Moda

Un libro hecho a mano

En estas épocas en que creadores y casas de moda juegan un incesante juego de sillas musicales, los diez años de felicí­simo matrimonio entre Lanvin y su director artí­stico, Alber Elbaz, merecen una fiesta… y algo más. En este caso, un bello libro-objeto consagrado al nacimiento de una colección, desde el atelier a la pasarela.

  • Revista Mujer

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Nacido en Marruecos, criado en Israel, “Alber, de Lanvin”, como suele presentarse, comenzó su carrera con Geoffrey Beene en Nueva York, y la siguió luego con Laroche e Yves Saint-Laurent, en París. De allí pasó a Lanvin, para formar un feliz matrimonio que acaba de cumplir diez años. Un aniversario marcado por un libro -Alber Elbaz, Lanvin (Ed. Steidl)- un grueso volumen de 704 páginas con fotos, dibujos y textos del propio Elbaz, que retrata los años de esta unión y permite también descubrir el trabajo creativo del modisto durante la elaboración de la colección otoño-invierno 2011. Un libro cuya originalidad comienza ya por su exterior, con su portada en gros hecha a mano, el lomo unido con seda, el borde de las páginas dorado a la hoja y protegido en una caja de cartón, también hecha a mano. Las manos están omnipresentes a lo largo de la obra: las de las costureras, bordadoras, cortadoras y estilistas del atelier, su equipo. “No son las manos manicuradas de una mujer que come sushi al mediodía, sino las de una mujer que trabaja, que tomó el metro por la mañana y probablemente comió un sándwich para su almuerzo”, comentaba en una entrevista al semanario francés Madame Figaro. Si a Elbaz no le faltan los admiradores célebres (en los últimos Oscar Lanvin vistió a Meryl Streep y a Jean Dujardin, los dos actores ganadores), a los que podría haber solicitado para su libro, él prefirió concentrarse en el trabajo backstage de una sola colección. “La historia es el proceso”, dice. Y para capturar su evolución, el fotógrafo But Sou Lai tomó más de tres mil fotografías, de las que se seleccionaron algo más de seiscientas, que capturan fugaces momentos (una persona dibujando, más allá alguien acomodando un cuello, el maestro en pleno trabajo). Bajo las fotos, los comentarios reflejan su particular visión. “No quiero ver un vestido con una mujer. Quiero ver una mujer con un vestido hermoso”.

Elbaz, uno de los pocos creadores sin humos en la cabeza en una profesión de divos, bromea que el libro “es pequeño y gordo, como yo”, y más seriamente explica que, sobre todo, no deseaba una retrospectiva, que él compara con “el principio del fin”. “Día tras día, una temporada tras otra, me enfrento a la página en blanco que tengo que llenar con un sueño. Ese es mi trabajo”, dijo al New York Times.

A los 50 años, Elbaz no perdió ni la timidez ni el entusiasmo. “Detesto la palabra ‘cool’, la gente cool, las colecciones cool”, afirma. Y admite que las malas críticas lo dejan “por el suelo”, pero se niega a comentar sobre la propuesta de Dior que habría rechazado por fidelidad hacia su compañía actual. Lanvin-Elbaz ¿para siempre? “Quiero decir que sí. Es como cuando te casas con alguien, prometes que pasarás el resto de tu vida con esa persona. Pero nunca se sabe…”.