Moda

Lunares para Louis Vuitton

El 10 de julio se estrena Infinitely Kusama, la colección que Marc Jacobs creó en colaboración y como homenaje a Yayoi Kusama, la artista viva más importante de Japón. Esta singular japonesa, de 82 años, hizo de sus alucinaciones un arte y es la única mujer que ha logrado vender un cuadro en más de cinco millones de dólares.

  • Revista Mujer

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Para eludir el desprecio familiar hacia su temprana vocación artística, Yayoi Kusama buscó la manera de aislarse. Tenía que haber algún modo de abstraerse de la irritación que le generaba a su madre verla pintar y borrar de su mente el momento en que esta, siendo una niña, le quitó sus óleos y lienzos para decirle que tenía que olvidarse de la idea de ser artista, que su deber era casarse con un hombre adinerado y nada más. Pero antes de que pudiera huir físicamente de ese ambiente desdeñoso y patriarcal, se enfermó, encerrándose en sí misma para siempre. Sus inocentes sueños infantiles se transformaron en miedos, obsesiones, crisis nerviosas y reiterados episodios alucinatorios, que decantaron en un trastorno obsesivo-compulsivo que perdura hasta hoy. “Empecé a pintar a los 10 años, cuando aparecieron las primeras alucinaciones, aunque no queda nada de esos cientos de dibujos. Mi madre destruía todo lo que hacía. Era muy violenta, una mujer de negocios astuta y siempre ocupada, que me obligaba a trabajar en el negocio familiar”, contó para la revista española El Cultural.

A pesar de su inestabilidad emocional y de la desaprobación de parte de su familia, Kusama se fue de la casa a los 19 años para estudiar arte en Kioto. “Me fui más para huir de la violencia de mi madre. La escuela era demasiado conservadora y raramente iba a clases, me quedaba pintando en el dormitorio”, dijo en esa misma entrevista. Y plasmaba en cuadros lo que veía en sus alucinaciones: perturbadores lunares que se multiplicaban y que lo invadían todo, incluida a ella misma, en un gesto de invisibilización y anulación de identidad. “Los hago y los hago y los sigo haciendo hasta quemarme en ese proceso, al que yo llamo obliteración”, contó para el Financial Times. “No quiero curar mis problemas mentales, prefiero utilizarlos para que sean la fuerza generadora de mi arte”.

La vida en puntos

En 1957 quiso propagar sus puntos fuera de Japón y se instaló en Nueva York, donde realizó sus obras más importantes. Allí creó Infinity Nets, gigantescos lienzos monocromos en donde muestra su obsesión por el infinito a través de la repetición de un mismo patrón, y Accumulation Sculptures, esculturas textiles de formas fálicas y protuberantes que brotan de sillas y muebles, en relación a su rechazo al sexo y su voyerismo. “No me gusta el sexo, tengo una obsesión con él. Cuando era niña, mi papá tenía muchas amantes y mi mamá me obligaba a espiarlo cuando se iba a la cama con ellas. No quise tener sexo durante años”, escribió en su autobiografía Infinity Net: The Autobiography of Yayoi Kusama. Gracias a estas series y sus radicales happenings y performances callejeras, en las que se paseaba desnuda o pintaba lunares en los cuerpos, desnudos también, de los participantes, Kusama disputó el centro de atención con artistas como Andy Warhol, Claes Oldenburg y James Rosenquist. “En aquella sociedad caótica de Nueva York, llena de jóvenes beatniks y hippies, los artistas luchábamos para sobrevivir con el objetivo de construir un mundo nuevo. Mis obras estaban inmersas en tendencias como el minimal y el pop, tuvieron un apoyo entusiasta de la sociedad de aquellos días y fueron pioneras en la escena artística neoyorquina”, explicó para El Cultural. 

