Moda

Pasarela encantada

Como siempre, la semana de la moda Haute Couture de Parí­s cautivó con la majestuosidad de sus diseños. Un escenario inequí­voco que da cátedra de una costura impecable y un desbordante imaginario creativo. Durante su edición primavera-verano 2013 brilló la fantasí­a más mí­tica: hadas, ninfas, princesas y bosques encantados recordaron que la moda es la oportunidad perfecta para soñar despiertos.

  • Revista Mujer

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Fotos: Agencias

Christian Dior


Para su segunda aparición en la semana de la Alta Costura, Raf Simons creó su propio País de las Maravillas y reinventó en versiones muy modernas el look naíf de Alicia. Entre frondosos arbustos, las modelos fueron aparecieron con diseños de línea A y terminación irregular (al estilo Tinkerbell) y otros de corte globo, ambos con escote palabra de honor. La carta de colores fue suave, aunque con algunos exabruptos en amarillo y naranjo encargados de dar ritmo a la pasarela. A pesar de que estuvieron presentes el clásico tuxedo y el dúo de chaqueta-pantalón capri, los vestidos de silueta ‘new look’ fueron el hilo conductor de la colección. Sobre ellos, el tull, las flores bordadas y estampadas, y los accesorios de inspiración romántica como guantes y velos, consagraron la mágica primavera de Dior.

Valentino


Maria Grazia Chiuri y Pier Paolo Piccioli, los diseñadores de la maison, se han alejado poco a poco de la elegancia clásica que impuso Garavani a la marca, con una propuesta mágica y teatral. La femineidad adquirió un nuevo giro en creaciones inspiradas en ninfas y princesas. Un magnífico vestido en seda de corte A, con estampados que emularon una jaula de fierro forjado, abrió el desfile que sus creadores bautizaron como “un jardín encantado”. El volumen de la pasarela fue subiendo con cada pasada, que no dio paso atrás en intensidad. A pesar de la fastuosidad de las faldas, corsés y capas, el protagonismo se lo llevaron los detalles: flores de lis sobre tules de seda, perlas de porcelana, cristales y hojas metalizadas bordadas, bautizaron con el apellido de ‘joya’ a toda la colección.

Elie Saab


Siguiendo la tónica floral con la que sus pares encendieron el frío invierno de París, el diseñador libanés confeccionó trajes dignos de un baile de cuentos, con amplias faldas -en algunos casos sostenidas sobre crinolinas- que crecieron a partir de angostas cinturas, el centro de atención de sus siluetas. La femineidad más glamorosa se reflejó en diseños plagados de cristales bordados, flores de encajes e insinuadoras transparencias. La paleta de colores escogida fue la de los pasteles y nude, con algunas excepciones en negro y vestidos rojo intenso, que recordaron a Caperucita Roja, con capa incluida. Creaciones para soñar, que según la prensa internacional ya se postulan para vestir a una que otra celebridad durante los próximos premios Oscar.

Chanel


La Belle Époque ambientada en un bosque encantado. En eso convirtió Karl Lagerfeld el Grand Palais de París. Un imponente verde de los árboles bordeó la pasarela. Del infaltable traje de dos piezas en tweed pasaron a teatrales vestidos que evocaron a las ninfas más exóticas, siempre con guiños hacia la silueta acampanada de los años 60. Las aplicaciones de flores, estampados silvestres, tonos pasteles y mucho (¡mucho!) encaje, inundaron la colección que la revista Vogue España calificó de “ensueño”. Las plumas en blanco impecable sobre llamativos tocados sellaron el tono fantasioso de la propuesta con miras hacia una fauna mítica. texto aca