Moda

El mismo estilo

Cuando eran pequeñas se divertí­an disfrazándose con su ropa y maquillaje. Hoy le piden prestadas prendas de su clóset. Son hijas que se sienten superidentificadas con el look de sus mamás. Ellas son sus principales referentes y se enorgullecen cuando los demás las encuentran parecidas.

  • Revista Mujer

Compartir vía email

Fotos: Alejandra González y Daniela León / Producción: Rodrigo Farías / Maquillaje: Rosario Valenzuela, Carmen Vial y Elisa Broussain / Pelo: Elisa Broussain

“Somos superfemeninas para vestirnos”

ROSARIO VALENZUELA Y SU HIJA ROSARIO SEGURA


Rosario Valenzuela, makeup artist de Yves Saint Laurent, y su hija, Rosario Segura (13), alumna de séptimo básico del colegio Villa María, están recién comenzando a compartir el clóset. “Me encanta que le guste mi ropa y gozo prestándosela. Le fascina usar mis alpargatas con taco color chocolate, elegantitas, para ir a alguna fiesta o matrimonio. Lo que más la entretiene es ocupar mi maquillaje”, cuenta Rosario Valenzuela. Su hija agrega: “Cada vez que tengo una fiesta le pido que me maquille a mí y a mis amigas. Lo hace con una base clara, una línea negra suave en los ojos, rímel, brillo en los labios y un poco de color en las mejillas. Siempre me hace un look parecido al suyo”.
El estilo de Rosario Valenzuela es bastante clásico, con algunos toques modernos en el peinado y en los accesorios. El negro, el beige y el blanco son sus colores preferidos y se siente cómoda usando jeans, blusas, botas, faldas cortas en verano y largas en invierno. “Me gusta mucho como se viste mi mamá. Me encanta como combina los colores. Algunas veces me ha pasado que me miro al espejo y me encuentro superparecida a ella, sobre todo cuando ocupo blusas blancas con vuelos combinadas con pitillos. Las dos somos superfemeninas para vestirnos”, concluye su hija.

“Las dos tenemos un estilo clásico entretenido”.

FRANCISCA NOVOA Y SU HIJA MARÍA JOSÉ REBOLLEDO


“La María José es estilosa y supertrapera. Con 15 años ya tiene claro lo que le gusta y lo que le queda bien. El año pasado encontró en una de mis maletas una chaqueta de piel que me había comprado hace veinte años en Buenos Aires y le fascinó. Hoy la usa con toda su ropa y se ve increíble”, cuenta Francisca Novoa, diseñadora de vestuario.
A pesar de que tienen diferentes tallas, a María José le encanta ocupar las blusas que diseña su mamá, sobre todo para salir o ir a alguna fiesta. “También utilizo sus vestidos de verano, algunos chalecos y poleras. Las dos tenemos un estilo clásico entretenido, nos fascina el color blanco y combinar las tenidas con accesorios llamativos. Me encanta su look y me acuerdo cuando hace algunos años me corté la chasquilla para parecerme a ella”, dice María José, alumna de segundo medio del colegio Villa María.

“Mi hija siempre se ha vestido más parecida a mí que a sus amigas”.

MANUELA DOMÍNGUEZ Y SU HIJA MANUELA BARAONA


Manuela Domínguez, encargada de grandes empresas de Avis Rentacar, y su hija Manuela Baraona, estudiante de primer año de pedagogía básica en la Universidad Católica, tienen estilos superparecidos. “Mi hija siempre se ha vestido más parecida a mí que a sus amigas. Cuando era chica se disfrazaba con mi ropa. Me acuerdo perfecto cuando yo partía a una fiesta y ella se quedaba en la casa vestida y maquillada igual que yo”, cuenta la mamá. Comenzaron a compartir la ropa cuando su hija cumplió 14 años. “A esa edad medíamos lo mismo: un metro setenta. Lo primero que me pidió prestado fueron unos pantalones y botas de montar. Yo estaba feliz, me encantaba que le gustara mi look”, dice Manuela Domínguez. “Siempre me ha gustado como se viste mi mamá. Ella tiene un estilo agitanado elegante y muy femenino que me encanta. Le pido ropa prestada todos los días y los fines de semana ocupo sus chaquetas y blusas. Para ir a un matrimonio siempre uso sus abrigos y zapatos. Las dos compartimos los clósets. Ella me saca ropa a mí y yo a ella”, cuenta Manuela hija.

“Nos gusta vernos sencillas pero elegantes”.

