Belleza

La aguja de la discordia

La sustancia, que originalmente empezó como remedio contra el estrabismo, acaba de cumplir una década desde que las autoridades aprobaran su uso con fines cosméticos. Un vistazo a la multimillonaria y controvertida industria tras el método antienvejecimiento más popular del mundo.

  • Revista Mujer

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El 22 de abril el pueblo francés esperaba ansioso el resultado de la elección presidencial entre Nicolas Sarkozy y el candidato socialista François Hollande. Sin embargo, no fue el estrecho margen de votación que los separaba y que finalmente los llevaría a una segunda vuelta el único tema que acaparó la atención de los medios ese día. Carla Bruni, la famosa ex top model y esposa de Sarkozy, hizo una de sus pocas apariciones públicas tras el nacimiento de su hija Giulia con el fin de apoyar a su marido. Quizás hubiese sido mejor que no lo hiciera. Los franceses quedaron impresionados con el aspecto artificial y rígido de su rostro, y el diario británico Daily Mail al día siguiente publicó un artículo titulado “¿Demasiado Botox?”, analizando la evidente transformación sufrida por Bruni durante su estadía en el Elíseo. El tiro de gracia lo dio el prestigioso cirujano plástico estadounidense Ben Benham, quien dijo: “Carla está excesivamente ‘botoxizada’, por eso tiene cara de ardilla sorprendida”.

Ciertamente esta no es la primera controversia a raíz de su uso. En sus 10 años de vida el Botox ha generado más debates que la mayoría de los tratamientos antiedad. Aunque resulte difícil creerlo, los inicios del Botox fueron discretos. Conocido también como toxina botulínica tipo A, esta proteína generada por la bacteria Clostridium botulinum fue aprobada por primera vez en 1989 para el tratamiento de patologías del músculo ocular como estrabismo y el parpadeo incontrolable (blefaroespasmo). Rápidamente los médicos notaron un beneficio añadido aun más atractivo: la fórmula suavizaba las líneas de expresión entre las cejas, rejuveneciendo el rostro de los pacientes. La explicación radica en que la toxina botulínica bloquea la liberación de acetilcolina, químico responsable de la contracción muscular. Es así como los músculos que causan las líneas de expresión permanecen inmóviles y la piel adquiere un aspecto más liso y relajado.

Pasarían 13 años de pruebas en laboratorio hasta que en abril de 2002 la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de  EE.UU. autorizara su uso cosmético. La compañía californiana Allergan obtuvo la patente como productora exclusiva, cerrando así un negocio redondo. Según cifras oficiales, el año pasado se aplicaron 5,6 millones de dosis solo en Estados Unidos, un alza de un 500% desde su lanzamiento.

Este 2012 Allergan estimó que sus ventas de Botox llegarían a 1,8 mil millones de dólares.

El Botox respondió a la necesidad de quienes deseanlucir más jóvenes sin necesidad de pasar por el quirófano. Así, un médico especialista inyecta pequeñas cantidades de toxina botulínica a nivel de los músculos que producen las líneas de expresión mientras el paciente permanece sentado. Para lograrlo, le pide al sujeto que contraiga los músculos a tratar y con una aguja muy delgada infiltra la sustancia por cerca de 10 minutos.  La única indicación es mantener una posición erguida por 4 horas para que la sustancia se distribuya correctamente y no ejercitarse durante un día.

Mención aparte merece el pinchazo, que aunque a algunos les parece intimidante no causa más molestias que otro tipo de inyecciones. Incluso no requiere obligatoriamente de anestesia, pese a que ciertos doctores adormecen la zona con productos tópicos o hielo antes de usarlo. Pero quizás el principal atractivo radica en su inmediatez: los efectos comienzan a notarse a partir de los 5 a 10 días con una duración entre 4 y 6 meses. Patas de gallo, arrugas de la nariz, entrecejo, frente, comisuras caídas y arrugas transversales del cuello desaparecen como por arte de magia, previniendo además la aparición de nuevas arrugas.

Aunque idóneo en teoría, hay que tener en cuenta que el Botox presenta efectos secundarios indeseados. Los más comunes son dolor de cabeza (13,3%), infecciones respiratorias (3,5%), caída temporal de los párpados (3,2%), náusea (3%) y síntomas similares a los de la gripe (2%). Otras reacciones adversas son dolor en el rostro, enrojecimiento de la zona y debilidad muscular. Eso sí, como el Botox permanece solo por un máximo de seis meses en el organismo, los efectos secundarios asociados disminuyen tras este período.

