Moda

El poder de un traje

El devenir del vestuario femenino representa en varios aspectos los éxitos culturales y sociales vividos por las mujeres durante los dos últimos siglos. La chaqueta, la minifalda y el pantalón abrieron el paso a una revolución que se consolidó con la creación del esmoquin y con su descendiente más directo: el ?power suit? de la década de los 80. Un atuendo de tres piezas (pantalón, chaqueta y camisa) que se ha transformado en un sí­mbolo de poder y autoridad. El mismo que año a año se reinventa, y que para esta temporada otoño-invierno se presenta con estampados y en telas metalizadas.

  • Revista Mujer

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Los libros sobre historia de la moda dicen que Paul Poiret fue el diseñador que nos liberó del corsé. Que Gabriel “Coco” Chanel simplificó nuestra indumentaria con el traje de dos piezas, pero quien realmente nos dio el poder fue Yves Saint Laurent. El esmoquin femenino es una de sus grandes creaciones. Un atuendo que tomó prestado de la sastrería masculina, adaptó a la figura femenina y que irrumpió en momentos en que la mujer alcanzaba triunfos sociales, culturales y políticos en la década de los 60. Pero el camino a la aceptación de una mujer vestida con ropa varonil fue más bien complejo.
Osadas, escandalosas, atrevidas. Así se les consideró a aquellas mujeres que a principios del siglo XX se arriesgaron a usar un pantalón de vestir fuera de sus casas. Eso hasta que llegó la Primera Guerra Mundial, hecho que cambió el paradigma social. Para el año 1914 las mujeres asumieron tareas propias de los hombres, quienes debieron acudir a la guerra, y gracias a ello cambiaron los vestidos y faldas por overoles y pantalones. Con el término de la guerra, los límites de ‘lo permitido’ se extendieron. Las jóvenes se vestían como muchachos bajo un estilo denominado garçonne, tal como lo describió Victor Marguerite en su novela La Garçonne (1922). Quienes se sumaron a esta particular manera de vestir usaban camisa, pantalón y corbata y, de paso, asumieron una actitud contestataria acorde a las demandas por la igualdad de derechos en el terreno social y político. La más atrevida fue la actriz Marlene Dietrich, quien vistió un esmoquin de hombre en la película Morocco (1930), y que por llevar pantalón en el día a día, el alcalde de París le pidió abandonar la ciudad. La Segunda Guerra Mundial cambió el orden imperante y repercutió fuertemente en la moda, industria que recién para el año 1947 salió de la crisis gracias a Christian Dior y su New Look, un estilismo que planteaba el regreso de la silueta femenina clásica con hombros redondeados, cintura de avispa y faldas con volumen.

Un atuendo poderoso

Un día de abril del año 1966, el joven diseñador Yves Saint Laurent introdujo el esmoquin femenino en su colección otoño-invierno de alta costura llamada Pop Art. Se trató de un traje de dos piezas con chaqueta de tres botones, una blusa de seda, un pañuelo atado al cuello y un pantalón hasta la cintura con una franja de satín. “Lo más fácil, pero más excitante para usar durante la noche es conocido como ‘Le Smoking’. Fue creado en París, donde es bien conocido”, escribió ese mismo año la crítica de moda Eugenia Sheppard en el diario The Washington Post. “Para su tiempo, el esmoquin de YSL fue radical. Por entonces a las mujeres recién se les permitía usar pantalones: muchos de los lugares de trabajo e incluso algunos restaurantes requerían que la mujer usara faldas o vestidos”, cuenta Sharon Graubard, vicepresidente y directora del área de moda de la consultora internacional de tendencias Stylesight.
El tuxedo llegó al prêt-à-porter también de la mano de YSL luego que el año 1966 abriera su primera tienda. Para los años siguientes, ‘el genio de la moda’ reinventó su creación  y presentó un esmoquin que evocaba a los gánsters con un pantalón de líneas de pierna ancha, con gillete, pañuelo y sombrero fedora. Luego cambió la chaqueta por una de estilo torero con pasamanería y reemplazó el pantalón por una bermuda y una falda sastre a la cintura. En los años 70, la popularidad del esmoquin fue tal que la modelo nicaragüense Bianca Pérez Morena vistió uno en color blanco invierno para su matrimonio con Mick Jagger, el vocalista de los Rolling Stones. En el libro Moda, el Siglo de los Diseñadores (2000), la escritora Charlotte Seeling describe el espíritu creativo del diseñador argelino durante esa época: “El joven Saint Laurent no solo deseaba respetar la naturaleza de la mujer. Quería situarla en el centro vital de los anárquicos y turbulentos años sesenta”.
En el año 2006 se cumplieron 40 años de la creación de este atuendo y se celebró con la exposición llamada Smoking Forever en la 5 Avenue Marceau, ubicación de una de las tiendas emblemáticas de YSL. En aquella ocasión la actriz Catherine Denueve, la eterna musa del diseñador, le contó a la crítica de moda de The New York Times, Suzy Menkes, cómo fue su experiencia con este atuendo: “Lo que tiene el ‘tuxedo’ es que es viril y femenino al mismo tiempo. No recuerdo cuál fue el primero que tuve -creo que fue el año 1980 cuando me tomaron una foto- tenía doble solapa y era muy serio. Realmente te hace sentir diferente como mujer, cambia la actitud”. Ese gesto lo retrató Helmut Newton para una producción de revista Vogue Francia el año 1975, cuando fotografió a la modelo Videke Kjundsen en una calle de París con un modelo original de YSL: ella llevaba el pelo engominado, la mano en el bolsillo del pantalón y un cigarro. Esa imagen se convirtió en un ícono en el mundo fashion. “Para una mujer, el esmoquin es un atuendo indispensable. Se trata de un estilo, y no de lo que está en boga simplemente. La moda viene y va, pero el estilo es para siempre”, escribió el mismo YSL en el catálogo de Smoking Forever.
A principios de los años 80, el poder femenino volvió a ser un tema recurrente gracias a un hecho político: en 1979 Margaret Thatcher se transformó en la Primer Ministro de Gran Bretaña. La igualdad de sexos era, nuevamente, un tema de atención internacional. Con este ambiente se popularizó el concepto del ‘power dressing’ que vinculó a la moda con el fenómeno social de las mujeres que por entonces alcanzaron cargos de poder en el mundo de los negocios. Los diseñadores Giorgio Armani, Thierry Mugler, Donna Karan y Claude Montana resucitaron el clásico traje de chaqueta y pantalón, pero la atención ahora estaba en las hombreras y en una silueta femenina transformada en un triángulo invertido.

