Hombres

Gustavo Sánchez

"Claro que me puedes preguntar la edad, pero no te voy a responder", dice con coqueterí­a el puertorriqueño de acento español Gustavo Sánchez, jurado de Mi Nombre Es... El ex mánager de Chayanne también fue camarero, futbolista y estuvo en las filas de la marina de EE.UU.

  • Revista Mujer

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A los 13 años, Gustavo Sánchez tuvo una pelea tonta con su mamá. Agarró una bolsa de ropa y se fue con cinco dólares en el bolsillo. Durmió esa noche en una playa.

Aunque al tiempo se reconcilió con su madre, nunca más volvió a casa…

Al día siguiente pidió techo a un amigo y vio un letrero en un restaurante: ‘Se busca empleado’. “¿Sabes hacer pizza?”, le preguntaron. “Sí”, mintió él. “Empiezas hoy en la noche”.

Esa tarde rogó ayuda a un cocinero que conocía y en un par de horas logró hacer sus primeras masas. Pero esa no fue la lección más importante. “Ese día aprendí que en la vida no se puede mentir”, recuerda.

Otra gran enseñanza la sacó a lo largo de sus inconfesables años. “Soy un destinista. Creo que no porque te levantes más temprano vas a tener más éxito. Todo es cuestión de suerte. La vida me va a llevar donde  me quiera llevar  sin  importar lo que yo espere”, explica convencido.

Su madre es actriz y sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos también eran artistas. “Y yo traté de huir al destino, pero no hubo forma”, concluye quien fuera mánager de Chayanne y escribiera las letras de canciones como Provócame y En el Lugar que tú Estés (dedicada a su hija); luego manejó la carrera de artistas como Ana María Orozco (Betty, la Fea), fue jurado de Latin American Idol y hoy lo es en el programa de imitadores Mi Nombre Es, de Canal 13.

Sigamos con su desafío al destino: No volvió a su casa y tampoco al colegio (terminó el bachillerato con exámenes libres) y después de hacer pizzas trabajó como camarero. También fue guardia de seguridad y desde ahí ascendió a administrador en una discoteca en Puerto Rico. Con lo que ahorró regresó a España (ahí había pasado buena parte de su niñez, por eso el acento) a intentar una vida como futbolista. Lo fichó el Rayo Vallecano. La noche anterior a un importante partido, Gustavo y su compañero de cuarto se escaparon y se fueron ‘de juerga’. Al regresar de la parranda, lo esperaban con sus maletas listas.

La historia sigue con él vistiendo el uniforme de la Marina estadounidense durante cuatro años, tiempo en que estuvo a cargo del canal de TV, del periódico y de la radio de un portaaviones. Y después otra vez rumbo a Puerto Rico, esta vez como dueño de un restaurante al que iban varios artistas, entre ellos Chayanne, cuando aún formaba parte del grupo Los Chicos… Gustavo habla con cariño de su compatriota, pero dice que no se pega con el pasado. Hoy  su ‘hogar’  está en Chile y cuenta que es feliz con su trabajo y con los nuevos amigos que ha hecho.

Una duda que deben tener varios: ¿Cómo cantas? “Terriblemente, fatal. Por eso no lo hago en público. Desafino muchísimo y es algo que no tiene arreglo. Por eso muchas veces les digo a los participantes ‘no sigas en esto’, porque sé que no se aprende. Puedes mejorar, pero si no tienes la conexión del oído con la voz, no hay nada que hacer”.

Gustavo también porfió su suerte en ese punto y tomó clases con ‘el mejor’: Seth Riggs, profesor de canto de Barbra Streisand, Michael Jackson y Chayanne. No hubo caso, porque no tiene el don. Y aunque lo tuviese, no bastaría. Porque él cree que hay una ‘magia’ que solo unos pocos poseen. Y aunque cante pésimo, no se queja porque se considera un afortunado. Cuando era niño y acompañaba a su mamá a actuar a los canales de TV,  El Puma y Raphael lo llamaban ‘Gustavito’. Y es por ese tipo de experiencias que nunca mitificó a los famosos. Solo lo ha hecho con Los Beatles y con Sofía Loren. “Pero mis dos grandes héroes en la vida son Gandhi y Mandela, y no es porque me las dé de intelectual, es porque para mí lo artístico siempre fue el día a día… Haría una gran fila para darle la mano a Mandela”, dice. Y con la buena suerte que tiene, quizás lo haga algún día. Solo si el destino quiere, claro.