Belleza

Trenzas ancestrales

El peinado es una forma de expresión de la belleza humana. Tanto en la prehistoria como en la antigüedad, individuos de distintas civilizaciones arreglaban sus cabellos y los estilos variaban según la raza, la religión y la clase social de hombres y mujeres. Uno de los más recurrentes era el trenzado, el que cada cultura adecuó a sus propias reglas, modas y creencias. Estos cinco looks recorren hitos en la historia de este peinado con una reinterpretación moderna de sus versiones originales.

  • Valentina Ossa

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Por: Janet Barra O. Fotos: Alfonsina Riffo Producción: María Eugenia IbarraPelo: Gonzalo Leonidas y Valentina Piccolini Maquillaje: Pati Calfio

El ‘cornrow’ moderno


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Las trenzas africanas, conocidas en inglés simplemente como ‘cornrow’, se volvieron un peinado de moda a partir de los años 70. Una de sus precursoras fue la actriz Cicely Tyson y el cantante Stevie Wonder, quien las usó desde la década de los 80. Los inmigrantes africanos que llegaron a Estados Unidos también las popularizaron y las transformaron en un símbolo característico de los adherentes al hip-hop.

Dos trenzas


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Durante el siglo XI las mujeres apelaban a la sencillez en sus peinados: separaban su melena en dos largas trenzas que dejaban los oídos descubiertos y caían hasta sus rodillas. Cada lazo se complementaba con cintas y plumas, se cubrían con un velo y una peineta llamada ‘freiseau’. Este look describe la estética de Arlette de Falaise, la madre de Guillermo el Conquistador, duque de Normandía y Rey de Inglaterra. El uso de la peineta erradicó el trenzado y el moño grandilocuente dominó la peluquería durante el siglo XII. En América del Norte, hombres y mujeres de diferentes tribus indígenas lucían sus cabellos tejidos hacia los lados. Entre estas etnias se destacan los navajos, pieganos, osages y kutenais, entre otras. Una de las embajadoras de este look fue Sacagawea, una joven del pueblo shoshón, quien a los 15 años colaboró en la expedición de Lewis y Clark, guiando a los exploradores desde Saint Louis hasta la costa del Pacífico.

Estilo grecorromano


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Durante el siglo V a.C., el cabello de las helénicas luce como el de sus diosas: largo, rizado y con trenzas. Su cuidado era esencial, como lo consagran los testimonios de Apuleyo y Ovidio en el libro El Arte de Amar. Antes de las Guerras Médicas se utilizaban unos peinados que asemejaban una corona de cabellos entrelazados muy pegada al rostro, como lo luce la escultura de la Venus de Milo. En Roma, los estilismos son impuestos por las emperatrices y las cortesanas: los cabellos con una partidura al medio, ondulado y con trenzas. Estas últimas se usaban enrolladas como un cintillo o hacia los lados con trencitas delgadas y numerosas. Uno de los peinados más importantes es el impuesto por Julia Flavia, la hija única del emperador Tito, con una parte frontal ensortijada y en la espalda una coleta de trenzas convertida en un gran moño.

Las primeras trencitas


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La trenza se define como un conjunto de dos o más hebras de cabello que se cruzan alternadamente y forman un peinado que se remonta a tiempos prehistóricos. Uno de los vestigios más antiguos es una roca tallada con el dibujo de una mujer de cabellera trenzada que data del año 3.500 a.C. Otra reliquia es una escultura hecha en arcilla del año 500 a.C., perteneciente a la cultura nigeriana Nok, con una cabeza con numerosas trenzas africanas ordenadas geométricamente. Este estilismo precede al que conocemos hoy como ‘cornrow’, que se relaciona con la historia de los afroamericanos y que se transformó en una tradición adoptada para ejercer cómodamente algunos trabajos al aire libre.

El estilo celta


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Para las tribus célticas del norte de Europa, cuya actividad política y social data del siglo IV a.C., el cabello largo era una señal de estimación y respeto. Por el contrario, el corto indicaba pertenencia a la servidumbre o que aquella persona había caído en desgracia. La mujer celta disfrutaba de plenos derechos y podía convertirse en jefa de familia, reina, profetisa, guerrera, maga o educadora, y la manera más aceptada de lucir su melena era suelta o con trenzas. En ocasiones las peinaban con nudos más complejos, enlazados con varias hebras y adornadas con diversos accesorios.