Hombres

Andrés Gomberoff

Más que andar preocupado por el fin del mundo, el doctor en fí­sica de la Universidad de Chile y autor del libro Hay Onda entre Nosotros, está interesado en todo lo contrario: en descubrir los misterios del origen del universo y analizar el funcionamiento de la naturaleza. En estudiar toda la vida que hay aquí­ mismo, entre nosotros.

  • Revista Mujer

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El libro 1001 Discos que Hay que Escuchar Antes de Morir suele aparecer como un elemento ornamental en las mesas de centro o las estanterías de las casas que se retratan en las revistas de decoración. Pero acá, en su oficina de vicerrector de Investigación y Doctorado de la Universidad Andrés Bello, no está a la vista ni a la mano. Pasa desapercibido en la biblioteca, en la hilera que está casi a ras de suelo, entre textos de cosmología, relatividad, mecánica cuántica y gravedad. Inadvertido y todo, el hallazgo resulta fundamental para entender por qué este doctor en Física de la Universidad de Chile puede escribir de los Beatles y explicar matemáticas sin aburrir. O enseñar el funcionamiento de un circuito eléctrico usando como ejemplo un theremin, el único instrumento que se toca sin manipularlo. O revelar que la voz de Olivia Newton-John lo emociona, solo para contar la historia del abuelo de la cantante, Max Born, premio Nobel de Física en 1954. “Hay infinitos temas en los que uno como científico ha estado pensando mucho, por eso las analogías llegan solas al momento de escribir. Y como me gusta mucho la música, gran parte de mi lazo pop viene de ahí”, cuenta. Todas esas relaciones, más otras que vinculan el origen del universo con actividades como salir a comer, inventos perfectos como la taza del baño con la visión de Coco Chanel y la segunda ley de la termodinámica con una película de Woody Allen, las efectúa en sus artículos de divulgación científica que publica en revista Qué Pasa y que están recopiladas en el libro Hay Onda entre Nosotros, lanzado a comienzos de 2012. “Normalmente a los científicos nos toman por personas cuadradas, excéntricas, con cero inteligencia emocional o habilidades sociales por la caricatura que se hace de Einstein, quien quedó esclavizado en ese personaje”, opina. “Pero hay una cuestión bien irracional, bien de amor y de pasión, que es similar a lo que ocurre en el arte y que en nuestro caso sucede cuando miramos la naturaleza y nos preguntamos cosas. Uno como que se enamora, pero de una pregunta que se inventa”, puntualiza. En sus columnas no solo explica fenómenos naturales. En ocasiones, también las usa para luchar contra creencias que considera nefastas como la de que la matemática es difícil y que la homeopatía es efectiva, lo que para él no es más que pura y simple charlatanería. “La medicina alternativa es una farsa y una estafa porque promete mejoras en la salud vendiendo remedios en botellitas que contienen agua o azúcar”, declara. “La concentración de la sustancia curativa que dicen tener es mínima porque está muy diluida. Entonces, cuando uno les pregunta a los homeópatas si es posible curarse con agua, ellos te responden que sí porque el agua tiene memoria, lo que es raro porque su estructura se conoce desde hace tiempo y nadie se había dado cuenta de que esta dependa, por ejemplo, de una palabra que se le pega en el envase. ¿Cómo el agua sabe en qué idioma está escrita? ¿Cómo conoce su significado? ¿Y si estos se cambian? Es tan ridículo que no vale la pena discutirlo, en serio. Lo mismo con la idea de que se va a acabar el mundo”, dice. Y agrega: “Lo único que puedo decir es que dejaremos de existir cuando el Sol se apague dentro de cinco mil millones de años más. O cuando caiga un meteorito gigante en la Tierra, que es algo que ocurre cada algunos millones de años. Pero, por mientras, te puedo asegurar que tenemos todo el tiempo del mundo para tomarnos un café”.