Las personas más propensas a sufrir de estos efectos secundarios son aquellas con trastornos cardiovasculares o neuromusculares como esclerosis múltiple. Las embarazadas tampoco pueden inyectarse Botox, ya que aún no está claro si la sustancia afecta el desarrollo del feto. La dermatóloga de la Clínica Alemana Bernardita Lorca coincide en cuanto a tomar las precauciones debidas: “Es necesario atenderse solo con profesionales autorizados especialmente entrenados, no enfermeras ni cosmetólogas. Así se evitan asimetrías en el rostro y la caída de los párpados”. Otro punto a considerar es no reaplicar la toxina en plazos menores a seis meses (“para no inducir la formación de anticuerpos, con lo que se requeriría dosis más altas”).

Hollywood y los mortales

En la industria del entretenimiento la imagen parece ser casi todo. Según un reportaje publicado por la revista de farándula estadounidense People, los médicos de las estrellas con residencia en las ciudades de Los Ángeles y Nueva York estiman que  un 75% de los actores mayores de 35 años han usado Botox. 

Las opiniones están divididas. Mientras su personaje como madrastra de Blancanieves en la cinta Espejito, Espejito está empeñado en permanecer siempre joven, la popular actriz Julia Roberts (44) ha dicho sentirse cómoda con las marcas del tiempo en su rostro. Madre de tres niños pequeños, confesó haber probado el Botox, pero que no volvería a repetir la experiencia. “No me veía bien, durante varios meses parecía estar siempre sorprendida”, dijo en una entrevista a Access Hollywood.Julia no está sola. La protagonista de Titanic, Kate Winslet (37), es quien lleva la batuta de las estrellas en contra del Botox y la cirugía estética. Incluso formó una alianza con las actrices británicas Rachel Weisz y Emma Thompson, aprovechando de afirmar: “Jamás caeré en ese juego. Es totalmente contrario a lo que considero hermoso y a lo que me enseñaron mis padres como tal”. Otros no lo ven así. La supermodelo de los años 90 Linda Evangelista ha dicho sin tapujos que lo utiliza periódicamente (“las modelos no somos criaturas sobrenaturales, también envejecemos”); lo mismo que Simon Cowell, jurado del popular programa de TV American Idol (“el Botox es tan básico como la pasta de dientes”). Figuras como Cher, Kylie Minogue, Madonna, Courtney Cox, Brooke Shields, Kim Cattrall, Elizabeth Hurley, Kim Kardashian, Sharon Osbourne, Sylvester Stallone y David Hasselhoff se suman a la larga lista de famosos fanáticos del Botox. Algunos incluso han caído en excesos como Lindsay Lohan, quien se rumorea podría perder el rol de Elizabeth Taylor en la próxima cinta biográfica Liz & Dick. A sus 25 años ha utilizado tanto Botox que los productores de la cinta la hallaron casi irreconocible en la última reunión antes de empezar la filmación.

Las estrellas no son las únicas que no pueden prescindir del Botox, considerado el tratamiento estético más popular en Estados Unidos con casi 6 millones usuarios. Existen casos extremos de personas comunes como Maria Elizabeth Chrysson, bautizada por la prensa como la “ladrona del Botox”. La mujer se sometió a más de 4 mil dólares en inyecciones que nunca pagó en distintas consultas dermatológicas de Miami, siendo atrapada al dejar la cartera con sus documentos en una de las clínicas.

En Chile el Botox es tan popular como en el extranjero. La doctora Teresa de la Cerda, presidenta de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica y autora del libro Cirugía Plástica: Tus Preguntas, Mis Respuestas (Editorial Grijalbo), afirma que también en nuestro país el Botox es el procedimiento cosmético más usado. Según ella, los chilenos le hemos ido perdiendo el miedo. “Cuando el Instituto de Salud Pública (ISP) autorizó la llegada del Botox a Chile en 2003, las personas creían que era venenoso por ser una toxina. Hoy el escenario es distinto, el público ya ha visto buenos resultados en amigos y conocidos y cada vez se anima más a probarlo”. Aunque desde sus inicios a la fecha la especialista ha visto “un alza de un 100%” en el número de pacientes que se aplican Botox en su consulta, aclara que no existen cifras oficiales que revelen el aumento exacto del uso de toxina botulínica en nuestro país. Esto porque si bien hay cerca de 500 médicos chilenos autorizados para aplicar Botox, no existe registro de cada práctica particular. En cuanto al laboratorio Allergan Chile, este se excusó de no poder dar esta cifra por política de la casa matriz en EE.UU., que califica esta información como confidencial.

Está claro que el uso del Botox no deja indiferente a nadie. Lo importante es recordar que la clave radica en recurrir a un médico autorizado para evaluar los pros y sus contras.