Entrevistas

María Elena Sweet: “Recién estoy aprendiendo a ser madre”

La maternidad no la complicó en ningún momento, ni siquiera cuando las fantasías que tenía al respecto, como dar a luz sin anestesia, no se cumplieron. Al contrario, la actriz y protagonista de Socias, nueva telenovela nocturna de TVN, simplificó su vida de adentro hacia afuera. Botó cachureos materiales y mentales y se entregó a ser una ‘madre soltera’. Dice que ahora es una mujer más feliz y segura.

  • alejandra.villalobos

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1_340Santiago (10 meses) no quiere despegarse de la puerta de entrada de la casa. Es tercera vez que su mamá regresa y le da un beso, y él la mira con una carita triste, como si no la fuera a ver en años. “La mamá vuelve en un ratito más. Tiene que ir a trabajar, ¿ya?”, le dice en la cuarta y última despedida. “Se me parte el alma. Cómo no me va a dar pena dejarlo. Por eso prefiero irme cuando está durmiendo”, dice la actriz María Elena Swett (34) ya dentro del auto que la trasladará a la sesión de fotos de esta entrevista.
No quiere ser una madre aprensiva como lo fue la suya. Quiere que su hijo Santiago sea libre, que tenga oportunidades de aprender cosas nuevas, que estudie en el extranjero cuando sea grande, pero por ahora, cuando todavía es una guagua, siente que tiene permiso para malcriarlo un poco. “Soy del tipo de mamá que mete a la guagua a la cama. Me encanta dormir con él, y aunque trato de mantener sus horarios de comida, si quiere leche a otra hora, lo dejo… Lo voy a regalonear hasta donde pueda”, dice.

¿Tuviste las típicas aprensiones de las mamás primerizas? Cero. No le tenía miedo al parto ni cómo iba a cambiar mi vida. Ni siquiera me cuestioné si sería sano. Solo tenía certezas al respecto. No me di cuenta del trabajo que significaba traer un hijo al mundo hasta que tuve a Santiago. Me advirtieron, por ejemplo, que sería muy difícil volver a dormir, y así fue. Pero creo que eso es lo único que me complica, lo demás lo disfruto mucho. Me da lo mismo no tener espacios para mí, solo quiero tener tiempo para Santiago. Los primeros seis meses fueron los más intensos porque le di pecho a libre demanda, entonces estaba todo el día dando papa. Se me hizo agotador, pero era lo que yo deseaba.

¿Cómo llegaste a tomar esa decisión? Para mí era importantísimo el apego, sabía que cuando él cumpliera los seis meses yo iba a volver a trabajar. Por mi estilo de vida lo mejor que nos podía pasar era estar pegados esos primeros meses. Día y noche. Cuando se acercaba la fecha de regresar al trabajo comencé a despegarme para que el cambio no fuera tan brusco.

¿Y quién se adaptó primero? ¿Tú o él? Fue más difícil para mí. Pues mi instinto me decía que nosotros no estábamos para estar separados.

En ese sentido, ¿te ayudó vivir fuera de Chile? Cuando me fui a Estados Unidos lo hice, principalmente, porque quería que estuviéramos juntos como familia. Mi plan inicial era volver y tener a mi hijo acá, pero viviendo allá tomé la decisión de quedarme en Nueva York; cuando estábamos ahí decidimos instalarnos en Minnesota. ¡Faltaba un mes para que naciera mi guagua y no tenía nada! Hice todo a última hora. Por mi personalidad yo habría tenido todo listo cuatro meses antes.

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Tienes fama de perfeccionista, entonces esa falta de preparación no calza. Desde el embarazo en adelante he
tomado muchas decisiones instintivas. En el momento de quedar esperando a Santiago mis prioridades cambiaron, y más que el lugar físico me importaba que estuviéramos juntos mamá, papá e hijo.

¿Estabas buscando quedar embarazada? No fue programado, pero sí elegido. Decisiones como esta las medité por años, pero las tomé de golpe, en un año.

