Moda

Dos hombres, dos creadores

En el Museo de Artes Decorativas de Parí­s se inaugurará, el 9 de marzo, una exposición que recorre la historia de Louis Vuitton y Marc Jacobs. Dos hombres y dos personalidades unidas con un único propósito: contribuir de manera histórica en el universo de la moda.

  • Revista Mujer

Compartir vía email

Si estos dos nombres están indisolublemente asociados, es solo una de esas casualidades de la vida, ¡una gran casualidad!, ya que el universo original de cada uno de ellos no puede haber sido más diferente. De hecho, nada estaba destinado a unirles. Ni por sus épocas -un marroquinero francés de la segunda mitad del siglo XIX y un diseñador de Nueva York nacido 100 años después- ni  por sus estilos -Vuitton era proveedor de equipaje de lujo para viajeros privilegiados y Jacobs es un creador irreverente que se convirtió en celebridad al transformar el ‘grunge’ en tendencia-. ¿Cómo lograron estos hombres encajar en sus respectivos tiempos para innovar y movilizar a toda una industria? ¿Cómo cada uno, con su propio lenguaje, se apropió de los códigos culturales de su época para reescribir la historia de la moda?

Ayer y hoy
La franco-chilena Pamela Golbin, conservadora en jefe a cargo de las colecciones contemporáneas y textiles del Museo de Artes Decorativas, decidió dividir la muestra en dos niveles. Un primer piso, consagrado a Louis Vuitton y la revolución industrial, donde se presentan algunas joyas de los archivos de la maison, como el primer baúl de la marca hecho en 1869 por el propio Vuitton, elementos de viaje y exquisitos accesorios históricos.

El segundo nivel se centra en el aporte hecho por Jacobs a Louis Vuitton, gracias al cual transformó la marca de lujo en un ‘bulldozer’ de la moda y catedral para las ‘shopadictas’ de todo el mundo. Es aquí donde se percibe el sentido de la exposición Louis Vuitton-Marc Jacobs, que más que una retrospectiva resalta las colaboraciones fundamentales de dos precursores en dos épocas diferentes.
Pero lo más relevante de esta muestra es que no se trata de una de esas más bien pedagógicas, algo que Jacobs considera ‘insoportablemente aburridas’. “Yo creo ropa para ser usada, esa siempre fue mi única ambición. Una prenda sin la mujer, sin la vida, no me interesa. Por eso la exposición es más que una serie de fotos y de maniquíes, trabajamos para que sea una verdadera experiencia”, dijo Jacobs.

Nunca sabremos qué podría haber significado este homenaje para Vuitton, pero para Jacobs es una verdadera consagración y un gran honor. “Nunca en mis sueños más delirantes de adolescente pude haber imaginado que un día trabajaría para esta compañía. Y ahora, quince años después, este evento en el Museo de Artes Decorativas realmente va incluso mucho más allá. Estoy muy, muy emocionado”, le confió recientemente al diario británico The Telegraph.

Louis Vuitton, maletero visionario
Louis Vuitton era un joven ambicioso, hijo de carpintero que, en 1835, a los 14 años, dejó su pequeño pueblo de 150 habitantes para recorrer a pie los 400 km que lo separaban de París, donde fue a tentar su suerte. Una vez en la capital se especializó en el oficio de embalador, que consistía en organizar las maletas de ricos clientes. A partir de 1852 se ocupó de la emperatriz Eugenia, quien además lo recomendó a sus amistades. Con la revolución del barco y el tren a vapor, el turismo internacional de las clases adineradas se desarrolló rápidamente y Vuitton comprendió que había que “crear un equipaje innovador y de excelente calidad”. En 1854 fundó su primera boutique cerca de la Place Vendôme, donde ofreció las primeras maletas planas, resistentes (con el revestimiento reforzado con barras de haya clavadas) y muy prácticas, pues podían ser apiladas, a diferencia de las maletas bombeadas que se utilizaban hasta entonces… El éxito fue inmediato.