MACARENA MATTE Y SU HIJA MAGDALENA BUSTAMANTE


“De chica me encantaba mirar a mi mamá cuando se arreglaba, y recuerdo que trataba de imitarla disfrazándome con su ropa, zapatos altos y maquillaje. Hoy me siento superidentificada con su look casual, sobre todo cuando se viste con colores llamativos. Hay cosas de ella que jamás me pondría, como sus polleras largas con encajes y vuelos, pero a las dos nos encantan los collares artesanales, los cueritos, las pulseras, los aros, las bufandas y pañuelos de colores. También pintarnos las uñas de diferentes colores y maquillarnos. Me fascinan sus jeans, chalecos y la colección de relojes que tiene”, dice Magdalena Bustamante (13), alumna de octavo básico del colegio Santa Úrsula.
A los 11 años Magdalena comenzó a ocupar la ropa de su madre. “A esa edad había alcanzado mi porte y me pedía prestadas mis poleras sin mangas, chalecos largos y el maquillaje. Hoy su estilo es bastante parecido al mío. Nos encanta vestirnos con jeans, blusas y botas, ocupamos mucho accesorio y las dos nos identificamos con los colores blanco, fucsia, verde limón y calipso. Nos gusta vernos sencillas pero elegantes”, dice Macarena Matte, artista visual.

“Mi mamá es mi gran referente a la hora de vestirme”.

MAUREEN CAMPBELL Y SU HIJA BEATRIZ SÁEZ


“A los 13 años empecé a copiar el look de mi mamá. A esa edad me puse por primera vez sus jeans y sus botas vaqueras y me quedaron regio. Hoy compartimos el clóset. Me presta desde sus poleras, pañuelos y carteras hasta sus collares y chaquetas. Nos gustan los mismos colores como el blanco, negro y los tonos tierra. A ella le fascinan las polleras cortas y los minivestidos y a mí los short con pantis. Adoramos las carteras grandes y los flecos en las chaquetas y las botas. Me siento superidentificada con el estilo hippie chic de mi mamá. Ella es mi gran referente a la hora de vestirme”, cuenta Beatriz Sáez (16), alumna de tercero medio del colegio Juanita de los Andes.
Su madre, la diseñadora de vestuario Maureen Campbell, dice: “Con la Bea no solo tenemos looks supersimilares, también nos parecemos en la manera de ser y de hablar. Cuando me compro ropa siempre me celebra las tenidas. Le encanta ocupar mis poleras, vestidos, pantalones y accesorios”.

“De mi mamá aprendí a combinar los colores”.

ALEJANDRA CHELLEW Y SU HIJA JAVIERA DUCH


Coinciden en que tienen un look casual. “El mío es informal y el de mi mamá es más de vanguardia, no tiene miedo al color y es bastante alegre. De ella aprendí a combinar los colores, a saber qué tenidas debo ponerme en cada situación, y que uno se puede ver igualmente bien con ropa sencilla. Siempre me dice: “Da lo mismo la marca de la ropa, lo que realmente importa es cómo uno la luce. Me encanta como se viste mi mamá. Tiene un estilo bien definido, es original y adora los colores fuertes, aunque también comparte mi gusto por el blanco y el morado. Le pido ropa prestada casi todos los días, sobre todo sus jeans, y para los eventos elegantes ocupo mucho sus zapatos color chocolate de taco superalto”, dice Javiera (16), alumna de tercero medio del colegio San Benito.
Su madre, Alejandra Chellew, directora de galería La Sala, agrega: “Cuando la Javiera cumplió 15 años comenzamos a compartir el clóset. Tenemos la misma talla de pantalón, el mismo número de pie y casi la misma estatura. Me encanta prestarle ropa, ella es supercreativa para vestirse, tiene mucha onda”.

“El gusto se educa”.

MACARENA RIVERA Y SU HIJA MACARENA CONCHA


“Cuando era chica no tenía un look parecido al de mi madre, pero con los años me he ido mimetizando cada vez más. Ocupamos mucho negro, blanco y colores tierra. Es muy raro que usemos tonos fuertes como naranjo o calipso. En general preferimos los neutros. Nos gustan las buenas carteras, los zapatos y los pañuelos. Las dos nos vestimos de manera sobria pero con accesorios llamativos. Somos superclásicas pero al mismo tiempo tenemos un estilo bastante relajado. Nunca estamos sobrevestidas o subvestidas”, dice Macarena Concha. Su madre, Macarena Rivera, complementa: “Mi hija siempre fue superpreocupada de su look. Cuando era chica le dejaba la tenida armada en la cama y la acostumbré a hacer bonitas combinaciones. El gusto se educa. Si uno deja a las niñitas que se vistan solas son capaces de ponerse cualquier cosa. Hoy cuando viajo muchas veces compro la misma chaqueta para las dos. En esta etapa de la vida da lo mismo que nos vistamos iguales”. La hija dice: “Me siento superorgullosa cuando me dicen que me parezco a mi mamá, aunque tengo que reconocer que con el tiempo ella se ha ido adaptando mucho más a mi estilo”.