Un clásico reinventado

En Chile, el traje sastre dicta las reglas para la vestimenta de la mujer trabajadora. Un fenómeno que para algunos es un tanto negativo, como para Magdalena  Elton, asesora de imagen y socia de la empresa chilena Versátima. “El problema es que se ha ido masificando en uniformes y en códigos de vestuario para empresas, entonces como que ha perdido toda su gracia. Se asocia a algo aburrido por los colores neutros, y en ese sentido produce un poco de rechazo”. Y agrega: “Lo que hay que rescatar es su esencia, y que abarca muchas tendencias porque en un momento puede estar de moda el pantalón ancho o las chaquetas más largas, con o sin hombreras. Eso hace que sea femenino, y que cada mujer lo pueda adaptar”.
Para el otoño-invierno 2012, Miuccia Prada lo reivindicó en estampados psicodélicos en sus propuestas para la marca juvenil Miu Miu y para Prada. Desde Nueva York, Prabal Gurung y Derek Lam optaron por distintos coloridos y estampados. Marc Jacobs lo mostró con aires setenteros en la pasarela de Louis Vuitton en París. Hedi Slimane, que debutó el primero de octubre de 2012 en la dirección de la casa de modas Saint Laurent, centró en este atuendo su apuesta para la primavera 2013. En un ambiente gótico y rockero, Slimane presentó vestidos y faldas largas de chifón, blusas con lazos y tuxedos que rescatan los elementos clásicos del original, incluso el gillete. Para esta misma temporada, otros diseñadores refrescaron la imagen de este traje como Stella McCartney, Lanvin, Mary Katrantzou, Calvin Klein y Balmain.
    

Los códigos del esmoquin

El estilo ‘black tie’ femenino, que se refiere a ir de etiqueta, es el mismo de la sastrería masculina pero con códigos propios adaptados al cuerpo de la mujer. “El modelo original reflejó una silueta de su tiempo. Contempla una chaqueta entallada cruzada y con solapa, y un pantalón recto. Fue confeccionado en una lana conocida como ‘grain de poudre’ negra, tela que YSL sigue utilizando para sus trajes. Algunos de los ‘tuxedo’ tienen solapas enfrentadas y una franja negra en el costado de los pantalones”, afirma vía correo electrónico Sharon Graubard, de la consultora de tendencias Stylesight. “También se puede realizar en telas como satín, crepé, seda, metalizadas o con brillos. Debe ser una tela que se ajuste bien”, acota.
Este atuendo es reinventado año a año, pero para ser considerado un esmoquin debe responder a ciertas claves en su confección. Karina Vukovic, gestora cultural y profesora de la carrera de Diseño de la Universidad Diego Portales, enumera estos requisitos: “Debe ser una chaqueta con hombros prominentes para construir así una espalda importante. No se le puede quitar la solapa al blazer. Luego debe estar la blusa o la camisa, y el pantalón a la cintura. Algunos diseñadores han exagerado con el ruedo del pantalón y los han hecho del estilo pata de elefante, otros lo han hecho como pitillo o lo han transformado en bermuda, pero siempre con el talle a la cintura. Esos son los códigos mínimos de este traje”. El gillete, la corbata, la humita, el pañuelo o el sombrero de paño no son necesarios, pero potencian el look masculino. Las modificaciones pueden ser infinitas, tal como las demostró Yves Saint Laurent, antes de su retiro el año 2002, en la colección de alta costura para esa primavera. Presentó más de 270 looks que repasaron toda su historia, y el tuxedo se vio en chaquetas de dos, tres y cuatro botones, con pantalones y faldas, en telas brillantes y opacas. Años más tarde, bajo la dirección creativa de Stefano Pilati, el esmoquin de Saint Laurent se modernizó con una estética que el  diseñador llamó ‘elegancia posminimalista’.