Hombres

Nicolás Saavedra

Cuando se integró al elenco de la quinta temporada de Los 80, donde interpreta a Néstor, se vio reflejado en Félix, ya que en 1987 él tení­a 12 años. De su infancia en Providencia, de colarse en la piscina del club del mismo nombre y de fumar en el desaparecido cine Las Lilas habla el actor, quien vuelve a la cartelera teatral con la obra Art en el Teatro San Ginés de Bellavista.

  • Revista Mujer

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La estrofa con la que parte la canción Me Olvidé de Vivir, de Julio Iglesias, consiste en el lamento de un hombre que, por andar corriendo por la vida, es incapaz de recordar los detalles que hacen que vivir valga la pena. Esta fue la primera canción que Nicolás Saavedra descargó de internet, y hoy ese fragmento cobra especial relevancia. No porque este padre de una niña de dos meses de edad guste del desenfreno y la evasión, sino todo lo contrario. La correspondencia entre los versos del español y su vida se debe a que forman parte de la banda sonora de su infancia, ya que era uno de los cantantes favoritos de su papá. También porque al incorporarse al elenco de la serie Los 80 tuvo una oleada de remembranzas. Se percató de que Félix, el tercer hijo del matrimonio Herrera-López, estaba en la misma etapa que él, en 1987, cuando tenía 12 años. “Cuando leí el guión completo me dio una nostalgia muy grande de la época. Extrañé la sencillez con la que se vivía”, dice. “En el Félix me vi con mis amigos, me acordé de las fiestas, de la primera cerveza que le robas a tu hermano grande y de todas esas cosas que uno hace cuando es niño”, cuenta el actor, quien se unió al grupo comandado por Boris Quercia para interpretar a Néstor, primo del malogrado novio frentista de Claudia, interpretada por Loreto Aravena.

Las imágenes que tiene Nicolás de su infancia y de su adolescencia están circunscritas a Providencia. Y a pesar de no vivir actualmente en la comuna, cuenta que votará allí para que salga elegida su candidata, Josefina Errázuriz. “Me resulta lógico que sea así, porque crecí en el barrio Las Lilas, entonces le tengo un cariño especial a este lugar. A los 12 años yo vivía en el edificio rojo que está en la esquina de Bilbao con Amapolas, donde hay una botillería abajo”, detalla. De esos años recuerda las correrías que hacía junto a Nicolás Lavalle, su vecino tocayo, su amigo ‘mala junta’, con quien salía a andar a en bicicleta, a jugar al ‘rin, rin, raja’ o a tirarles huevos a las micros. “Su mamá tenía una de esas cigarreras que son como cajitas, entonces nosotros llegábamos del colegio y, al igual que Félix, la sacábamos y nos poníamos a fumar escondidos”. Con este amigo, el más antiguo y con el que se sigue viendo, también recuerda haber probado el alcohol por primera vez. “Como su papá tenía un bar en la casa nos hacíamos unas tapitas de copete, de menta, de cognac o de lo que fuera, y las tomábamos para quedar mareados. Un día se dio cuenta y retó al hermano mayor de mi amigo por nuestra culpa.  Le dijo: ‘¡Pero cómo, hijo, vienen tus amigos y se toman todo! ¡Si quieren tomar que se traigan su trago!’”, relata. También rememora esos días en que se ‘colaban’ a la piscina del Club Providencia para bañarse en la piscina o jugar al frontón. Y cuenta otras anécdotas: “Cuando los hermanos de Nicolás veían películas medio subidas de tono nos encaramábamos al techo para ver por una rendija. Nos colábamos en el Cine Las Lilas, nos sentábamos en la platea alta y fumábamos mientras veíamos películas. Y en la noche nos íbamos caminando a Tobalaba con Bilbao, donde se paraban las putas, y les metíamos conversa. Si me comparo con Félix, yo era menos inocente que él”.

“En el Félix me vi con mis amigos, me acordé de las fiestas, de la primera cerveza que le robas a tu hermano grande y de todas esas cosas que uno hace cuando es niño”.