Hombres

Fernando Alarcón

Aunque se tituló de periodista nunca ejerció. Este exponente del humor blanco valora a quienes optan por chistes más gruesos, pero no está dispuesto a cambiar. No lo necesita. Por algo hay fiestas kitsh en honor a su personaje Pepito TV, por algo una banda se bautizó Canatrán (alter ego de Canitrot) y por algo muchas personas se rí­en automáticamente si escuchan la frase "así­ es la cosa". A estas alturas es algo así­ como el emperador de la comedia.

  • Revista Mujer

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Una historia lógica con un remate ilógico. Ese es el secreto de un buen chiste. La reflexión la hace Fernando Alarcón. Es una mecánica que aprendió con los años, mirando, probando… 

Década de los 40: Con la excusa de ‘ayudar’ a su papá, un utilero teatral, lo acompaña al trabajo. Ve una y otra vez las obras cómicas de Américo Vargas, Lucho Córdoba y Alejandro Flores. Sueña con hacer algo parecido alguna vez.

Década de los 50: En el liceo Barros Borgoño dos alumnos ‘pelusas’ (él y Eduardo Ravani) hacen reír a sus compañeros con sketches absurdos. Más tarde harán sus rutinas en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. El dúo también recreará situaciones descabelladas en los patios de Televisión Nacional (ambos fueron parte del grupo fundador de la TV estatal). En 1978 los conductores Raúl Matas y Patricio Bañados les preguntan por qué no convierten esas escenas en un programa de TV. Así nace el Jappening con Ja. Surge el popular segmento La Oficina. “¿Qué nombre le ponemos al trabajador chupamedias y al empleado enfiestado?”, se preguntan. En ese momento entran el camarógrafo Guillermo Espina y su jefe Mario Canitrot. ¡Tate!  “Lo perjudicamos para siempre porque los Canitrot son una sola familia. Tuve que explicarle a su señora que era broma y que nosotros no pensábamos que él fuera así”, recuerda hoy Alarcón (69), casado hace 30 años con la periodista Gemma Contreras, padre de dos hijos. No dimensionó el éxito de Canitrot. Tampoco el de Pepito TV. Y menos que algún día ese personaje que decía “pirinpin-pin!” y que desafiaba a Don Francisco (“aprende a hacer concursos, guatón copión”) tendría a Mario Kreutzberger en su programa -un remate ilógico, por eso fue tan gracioso- y que muchos años más tarde los jóvenes lo ovacionarían en las fiestas kitsch de la disco Blondie. Tampoco que un grupo de metal gótico se llamaría Canatrán en honor a Canitrot. Y que Chancho en Piedra grabaría un video clip con él. Eso lo emociona.

Esos son sus personajes famosos, pero también están Ele Jota, el comentarista de fútbol que hablaba de todo menos de deportes; el amnésico licenciado De La Mora; Segismundo Vega, un huaso que fingía inocencia (“Yo no me robao na”), y muchos otros. Y por cierto está él mismo, el comediante que puede convertir un chiste corto en uno de media hora.

¿Nunca se planteó cambiar su humor por uno más grueso? No, mi plus es ese. Estuve haciendo una rutina de humor en el festival de Villa Alemana y me aplaudieron de pie. Eran cinco mil personas. El comentario era que no había dicho ningún garabato y eso los sorprendía. Encontraban que era una proeza, pero no es tal. Simplemente es un estilo que respeto como también respeto mucho el humor (grueso) que hacen otros.

Junto a Ravani, hoy imparte cursos de capacitación laboral sobre la base del humor. Y en sus actuaciones le piden una y otra vez el chiste del tipo que hace dedo a un camionero y durante el viaje, para no poner un tema de conversación complicado, opta por un simple “así es la cosa”. Sus fans saben que “no, poh”, que “así no es la cosa”. (“Y te bajái del camión”).

O sea cuento lógico con final ilógico.