Moda

El genio de Lanvin

Una baterí­a de estrategias comerciales y creativas ha reflotado la casa fundada por Jeanne Lanvin en 1909. Y este año, el diseñador Alber Elbaz cumple una década a cargo de la marca. El adorable diseñador que enternece hasta el más frí­o corazón del mundo de la moda, confirmó su buen momento luego del último desfile en Parí­s.

  • Revista Mujer

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Nacida en una familia de origen humilde, y la mayor de 11 hermanos, Jeanne Lanvin comenzó su carrera vendiendo sombreros en París a los 13 años. Quienes acudían a la tienda comenzaron a hacerle encargos a medida que la chica se iba perfeccionando en el oficio, hasta que en 1889 se estableció con su propia tienda. En 1896 se casó con un noble italiano, Emilio di Pietro, con quien tuvo a su única hija, Marguerite, la que sería su gran fuente de inspiración para los diseños.

A partir de 1909, año en que fue fundada la marca, Jeanne Lanvin se destacó por diferenciarse del look masculino imperante en la época, con siluetas muy femeninas y delicadas, que plasmó sobre todo en el vestido llamado ‘robe de style’, el sello de sus inicios. La prenda se caracterizaba por tener una amplia falda y cintura estrecha, en colores pastel, y adornada con piedras y/o bordados. Fue la alternativa al rectilíneo estilo garçon.

Con una gran habilidad para los negocios, además de la creación, Jeanne Lanvin supo administrar la marca y diversificarla, creando líneas infantiles, deportivas, de fragancias, decoración y más. Fue una de las primeras en crear el concepto de imagen corporativa e incluso encargó a su propio taller la creación de un color específico al que llamó ‘azul Lanvin’.
Luego de su muerte, en 1946, su hija tomó el mando de la casa y se sucedieron innumerables directores, hasta que en 1996 fue comprada por el grupo L´Oréal, y en 2001 pasó a manos de la empresaria taiwanesa Shaw Lan Wang.

LOS NUEVOS AIRES
Alber Elbaz (nacido en Casablanca, Marruecos, en 1961) podría definirse como una mezcla de científico de laboratorio, costurero incansable, maestro de historia y archivero de biblioteca. Bajito, con algo de sobrepeso, traje con pantalones a los tobillos, humita sobredimensionada y gruesos anteojos de montura negra cuadrada, ofrece un espectáculo que solo se hace más adorable cuando comienza a hablar con su voz dulce y educada. Nacido en una familia bastante conservadora y criado en Israel comenzó su carrera en Nueva York diseñando para la marca de moda masculina Geoffrey Beene. Allí estuvo 7 años, hasta que en 1996 lo reclutaron para trabajar en Guy Laroche en París. Sus diseños daban que hablar, sobre todo para marcas que se encontraban algo estancadas. Poco después fue fichado por Pierre Bergé e Yves Saint Laurent para hacerse cargo del prêt-à-porter femenino, trabajando codo a codo con el célebre diseñador francés. Era una difícil tarea diseñar al lado del maestro, pero logró destacarse junto con Hedi Slimane (actual director creativo de YSL) en la división masculina de la casa de costura.

En 1999 la casa Yves Saint Laurent fue comprada por el grupo Gucci (hoy PPR), y con Tom Ford al mando creativo se les cortó el camino a ambos diseñadores. Elbaz pasó por la firma italiana Krizia y deambuló sin rumbo durante un tiempo, hasta que en 2001 se enteró de que la empresa Harmonie S.A. (de la que es propietaria Shaw Lan Wang) estaba interesada en adquirir Lanvin. Sin muchos rodeos la llamó y la convenció que debía comprarla, y qué el debía dirigirla, argumentando que había que “despertar a la bella durmiente”. Hoy en día esa bella durmiente bien puede ser el alma de Lanvin o el espíritu creativo de Elbaz, pero está claro que ha dado resultados.
Con la visión empresarial de Wang y el genio artístico de Elbaz, Lanvin ha logrado reposicionarse en el mercado de la moda mundial. Este año, en la entrega de los premios Oscar, dos de los principales ganadores (Meryl Streep, mejor actriz, y Jean Dujardin, mejor actor) llegaron vestidos por la firma francesa.

En diciembre del año pasado, el diseñador estuvo a cargo de decorar el tradicional árbol de Navidad del Hotel Claridge de Londres (todos los años se le pide a un diseñador destacado que adorne el espacio). Aunque el árbol quedó un poco relegado al segundo plano, Elbaz no defraudó con su puesta en escena llena de personajes que rendían homenaje a lo que es importante para él: humor, belleza y feminidad.

En septiembre de 2010, la marca sueca H&M presentó una colección cápsula firmada por Lanvin que fue un éxito absoluto. “Me llamó la atención la idea de que H&M se acercara al lujo y no que Lanvin hiciera el camino contrario”, dijo entonces. Las prendas lograron trasladar el sueño de Lanvin a públicos más amplios y la colaboración cimentó el buen momento por el que está pasando.
Para cerrar la cuarta jornada de la semana de la moda de París, Lanvin presentó un desfile de prêt-à-porter femenino que mantuvo a la mujer como estandarte. Las prendas resaltaron las curvas femeninas, los colores tradicionales de la marca (azul, rosa, verde, y tonos de piedras preciosas como turquesas y rubíes) se complementaron muy bien con duras chaquetas y faldas de cueros negro. Los vuelos, sin llegar a ser ochenteros, daban metafóricas alas a las modelos, y junto con los apliqués, los brillos, las piedras, y los guantes hasta el codo, completaban el look. Eso ya daba espacio a un aplauso muy merecido, pero nada había preparado a los asistentes para lo que estaba a punto de ocurrir una vez acabado el desfile. Se abrió un telón en altura, una banda comenzó a tocar y el mismísimo Elbaz dio un discurso agradeciendo a quienes lo han apoyado en estos años y han hecho realidad sus sueños. Reconociendo que es un pésimo cantante, solo entonó unas pocas palabras de la canción Que Será, Será, caminó por la pasarela que antes atravesaron sus diseños y dio la mano a muchos de quienes lo ovacionaban, al ritmo de una canción tan apropiada para el presente que mira con orgullo su historia.