Belleza

Piel tan suave como el terciopelo

Es sinónimo de belleza y sensualidad, pero también de hidratación y salud. Conseguir una piel de seda en todo el cuerpo no es difí­cil, pero sí­ requiere desmitificar ciertas ideas y tener presente aquello que sirve de verdad. Acá, todo lo que hay que saber para que el cuerpo luzca perfectamente la lencerí­a.

  • Revista Mujer

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BEBER AGUA: ¿AYUDA REAL?
El agua es, aproximadamente, el 65% del organismo en personas adultas. Se encarga de facilitar funciones esenciales del cuerpo, como regulación de la temperatura corporal, transporte de nutrientes y mantención de la humedad a nivel cutáneo. Esa hidratación actúa sobre el colágeno, que es lo que hace ver la piel más joven, dice Elisa Cáceres, médico de la Clínica de Salud Integral Yaisy Picrin. La especialista en medicina interna agrega que los resultados de la buena hidratación se manifiestan de inmediato. “A las pocas horas de beber agua ya notas la hidratación de mucosas y la turgencia de la piel”. Según explica la dermatóloga Constanza Ullrich, de Clínica Dermovein, “esto se observa al tomar la piel, estirarla y ver cómo retorna al mismo lugar. Si resulta rápido, es normal. Cuando hay deshidratación, la turgencia disminuye”.

Patricio Figueroa, dermatólogo fundador de World Dermatology Institute, advierte a la vez que hay algunos mitos respecto a la ingesta de agua. El médico indica que los efectos no se aprecian a menos que exista falta del líquido, por ejemplo, por pérdida de agua ante exposición al calor o problemas de salud, como sucede con cuadros gastrointestinales.

La falta de agua en la capa superficial de la piel también hace que desaparezcan los lípidos que la conforman. Como consecuencia, la epidermis queda expuesta a las agresiones externas y surge la sensación de irritación y tirantez.

Para evitarlo, las opiniones de especialistas coinciden en que cada día se requiere ingerir cerca de dos litros u ocho vasos de agua, pero, como dice el doctor Figueroa, vale saber que los alimentos también contienen el elemento. En los fideos -ejemplifica-, el 50% de su peso es agua. Asimismo, se recomienda preferir el líquido puro, no mineral, y considerar que el cálculo de la cantidad a consumir varía según temperatura ambiental, actividades y pérdidas de agua de la persona, entre otros factores.

PERSONALIZAR LOS CUIDADOS
Aplicar cremas para mantener la hidratación es importante, pero poco se logra si esto no se hace como una rutina que considere también limpieza suave y protección solar estricta. Los resultados pueden ser inmediatos, “como la sensación de confort luego de aplicar hidratante en la piel seca, pero es el uso constante y diario el que lleva a mejores resultados”, comenta Constanza Ullrich.

Y tan importante como lo anterior, agrega la dermatóloga, es usar la fórmula adecuada para el tipo de piel: “Cada persona responde a su propio tiempo, y como existen muchos productos y técnicas, hay que escoger lo indicado para cada individuo”.

Según explica la doctora Elisa Cáceres, hay exámenes específicos, por ejemplo, para determinar la presencia de concentraciones de metales pesados, “que son muy dañinos y están relacionados con envejecimiento precoz o acelerado”. Con los análisis también se conoce la presencia de vitaminas y la situación micronutricional, a nivel de los elementos que son esenciales. “Con eso podemos determinar con mucha precisión lo que una persona necesita, respecto a reposición de grupos de vitaminas, oligoelementos, minerales y aminoácidos esenciales”, dice la especialista.

ATENCION A ESTOS FACTORES
Para lograr una piel sedosa, es imprescindible una dieta balanceada, sin exceso de sal ni grasa. Otro aspecto a tener en cuenta es la no exposición directa al sol, al agua caliente y a sustancias irritantes como jabones o el mismo cloro que se usa para mantener limpia el agua potable y cuyo daño en la superficie de la piel aumenta a mayor temperatura, afectando células cutáneas, pudiendo ocasionar reacciones inflamatorias o alérgicas. Por todo esto, el baño debiera limitarse a una vez al día, pocos minutos y siempre con agua tibia o fría. Cuando es caliente se produce un proceso oxidativo y de degradación del colágeno de la dermis. También se afecta la keratina, que protege y retiene humedad. A su vez, cuando el agua se mezcla con jabón, se deteriora el aceite que forma la capa córnea de la piel, haciendo desaparecer la humedad y provocando irritación.

