Hombres

Ignacio Gana

El pintor y escultor instaló a sus personajes en un ambiente marino. Todos miran el mar, están a punto de cruzarlo o ya lo han recorrido. Después de ubicarlos en el agua buscó una consigna para aglutinarlos y recurrió a un dicho popular: Al Agua Pato se llama la muestra que exhibirá en la galerí­a La Sala desde el 17 de noviembre. Son 22 esculturas y 10 cuadros de gran formato.

  • Revista Mujer

Compartir vía email

Tal vez ellos no lo sepan, pero algún día los mellizos Jacinta y Vicente Gana, de cinco años, se enterarán de que fueron clave en la obra de su padre. Ignacio Gana (36) les contará que cuando ellos nacieron su pintura cambió. Que aparecieron los colores vibrantes que caracterizan a sus trabajos. Rojos y verdes. Amarillos y azules. Claro que también les dirá que en ese momento no se dio cuenta de lo que estaba pasando; que solo reflexionó después, mientras ellos crecían. Que todo fue inconsciente. 

Antonia Gana, de tres años, escuchará una historia distinta a la de sus hermanos. Su papá le contará que cuando supo que ella nacería quiso hacer un giro consciente en su trabajo. Un giro que simbolizara su llegada. Que meditó y decidió hacer esculturas de bronce aunque nunca hubiese elaborado una. Que la primera que surgió fue la de un hombre que miraba despreocupadamente hacia un lugar lejano. Un hombre que parecía buscar algo. Un sueño, tal vez. Un hombre como él. Quizá se lo cuente frente a alguna de sus piezas que conforman la colección del Museo Ralli, o ante sus obras que están en el Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles, en Estados Unidos, o frente a su instalación edificada en una plaza de New London, en Connecticut.

“No es que pinte lo que está pasando en mi vida, pero con el tiempo me he dado cuenta de que mi trabajo es el reflejo de lo que ocurre en mi vida”, cuenta y recuerda: “Al principio pintaba con blanco y negro. Cuando conocí a mi señora empecé a incorporar algunos colores, pero era solo una gama. Y cuando nacieron la Jacinta y Vicente les puse un power de color a mis cuadros. Los colores de los mellizos son los que tengo hasta hoy… Después no sabía cómo iban a ser mis esculturas, me puse a probar y finalmente comencé a esculpir los personajes de mis cuadros. Son los mismos,  como ese  que va con su barquito por el mar”.

Por el mar. Por ahí transitan todos los protagonistas de su exposición, los pictóricos y los escultóricos. Algunos están por cruzarlo, otros lo observan, otros ya han nadado hasta la orilla y descansan. “La exposición está inspirada en el agua cristalina, en el mar chileno, pero por otra parte es una invitación a renacer a través del agua; a renovarse, a atreverse, porque la vida es una. Veo el agua como un elemento purificador, pero también como un elemento que hay cruzar. ¿Qué hay detrás de ese mar? ¿Un sueño? No sé. Generalmente estos hombres están con un barquito en la mano para traspasar  ese mar apacible”.

Los personajes de tus esculturas parecen mirar hacia un lugar preciso. Como si buscaran algo. El hecho de renovarse tiene que ver con ir más allá, con tirarse a la piscina, con jugársela por lo que crees, por tu norte, tus sueños. Todos ellos van en busca de ese norte; son personas con muchos sueños, que cargan el barco y cruzan el mar si es necesario.

En tu caso empezar a hacer esculturas fue como tirarse a la piscina: nunca habías hecho una.
Pero antes de eso dejé la arquitectura y obviamente me tiré a la piscina; me ‘tiré al arte’ que es lo que más me gusta. Creo que si le pones corazón y amas lo que haces se te van dando las cosas. Yo voy en busca de mis sueños, y lo que me pongo en la cabeza, lo consigo.