En 1877, para  evitar las clásicas imitaciones, Vuitton creó una tela de rayas rojas sobre beige, la que se reemplazó más adelante por otra, en dos tonalidades de beige. Tanto una como la otra serían copiadas por los imitadores sin imaginación. Pero creatividad no es lo que le faltaba a los Vuitton. Las rayas fueron reemplazadas por el motivo damero y en 1896 su hijo George creó una tela que reemplazó el cuero, resistente y liviana, con un motivo más sofisticado (para complicar la tarea de quienes intentaban copiar las diferentes piezas) y con el monograma “LV”, alternando con una flor de cuatro pétalos, sola, dentro de un círculo y dentro de un rombo. Un monograma que se convertiría con el paso de los años en el emblema de la marca e, irónicamente, en el motivo más imitado del mundo. Así, por primera vez, el nombre de la familia aparecía como una firma en el exterior de sus baúles. Hasta el final, Louis Vuitton y las cuatro generaciones que lo suceden se apegaron a tres principios: la perfección de su ‘savoir-faire’, dar plena satisfacción a los clientes y una búsqueda perpetua de novedades.

El multifacético Marc Jacobs
Durante todo el año 2011 Marc Jacobs acaparó la atención de los medios en todo el mundo como el probable reemplazante de John Galliano en Dior, hasta que, en diciembre pasado, él mismo se encargó de poner fin a los insistentes rumores. “Es un gran honor haber sido considerado (…), pero me siento muy feliz donde estoy”, dijo, señalando la maravillosa y muy rara oportunidad de convertir a una compañía exclusivamente marroquinera, como lo era Louis Vuitton, en una marca de moda. Una magnífica misión “de la que no muchos pueden ufanarse”, explicaba.

Jacobs pertenece a esa generación de creadores cuyo arte evolucionó para satisfacer la insaciable demanda de los consumidores de lujo, para los cuales el talento creativo ya no es el único requisito. Los diseñadores de moda hoy en día deben ser también eficientes, tanto en marketing y dirección de arte como en el rol de maestro de ceremonias y de portavoz de la marca. Marc Jacobs es, sin duda, el hombre ‘for the job’.

En 1984, flamantemente graduado de la Escuela Parsons de Diseño en Nueva York, Marc conoció al diseñador estadounidense Perry Ellis, quien lo nombraría, cuatro años más tarde, director creativo de su marca: un gran desafío para un hombre que tenía apenas 25 años. Mientras otros diseñadores soñaban con desarrollar su propia marca, Jacobs trabajó discretamente bajo el nombre de otro, pero al mismo tiempo imponiendo su propia visión. Sin embargo, en noviembre de 1992, su colección ‘Grunge’ suscitó una gran polémica y marcó un punto de inflexión en su carrera. Jacobs perdió el cargo, pero curiosamente ese mismo año fue premiado con el más prestigioso galardón del Consejo Americano de Diseñadores de Moda (CFDA): el Women’s Designer of the Year Award. Irónicamente, fueron los propietarios de Perry Ellis quienes luego lo ayudaron a crear su propia marca. Así, asociado con el financista Robert Duffy fundó Marc Jacobs International Company. En 1994, el ‘gurú del grunge’ presentó su primera colección, con el apoyo de sus amigas Naomi Campbell y Linda Evangelista.

Sin embargo, el gran paso en su carrera vendría de una dirección inesperada cuando en 1998 Bernard Arnault, el poderoso propietario del grupo LVMH, le ofreció crear desde cero la línea de prêt-à-porter para Louis Vuitton. El desafío era enorme. “Yo era un pequeño creador americano, bombardeado a la cabeza de un gigante del lujo, sin ninguna herencia sobre la que apoyarme. Estaba petrificado”, confesó Jacobs recientemente a la revista Vogue de Francia, con motivo de la próxima inauguración. En ese entonces tenía 34 años, por lo que se fue despacio y con cuidado. Intimidado por la fuerza del icónico monograma, apenas se atrevía a usarlo. Con el tiempo, consciente de su fuerza y de su inmediata identificación en los cuatro rincones del mundo, comenzó a sentirse más cómodo y a utilizarlo más libremente, “a celebrarlo”, como él dice. Incluso, ya más relajado y confiado recurrió a artistas de vanguardia como Stephen Sprouse, Takashi Murakami y Richard Prince, que no dudaron en estampar, irreverentemente, grafitis o cerezas en el tradicional grafismo de la casa, colaboraciones de las que se siente particularmente orgulloso. Estas asociaciones entre el arte y la moda alteraron los hábitos de todo un sector para convertirse en un caso de estudio. “Louis Vuitton es un nombre maravilloso. Una marca famosa, única, que continuará existiendo después de mí. Vuitton no es una casa de moda,  hace cosas ‘de moda’. Pero el corazón de la marca no se ha modificado, es inmutable, y mejor así”, afirmó.