Columnas

Lo que tu hijo ve cuando navega

Semana del 17 de febrero de 2013.

  • Revista Mujer

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Yo siempre digo que no tiene nada de malo estimular la vida sexual con lo que llaman películas triple equis. Incluso lo encuentro recomendable para levantar el erotismo conyugal adormilado con la rutina y el cansancio. También digo que no todo el porno resulta excitante y hay veces en que puede incluso asquear o escandalizar. Y no es difícil toparse con material de ese tipo a través de internet.

Por supuesto, este no es un tratado moralista al respecto. Por mí, que cada quien haga lo que más le encienda el placer, siempre que la otra persona esté de acuerdo, lógico, y partiendo de la base de que hablamos de gente adulta. Y para allá voy, porque el tema de los niños y su exposición indiscriminada a la red debería preocuparnos de verdad.

¿Sabía usted que muchos niños y niñas descubren la pornografía accidentalmente, al rastrear páginas sobre su cantante favorito o sobre la muñeca Barbie o a través del mismísimo Facebook?

¿Sabía que la edad promedio de quienes tropiezan con páginas manipuladas por depravados sexuales es 11 años? ¿Tiene conciencia de que la forma en que sus niños descubrirán el sexo está a años luz de lo que fue su propia experiencia? ¿Y de qué manera podría afectar su sexualidad esta concepción tan cruda y burda de lo erótico?

Tengo amigas madres de preadolescentes, o mejor dicho, madres de niños de 11 y 12 años. Y están preocupadas. El historial de sus computadores domésticos las llevó a páginas hard core, que es lo mismo que decir sexo explícito con todas sus variantes imaginables. Sí, eso que usted imagina. Y aquello también. Todo lo vieron sus angelitos curiosos y ansiosos por crecer. Y una escucha los relatos angustiosos y piensa que es terrible, que la infancia hay que protegerla, que habría que conseguir todos los filtros del mundo para bloquear esos contenidos de su alcance. Pero mis amigas dicen que los filtros no funcionan, lo cual tampoco es significativo si consideramos que computadores hay en todas partes.

¿Qué es lo importante en este tema? Lo importante es cómo los niños aprehenden el sexo. Al menos así lo veo yo. Tu primera vez marca para siempre la relación que estableces con tu propia sexualidad. Pero antes de ese momento está la forma en que recibes la información. A mí me mostraron un librito que parte con las flores y la polinización, luego sigue con los animales y finalmente llega a mamá y papá, quienes deben “apretarse fuerte para que la semilla entre en el óvulo”. Nadie mencionó algo llamado erección u orgasmo, por lo que mi ignorancia se mantuvo intacta hasta que al fin me tocó vivirlo. Ese es el otro extremo. Tuve suerte de no ser una adolescente embarazada.

De ahí al púber que con escasísima información se enfrenta a videos sórdidos hay una galaxia de diferencia. Puede que comprenda cómo es la mecánica (de hecho la ha visto en primer plano), pero sin duda su intelecto no está preparado para asimilar ese océano de posibilidades. Al menos no de la forma correcta.

Es cosa de hacer el ejercicio de observar desde fuera. ¿Qué les dice la pornografía a nuestros hijos? Que los hombres utilizan a las mujeres para saciar su placer. Que éstas son sumisas y condescendientes. Que los hombres solo son deseables si tienen dimensiones extralarge. Que el condón no se usa. Que el embarazo no existe. El sida tampoco. Y eso sin entrar en el siempre accesible y oscuro mundo de las perversiones.

Así las cosas, no va quedando otra que aplicar la comunicación franca y directa desde que el niño es niño y no cuando ya ha visto el porno más escandaloso. Y, ya sabemos, de nada sirve castigar o prohibir. O dejar la labor en manos del colegio. Hay que hablar de sexo con los hijos. Hay que decir: el sexo es algo bueno. Es bello. Debe ser respetuoso y sagrado. Debe ser protegido. Y, en lo posible, debe hacerse con amor.