¿Vas a mantener esa dinámica de ‘dejarlo al destino’? Que la vida me haya dado esta sorpresa no significa que ahora sea así en todo. Creo que mi historia de amor con John ( Bowe) se dio principalmente porque debía tener este hijo con él.

¿Te gustaría tener más hijos? Si me preguntas ahora, no. Estoy totalmente consumida y satisfecha con Santiago. No veo por ninguna parte la posibilidad de subirme al carro con otro hijo, recién estoy aprendiendo a ser madre.

Estás viviendo ‘el momento’. Totalmente.

¿En qué situación estás con el padre de tu hijo? Somos padres solteros, cada uno vive en su país y Santiago vive aquí, conmigo. La tecnología y los aviones nos arreglan la vida.

¿No están juntos como pareja? No, solo como padres.

¿Fue muy difícil la separación? Nunca me la imaginé. No sé si tenía una visión tradicional porque esto nunca partió así, pero como te decía antes aposté por irme a otro país para que estuviéramos juntos, pero no resultó.

¿Te decepcionó? Sí, en su minuto, pero me duró menos que un suspiro. Estoy tan plena con mi hijo que no alcancé a sufrir. Lo he hablado con varias mamás y sobreponerse a un quiebre cuando tienes guagua es muy diferente. No tienes tiempo ni ganas de darles mucha vuelta a los problemas. Me lo tomé de este modo: yo y mi hijo vamos en un tren por la felicidad, y el que se sube, se sube.

¿Te ves pololeando o nuevamente en pareja? No es que me quiera convertir en una monja, pero no está en mis planes. Creo que cuando pase, será natural, pero ahora no lo estoy buscando.

¿Qué lecciones sacaste de la separación de Felipe Braun? Creo que lo más importante es que me di cuenta de que mientras uno más esconde algo más valor toma. Aunque sea tu vida privada si no dices nada, tu respuesta toma un valor y la hace más codiciada.

¿Aplicaste esa lección cuando volviste de Estados Unidos? Sí. Yo podría haber dicho: ‘No, está todo bien’, pero preferí decir la verdad y contarlo con naturalidad. Y me resultó. Tarde o temprano se iban a enterar igual, pero que yo lo dijera antes le quitaba expectación. Cuando no hay nada que esconder, uno no es noticia.

¿Cuando tu vida privada fue noticia, fue complicado? Fue cansador y difícil de manejar. Puedes tener las mejores intenciones, pero se te va de las manos. Ahora me quiero tomar la vida con Andina, no tengo ganas ni tiempo para esas cosas. Y la misma política la quiero aplicar con mi hijo. No va a existir la portada que diga: ‘María Elena Swett presenta a su hijo’, pero si nos sacan una foto, no arrancaré. No hay nada que mostrar ni nada que esconder.

Los propósitos que nunca se cumplieron

2_340Aunque la vida le había ‘demostrado’ que en este embarazo los planes no se cumplían, la actriz preparó el parto según sus condiciones. La locación era el frío estado de Minnesota y entre los invitados estaba una dula (mujer que acompaña a la embarazada durante el parto) que guiaría el proceso junto a un médico que la actriz había visto solo en un par de oportunidades, por falta de tiempo. Entre sus propósitos y los del padre de su hijo estaban que el parto fuera natural; que pusieran a Santiago junto a ella antes de cortarle el cordón umbilical y, el más importante y que ella no le había contado a nadie, que el parto fuera sin anestesia. “Nada salió como lo había planeado. Lo único que resultó fue que Santiago venía sano”, cuenta. Fueron 36 horas de trabajo de parto que terminaron en una cesárea de emergencia. “Al final me pusieron e hicieron de todo, aunque lo único que yo quería era tener un parto natural y sin anestesia”, dice.

 

¿Te arrepentiste de no haber estado con nadie de tu familia en ese momento? ¡Por supuesto! Recién ahí me di cuenta de lo importante que es tener una mamá al lado. El papá puede ayudar, pero no es lo mismo.

