Moda

Crisis europea: Entre el exceso y la austeridad

En un momento en que Europa sufre una de las peores crisis económicas de su historia moderna, la moda -como es su tónica- hace eclécticos ecos. Su respuesta se pasea entre la ostentación del barroco y la sobriedad del minimalismo, aunque con un denominador común: encontrar inspiración creativa en los obstáculos y ofrecer una atractiva ví­a de escape para sortear el mal tiempo.

  • Revista Mujer

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Fotos: Agencias

La palabra recesión se ha vuelto más común de lo que muchos quisieran. Déficit financieros, desempleo, protestas y paros se suceden en la que se perfila como una de las depresiones económicas más agudas del último tiempo en Europa, sobre todo en España. La moda, en su particular lenguaje, también se suma a esta crisis sectorial. Una industria que muchos califican como superficial y dispensable, pero que desde las pasarelas da luces de optimismo a un escenario en el que priman la desconfianza y la preocupación.

“Desde que existe, el vestuario ha sido un reflejo del contexto social. Es su esencia y también una de sus funciones. Por eso es lógico, y también un deber, que los diseñadores de moda incorporen la realidad social en la creación de sus colecciones, en este caso la crisis económica”, explica Karina Vukovic, docente de la carrera de Diseño de la Universidad Diego Portales. Y agrega: “Esta repercusión se puede dar desde lo lógico, como es el minimalismo y la elección de tonos sobrios y cortes simples -adoptado también durante la I y II guerras mundiales- o desde lo opuesto, como lo grafica bien el exceso del barroco o el uso de tonos encendidos”.

Aquí no hay respuestas correctas o equivocadas. Todo vale, siempre y cuando el mensaje incorpore la actualidad y el sentir colectivo. “El diseñador, como un comunicador social, puede contar la crisis desde lo complejo o desde lo austero, eso depende del compromiso o ideología que maneje. Lo importante es que lo haga”, afirma Jorge Moragues, profesor de Diseño de Indumentaria y Textil de la Universidad de Buenos Aires.

Los grandes creativos de la moda han hecho caso; a su modo y con el sello de las casas de moda para las que firman han creado colecciones que se enfilan con la crisis o que dan un paso al costado de ella, pero jamás obviándola. Así, mientras en algunas oficinas se debate sobre políticas monetarias para combatir el déficit financiero, en otras, con la misma seriedad, se discute sobre la disyuntiva eterna entre el menos y el más a la hora de vestir.

Fastuosidad barroca vs. sobriedad minimal

Acá los polos opuestos no se atraen, pero sí se complementan en tendencias de temporada que dan para todos los gustos. Las pasarelas internacionales otoño-invierno 2013-2014 -que rigen en el hemisferio sur el próximo año- fueron el escenario de dos grandes respuestas a la crisis europea a través del vestuario: el barroco y el minimalismo. Vertientes artísticas que coexisten desde hace siglos a partir de los conflictos religiosos de la contrarreforma, cuando la grandiosidad del catolicismo se enfrentaba con el clasicismo y la sobriedad protestante.  

A la sombra de la actual escena económica brillaron los destellos de la corriente barroca. En los shows de Dolce & Gabbana, Balmain y Alexander McQueen, los brocados, terciopelos y el lujoso dúo que forman el negro y el dorado cerraron la puerta en la cara a la austeridad. Sin términos medios, estas firmas derrrocharon exceso sobre la pasarela, ofreciendo un espectáculo digno del siglo XVII.

“El barroco, que le canta a lo ostentoso, es una de las respuestas formales a las crisis a lo largo de la historia. En este caso es la contrarrespuesta a la recesión, es una forma de olvidarse de ella y llevar al público a un escenario más optimista a través de una propuesta más excéntrica”, afirma Karina Vukovic. Teoría que apoya la consultora de moda Laura Novik: “La excentricidad nunca abandona al ser humano, es una tabla de salvación. Es la prueba de que hay esperanza, sobre todo en un escenario como el actual”. 

Pero así como algunos decidieron interpretar la crisis desde el opuesto, otros lo hicieron desde lo cercano, adoptando líneas minimalistas y una paleta cromática sobria en la creación de sus colecciones. Christian Dior optó por la sencillez, pero sin sacrificar una gota de femineidad, mientras que Chloé conjugó el minimalismo con prendas urbanas y prácticas.

Crisis con ‘K’

A pesar de que la palabra crisis se asocia automáticamente con algo negativo, su origen se remite al griego ‘krisis’, que significa separar o decidir. Bajo esa definición, este menospreciado término se presenta como un desafío y una oportunidad de cambio, que abordados con inteligencia pueden brindar resultados muy positivos, sobre todo en una polifacética industria como la moda.

“Desde lo obvio o desde lo opuesto, los diseñadores deben utilizar esta remoción social como un catalizador creativo que los lleve a desarrollar colecciones consecuentes con el contexto en el que fueron pensadas. El vestuario tiene que hablar del entorno del sujeto y los grandes de la moda deben asumir esa responsabilidad”, enfatiza Karina Vukovic.

Con un adverso telón de fondo del que ninguna marca puede escapar, las tendencias tienen todo -y nada- en común. “En las diferentes colecciones de otoño-invierno, lo que vemos son los dos rostros de la crisis. El negativo, con la pérdida de ganancias, y el desempleo, y el positivo, que estimula la creatividad”, dijo a la BBC Kelly Talamas, editora de Vogue México y Latinoamérica. 

“Las crisis suponen desafíos, y si hay algo que tiene Europa es una cantera de diseño increíble, con sus escuelas técnicas de primera categoría, un nivel cultural altísimo y gran diversidad étnica y, por ende, cultural. Los recursos están, ahora es el momento de dar el ‘cachetazo’. La moda de este cambio todavía está en nuestro imaginario y saldrá de todos los rincones del planeta, pero no de la industria, sino que, como siempre, del arte”, concluye Novik.

La prueba está a la vista. Como una ventana de escape que permite soñar con lo fastuoso o como la forma más trendy de alinearse con la austeridad, la moda es capaz de volver en positivo la recesión, o al menos parte de ella. Y aunque las teorías que postulan una hiperfeminización durante los colapsos económicos son siempre cuestionables, lo seguro es que las crisis son una rica fuente inspiradora en el universo de la moda.