El baño debiera limitarse a una vez al día, pocos minutos y siempre con agua tibia o fría. Cuando es caliente se produce un proceso oxidativo y de degradación del colágeno de la dermis”.

¿CREMAS HIDRATANTES O HUMECTANTES?
Ambas son importantes. Los niveles superficiales de la piel no se benefician solo del consumo de agua, “a través de sus últimas capas se pierde un porcentaje del líquido, y las cremas ayudan a evitar esto, mejor conocido como pérdida transepidérmica de agua”, especifica la doctora Ullrich.

Las hidratantes aportan el agua que necesitan las células para sus funciones metabólicas, suelen incluir ácido hialurónico, alfa-hidroxiácidos, lípidos, vitaminas o ceramidas. Las humectantes, en tanto, trabajan como barrera protectora de la piel, evitando que la humedad presente en los tejidos se evapore, además de favorecer la captación del elemento existente en el medioambiente. Estas cremas pueden incluir sustancias como glicerina, urea, alantoína y pantenol.

Cinco propuestas para lograr una piel suave


Terapia ortomolecular: administrada en forma endovenosa da excelentes resultados, asegura la doctora Elisa Cáceres: “La terapia ortomolecular antiage, junto a un Thermage, que es una tecnología de última generación y de exclusivo uso médico, estimula la formación de colágeno y entrega resultados sorprendentes”.

Hidroterapia de colon: con efectos posibles de ver en una semana, corresponde a una técnica que limpia con agua el colon y favorece la desintoxicación del organismo y, como consecuencia, también de la piel, todo esto basándose en que en el intestino se desarrollan funciones de vital importancia para el equilibrio del cuerpo.

Cremas con escualeno y vitamina A: según el doctor Patricio Figueroa, las mejores cremas para favorecer una piel humectada e hidratada son aquellas que aportan escualeno y un éster de vitamina A, como los de la marca danesa Beaute Pacifique. “Estos elementos restablecen la capa lipídica de la piel, evitando la pérdida de agua”, explica el dermatólogo. La vitamina A es un nutriente liposoluble esencial para el cuerpo que ayuda a la formación y mantenimiento de las membranas cutáneas. Además de cremas, está presente en productos lácteos, yema de huevo, vegetales de tono amarillo a rojo y verde oscuro; también en damascos, duraznos, melones, papayas y mangos. El escualeno, en tanto, es un antioxidante producido por nuestras glándulas sebáceas. Para las cremas se obtiene de otros animales o vegetales y funciona como un activo emoliente que restaura la barrera lipídica, protegiendo de la deshidratación y agentes exteriores, así suaviza la piel y mejora su elasticidad.

Jabón de avena:
a la hora de escoger productos de limpieza, lo indicado -recomienda el doctor Patricio Figueroa- es elegir uno con avena. Emoliente y rica en lípidos, la avena evita la deshidratación de la piel. A la vez, como en su composición hay fósforo, disminuye la dureza del agua, y por efecto de sus proteínas contribuye a mantener el pH adecuado de la piel. Incluso, se le atribuye la propiedad de blanquear, uniformar e iluminar.

Baño de Cleopatra potenciado: la mezcla de leche tibia y miel en la que se dice se sumergía la famosa reina de Egipto ha trascendido en el tiempo como uno de los mejores secretos de belleza para mantener una piel suave. La miel es hidratante y la leche, además, posee componentes químicos con propiedades nutrientes para la piel. Este tratamiento se puede hacer en forma casera mezclando los ingredientes en una bañera, pero también hay preparaciones, como las que comercializa la empresa de cosmética artesanal Reina Abilene, combinando un conjunto de sustancias especialmente hidratantes: miel de abejas, leche deshidratada (de vaca, cabra, oveja, soya y coco), aceites puros (de oliva, damasco, caléndula, coco de palma chilena y nuez) y aceites esenciales de jazmín, gardenia y nardo. Estos últimos hidratan e iluminan, en tanto los aceites puros de damasco y caléndula destacan como regeneradores.