¿Cómo ha cambiado la relación con tu mamá después del nacimiento de Santiago? Para bien. Muchos de los desacuerdos que teníamos, cicatrizaron. Lo que más necesitas cuando eres mamá es a tu mamá.

Si lo hubieras sabido antes, ¿le hubieras pedido que te acompañara? ¡De todas maneras! Si pudiera retroceder el tiempo, y a pesar de lo mal que lo pasé, no habría cambiado nada de mi parto, solo hubiera pedido a mi mamá. Ahora estamos full conectadas, tenemos mucha química, entendimiento y contención.

Libertad y relajo

Cuando salía a correr por las calles de Nueva York, en short y polera y con 25 kilos extras, lo hacía con relajo y con una
libertad que nunca había sentido. Andar ‘al lote’ ya no era tema en su nueva vida, aunque a veces se le pasó por la cabeza que algún compatriota la reconociera en la calle y le gritara “¡Buena, Mane! ¡Buena, Machos!”, como lo hacen en Chile. Si la identificaban, le daba lo mismo. “Viví mi embarazo con mucha libertad y eso me relajó”, recuerda.

“Sentí mucha libertad también para comer. Cuando recién me embaracé el doctor me decía que no podía seguir subiendo tres kilos por mes, pero creo que mi cuerpo necesitaba subir de peso para tener a esta guagua. Yo estaba muy flaca y debilucha en esa época, trabajaba mucho. Y por eso en los primeros meses me pegué esta subida ruda, sin ni siquiera comer mucho más. Pero desde el cuarto mes la responsable fui yo. Me comí todo Nueva York”, admite con humor.

¿Con qué te tentabas? Todas las cosas dulces y la comida thai. Me bajó un hambre voraz y la aproveché al máximo. Nunca había sentido tanto placer de comer. Siempre me he dado mis gustos, pero no como tanto. Igual 25 kilos fueron demasiado. ¡Son como tres guaguas! Pensaba que Santiago iba a ser gigante, pero no: pesó 3 kilos y medio… La gorda era yo.

Pero los bajaste rápido. Sí y muy naturalmente. Como estuve dando pecho a libre demanda fue bien fácil. Han pasado nueve meses, ya estoy en mi peso y no tuve que seguir ningún programa estricto.

¿Tú relación con la vanidad también ha cambiado? Muchísimo; yo diría que pasó a un décimo lugar, y por una parte es bien agradable y liberador. Una, en verdad, se vuelve mejor mina siendo mamá, porque el piso no te hace trastabillar por las inseguridades físicas. Incluso te pone más bonita sin hacer nada.

¿Las compras de ropa pasaron a segundo plano? Me quedé con lo que tengo y considero que lo que hay es precioso. Me di cuenta de que no necesito nada; si tengo un rato lo ocupo para estar con mi hijo, y las cosas que me entusiasma comprar son para él. Yo era supercachurera; me gustaba coleccionar de todo, desde llaves hasta cucharas. Era una recolectora compulsiva, pero cuando quedé embarazada descubrí que no necesitaba cosas; necesitaba espacio. Lo que no boté en diez años, lo boté en un fin de semana.

¿Simplificaste tus rutinas de belleza? Sí. Todo tiene que ser rápido. Antes era muy lenta; cero posibilidad de estar lista en 15 minutos. Ahora salgo como me pille… si alcanzo a cepillarme de dientes y a ponerme máscara de pestañas, me siento como ‘¡guau!, ¡qué mina estoy!’. Lo bueno es que dejar eso de lado no es un estrés, es un descanso.

¿Qué más dejaste de lado? Dejé de preocuparme de cómo estoy, ahora solo soy. Antes era más insegura, siempre estaba preparada para todo… ¿Cómo sería ir a un lugar? ¿Cómo serían las conversaciones que iba a tener? Lo mismo en mi trabajo. A veces estaba tan preparada que me faltaba espontaneidad.

¿Eso te hace mejor actriz? Sí. Mejor actriz, mejor mujer y mejor persona.