Sin embargo, su deseo de acaparar portadas y titulares le jugó en contra. En sus últimas performances era tan evidente que quería atraer publicidad, que fueron recibidas con hostilidad por el público y la crítica. Deprimida, volvió a Japón en 1973, pero sus colegas la miraron con recelo y la excluyeron del circuito artístico. Cuatro años más tarde, para sobrellevar la decadencia de su éxito, se internó voluntariamente en un psiquiátrico de Tokio, donde vive actualmente. Desde su taller, ubicado a minutos de este singular hogar, Kusama se reinventó: lanzó su carrera literaria, publicó numerosas novelas, una colección de poesía y su autobiografía. Creó nuevas esculturas, collages y pinturas, e ideó colosales instalaciones que invitan al espectador a jugar con la profundidad de los espacios. “Mi vida ha sido una lucha sin tregua. Aunque he tenido que librar una batalla continua contra la obsesión desde que era niña, he logrado sobreponerme a ella a través de la pintura”, dijo en una entrevista para el diario El País.

Hoy, Yayoi Kusama es considerada la artista viva más importante de Japón. A sus 82 años, ha recibido un sinnúmero de galardones, medallas de honor y premios, incluidos el de la Asociación Internacional de Críticos de Arte en 1996 y la condecoración de la Orden de las Artes y Letras, entregado por el Ministerio de Cultura de Francia, en 2003. Además marcó un récord entre las artistas vivas al lograr vender un cuadro -el Nº 2 de la serie Infinity Nets- por 5,1 millones de dólares, en una subasta de Christie’s, en 2008.

Kusama, infinita

“Me gustaría que todas y cada una de mis obras fueran recordadas por las futuras generaciones”, ha dicho en distintas entrevistas. Y en esa dirección va la gran retrospectiva de su carrera que está itinerando desde mediados del año pasado en museos de diversas ciudades del mundo. La exhibición, compuesta por más de 150 obras realizadas entre 1949 y 2011, se presentó en el Museo Reina Sofía en Madrid, el Centre Pompidou en París y la Tate Modern en Londres, y el 12 de julio se inaugurará en el Whitney Museum of American Art, en Nueva York.

Dos días antes, la casa de moda Louis Vuitton (LV) estrenará Infinitely Kusama, una colección en la que trabajaron conjuntamente Marc Jacobs, el director artístico de la marca, y la artista japonesa. “Me siento muy honrada de colaborar con Louis Vuitton. Marc Jacobs es un diseñador increíble, con gran talento artístico y con un equipo creativo que tiene un montón de ideas, al igual que yo”, declaró Kusama para el folleto promocional.

El punto de partida para crear esta línea de ropa y accesorios fueron la obsesión y la serialidad. Las carteras y los zapatos de cuero, los vestidos y pañuelos de seda, las gabardinas, los relojes y las joyas más emblemáticas de la firma, y hasta el mismo logo de LV, se escogieron como los lienzos para los patrones orgánicos y repetitivos de Kusama. Los puntos en blanco y en negro -o polka dots, como se les dice en inglés- fueron estampados en fondos de vigorosos rojos y amarillos, para jugar con las escalas y las densidades, y provocar el efecto de movimiento. El mismo criterio se utilizó para las vitrinas de las tiendas, las que fueron ornamentadas con sus esculturas tentaculares y flores, y con sus lunares rojos sobre fondo blanco.

 “La energía de Kusama es infinita. En sus pinturas y esculturas puede verse su obsesión por un mundo que nunca termina. El carácter obsesivo y la inocencia de su arte me conmueven. Ella compartió su visión de mundo con nosotros, lo que permitirá expandir su obra y la audiencia del arte contemporáneo en general”, dijo Marc Jacobs en el video que se realizó como adelanto de la colección. A lo que Kusama agregó: “Las emociones creadas con este trabajo en conjunto llevarán mis lunares a todas partes”.

La edición de Infinitely Kusama será limitada. “Hemos preferido que se conviertan en productos de coleccionista. Años después la gente estará emocionada por tener esos bolsos”, explicó Yves Carcelle, director ejecutivo de Louis Vuitton.