Hombres

ílvaro Gómez

Admite que tuvo que vencer muchos pudores antes de interpretar a un vedetto en Las Vega's, la telenovela nocturna de Canal 13. Para preparar su personaje tuvo que ir al gimnasio, tomar clases de caño y baile y hacer una dieta bien estricta.

  • Revista Mujer

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Foto: Marcela González

“Yo hago deportes, pero nunca había ido a un gimnasio, porque los encuentro muy aburridos. Pero me tuve que acostumbrar a ir a uno. Entrenábamos entre tres y cuatro veces a la semana, trabajábamos con un personal trainer, me lesioné con las pesas por la sobrecarga y tuve que lidiar con una tendinitis en el brazo. Fue un proceso bien exigente, porque además del acondicionamiento físico teníamos clases de caño y baile con Christian Ocaranza”. 

“La dieta estaba cargada al pescado, al pollo y a las  ensaladas. Tuve que bajar la ingesta de arroz, masas y pan, pero lo que más me costó fue dejar los dulces, porque soy muy goloso: cuando veo una película me como un Sahne-Nuss entero, y cada vez que voy al cine me compro el paquete de cabritas más grande. Reconozco que no pude dejar los dulces en esa etapa”.

Al principio ensayábamos dos veces, pero después, cuando todo se volvió más natural, solo ensayábamos 1 hora y media para armar las coreografías del día siguiente. Me llevaba los pasos grabados en el celular y los repasaba mentalmente en mi casa”.

“Nunca había estado en clases de baile. Tuve un acercamiento breve a la danza contemporánea cuando estaba en la escuela de teatro y la profesora de danza, Marcela Escobar, me invitó a trabajar en su compañía. Pero era algo más gestual, nada que ver con lo que aprendí ahora. No me considero un bailarín, pero quedé muy contento con lo que logré en Las Vega’s”.

“La primera vez que me tocó bailar en Las Vega’s personifiqué a Rambo. Estaba extremadamente nervioso, con mucho pudor, porque sabía en qué iba a terminar la escena: me enfrentaba en calzoncillos a 60 mujeres. Cuando se abrieron las cortinas me di cuenta de que cuando sales al escenario y escuchas los gritos se hace más fácil porque se genera un feedback. Pasaron 30 segundos y ya me consideraba un vedetto”.

“Los cuatro actores (Cristián Campos, Cristián Arriagada y Mario Horton) tuvimos que depilarnos todo el cuerpo. La primera vez me citó una señora a las 8 de la noche, para que no hubiera nadie. Me puso cera, empezó a tirar y grité como un caballo. Y  pensaba: ‘Esto es lo que siempre aguantan las mujeres’”.

“Es inevitable observar cómo van cambiando los cuerpos. En el camarín empezaron los comentarios: ‘Oye, estás más marcado, Tito’, y uno decía: ‘¡Ya! ¡Para, hueón, para!’. Nos teníamos que aplicar autobronceante, vaselina y crema para que el cuerpo brillara. Fue muy especial, porque empezamos a reconocer muchos ritos femeninos”.