Gastronomía

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  • Revista Mujer

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@la comensala
El Ancla

Mi prima Pepa y yo salimos a relajarnos un rato después de una semana agotadora. ¿Quieres unos marisquitos?, le dije. Como su respuesta fue sí, partimos al Ancla, un lugar que me habían recomendado como bueno y barato. Una noche en medio de la semana no es complicado estacionar en la calle Santa Beatriz, buena cosa.

El Ancla es un local sencillo, ubicado en una de esas antiguas casas de Providencia, con algo de señorío aún, como su escalera de mármol. Nos ubicamos en el segundo piso, donde se podía fumar, cosa que la Pepa hace, y como no tenía cigarros, entre que se consiguió uno regalado por ahí y el mozo le fue a comprar, estaba feliz. Compartimos una botella de chardonnay Anakena, que nos tomamos completita casi sin querer. El servicio en este lugar, prácticamente lleno, es superamable y dicharachero, pero nos tocó un poco lento. Por suerte, apuro no teníamos.

Partimos con buenísimos erizos con tostadas (sí, cuando tienen ¡no lo puedo resistir!) y también una porción de ostiones parmesana, que traía 14 unidades, pequeñas pero exquisitas y a punto, no duras. Lo más bajo de la noche fue la empanada de pino de locos, cortados muy grandes y algo duros (cuando están picados más chicos, lo duro pasa piola), y poco sabrosa en general. Pero cuando llegaron los choritos, casi caímos muertas: jamás en mi vida había comido choros más grandes y más ricos, se pasaron realmente, ¡muy buenos! Y el caldito, espectacular, como para morir en paz como dice mi colega Greve. Después de tamaño festín, tuvimos que dejar un par de choros en el plato e irnos sin postre, porque de verdad no nos cabía ni el café. Muy recomendable, sobre todo cuando nos llegó la cuenta. (Consumo: todo lo descrito + 2 bebidas: $28.300).

El Ancla
Santa Beatriz 191, Providencia
Tels. 264 2275 y 235 4749.
Nota: 8/10