco en él. Adoro su estética recargada, femenina, sexi. Me gusta el lugar desde donde plantea a la mujer, desgarrada pero empoderada, así me siento, me identifica. Siento las vísceras en lo que hace. Me gusta su crudeza y su calidez al mismo tiempo. El humor, sus personajes, el mundo que sugiere. Todo. Pero siempre fui en esta línea estética de Almodóvar, y medio bipolar para la ropa, por ejemplo, de lo hippie a lo punk. Me gustan las chaquetas con historia, imaginar que otro las usó. Me encantan los tapices también, por ejemplo, y los muebles viejos por lo mismo, de hecho colecciono antigüedades. Me compré unos patines de dos hileras hace poco, por ejemplo. Es el gusto por el arte, por la belleza. La belleza con historia.

¿Y como chica Almodóvar te quedas con Antonio Banderas o Gael García? Con Gael da para pensarlo, pero en realidad con Pedro basta.

Hay varios que te verían en el cine, esos que alaban cada foto tuya en internet. Jajajá, mi seguridad física ha sido un proceso. Toda mi vida fui gorda, no era mórbida, pero como soy grande era ‘maceteadita’, pero la misma limpieza espiritual fue física también.

¿Cuál es el secreto para sanar las heridas? Mirando a los miedos de frente, dejando a la víctima de lado. Nadie va a ser feliz por ti. Buscar ayuda si no puedes solo. El reiki lo hizo en mí. Descubrí otra realidad. Cuando logras callar tu mente, que es muy difícil, la alcanzas, te rindes frente a lo que eres y decides ser feliz.

¿Tienes algún ritual para esa conexión? Tengo un altar con fotos de mi padre, al que le agradezco la vida y con el que estoy en paz. Y también tengo imágenes de mis seres queridos, de santos, de Neruda y la Virgen de Guadalupe y el chanchito chino para atraer la plata. Pido mucho. Hay que decretar el éxito y la felicidad y lo que uno quiere. Primero el pensamiento, luego la palabra y después la acción. Rezo y prendo velas, además. Soy una persona mística-amorosa.

Una última pregunta muy rosa: ¿cuál es el hombre que te mata? Me interesa un hombre con el que pueda conversar de cualquier cosa, porque siento que al final de los días cuando uno no pueda tener sexo ni pueda hacer paseos, ni caminar, ni nada, lo único que te va a quedar es una buena conversa, una palabra. Ese hombre existe y quién sabe dónde está.