Hombres

Pedro Piedra

Un importante sello internacional le propuso ser 'el próximo Kevin Johansen', pero él no querí­a ser 'el nuevo nada'. Rechazó ese contrato para jugar con sus propias condiciones y mantener un bajo perfil que le acomoda más. Hoy tiene dos discos editados y una agenda llena de presentaciones.

  • Revista Mujer

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Este año, Pedro Subercaseaux (34) estará en el Festival de Viña. Y no una, sino dos veces. Pero no irá como Pedro Piedra, su identidad como solista, sino como baterista invitado de Jorge González y en el show de 31 Minutos. Aunque primero asegura que más le gustaría ir con sus propias canciones, rápidamente  reconoce que está mintiendo. Estar en el segundo plano le acomoda. “Así nadie me va a pescar y no tengo que dar entrevistas, que me cargan. Me he resistido mucho a ser ‘Pedro Piedra’, parece que prefiero pasar piola”.

¿Por qué tanta fobia a las entrevistas?
Porque encuentro que todo el mundo las contesta mejor que yo. Las mías no las veo, ni las leo porque me achaco y pienso en mejores respuestas después. No sé, creo que tengo un poco de pánico escénico.

Sobre el escenario, enfrentar ese miedo a figurar le ha costado. “Mis amigos después de verme en vivo siempre me dicen: ‘Hueón, sonríe’. Y aunque puedo estar muy feliz por dentro, cuando estoy tocando me corto. Pero entiendo que un show debe ser entretenido, así que, por decencia con el público, me he esmerado en cambiar. Porque nadie quiere ir a ver a un gallo deprimente, tocando como solo en su pieza”, dice el músico, que ya ha editado dos discos como solista: Pedropiedra (2009) y Cripta y Vida (2011).

Durante esta entrevista habló un poco en serio y un poco en broma. Un hábito, dice, que comenzó a cultivar en su niñez cuando ya tenía claro que quería dedicarse a la música. “Muchas veces hablo en broma. Ahora de más grande me he dado cuenta de que es un escudo que uso para esconderme. Para mí es más fácil hablar en broma que en serio”, asegura. Y esa dualidad también le ha sido útil en su vida profesional. Además de ser considerado un ‘multiinstrumentista’ (toca batería, guitarra y piano) también es reconocido por la originalidad de sus letras. “La vida tiene de todo, y una canción también debe ser así. Disney (Walt) decía: una buena película debe causar tantas risas como lágrimas. Yo comulgo con esa idea sobre el arte; tiene que hacer pensar, reír y llorar”, cuenta.

Las ideas vienen de la calle, de no hacer nada, de un cartel con un mensaje provocador o de alguna declaración poco afortunada de un político. Las canciones, cree, sirven para  entender esas emociones que, muchas veces, son inexplicables. Para dar con esos conceptos prefiere tomarse su tiempo y no apurar los procesos. En su último disco, por ejemplo, demoró casi un año completo en terminar las letras. Una de las más pegajosas y representativas de su estilo son las de su single “Vacaciones en el más allá”. Su estribillo dice: “Ya sé que todo se podría acabar. Ya sé y qué (y qué). Así no odio más, así no amo más, así no limpio más. Vacaciones en el más allá”.

En el intertanto, le acomoda ser músico de apoyo para otros (además de Jorge González y 31 Minutos es parte de la banda estable de Gepe). “Me encanta estar moviéndome todo el rato. Además, si se me acaban las ideas sé que también puedo seguir siendo músico invitado”.

¿Y se pueden acabar las ideas?
No sé si se acaban, pero sí pueden ir gastándose. Y cuando crea no poder lograr un buen disco, no me voy a obligar.

“Muchas veces hablo en broma. Ahora de más grande me he dado cuenta de que es un escudo que uso para esconderme. Para mí es más fácil hablar en broma que en serio”.