Hombres

Marco Turu

En el año 2008 creó el blog The Green Bakery para promocionar su lí­nea de pastelerí­a saludable, pero pronto se largó a escribir reflexiones sobre alimentación sana, publicó fotos de los platos que preparaba y comenzó a tener cientos de seguidores que querí­an comer como él. A través de Twitter hoy entrega recetas minúsculas y comentarios bien sardónicos sobre la industria y la publicidad alimentarias.

  • Revista Mujer

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Fue vegetariano por nueve años, depredador de pasteles, helados y pizzas en Europa durante algunos meses, macrobiótico por un semestre, ayurveda por un breve tiempo, junto con suscribir la dieta del genotipo durante ese mismo lapso. Después de experimentar y de sentirse muy bien y muy mal con estas corrientes tan disímiles, el publicista Marco Turu (30) extrajo algunas conclusiones y creó su filosofía nutricional. Primer principio: en alimentación no se puede generalizar, cada persona es única, por lo tanto ninguna dieta general sirve. Segundo principio: hay que abandonar el trigo, el azúcar refinada y los aceites vegetales, la tríada, según él, de todos los males. Tercero: no hay que ir al gimnasio para quemar calorías, solo basta caminar para recuperar el sentido del movimiento que hemos perdido detrás del computador. Cuarto: no consumir nada procesado cuya etiqueta contenga una larga lista de ingredientes que además resultan impronunciables. Y quinto: cuando cocinas para ti mismo vuelves a poner la salud en tus manos.

“Aprendí que debía botar todas las ideas que tenía en la cabeza y hacer lo que me decía mi cuerpo. Chao con tener religiones alimentarias, porque eso no te lleva a ningún lado. Para saber lo que te dice el cuerpo primero tienes que eliminar las malas señales: si tienes ganas de cucharear un manjar, esa no es una señal del cuerpo. Esa es una adicción a un estilo de vida. Pero para llegar a ese punto tienes que estar como en un lienzo en blanco, volver al estado de equilibrio y de ahí ir probando. Yo lo hice draconianamente y eliminé el trigo, la soya, los aceites hidrogenados y el azúcar, y empecé a alimentarme solo de lo que salía de la tierra, nada envasado”, cuenta Marco, autor de muffins, tartas y galletones hechos con harinas de cereales integrales, sin azúcar refinada y sin ningún producto de origen animal. 

No seguir religiones alimentarias y nutrirse de manera natural le parece un principio tan básico que no comprende por qué a la gente le llamaban la atención las ideas que posteaba en su blog o lo que hoy digita en Twitter (@marcoturu). “No entiendo por qué les resulta tan complicado. Tampoco entiendo por qué a la gente le extraña cuando saben que no tomo bebidas (gaseosas). Para mí es anormal tomar una bebida para quitar la sed, y las personas se vuelven adictas a esas cosas. No entiendo ni siquiera por qué me llaman para hacerme entrevistas, porque encuentro demasiado normal alimentarse así. Es como si me preguntaran: ‘oye, ¿vas al baño?, ¿te lavas los dientes?'”, dice. Y aunque no comprende muchas cosas cree saber el porqué de tanta sorpresa:

“Es heavy cómo la gente dejó el concepto de alimentación y solo piensa en el concepto de comer. Creo que la comida es el sustituto de la vida poco placentera que llevamos; casi todos están trabajando en pegas que no les gustan, quieren tener más tiempo con los hijos para jugar y no lo tienen, entonces el único placer que se pueden dar es con una comida lo más estimulante posible para compensar esa falta de satisfacción”.

Como no quiere dejar de experimentar tiene dos ideas fijas en la cabeza. Quiere trabajar con un hotel boutique donde pueda enseñar a comer sanamente en una especie de retiro alimentario. Y quiere viajar a Mongolia. Sí. A Mongolia. “Los mongoles tienen una salud increíble y todavía mantienen una dieta ancestral, que se basa en carnes y en lácteos, pero no compares su carne y sus lácteos con los del supermercado… Quiero  investigar ese tema. Ese es mi sueño: ver cómo estas sociedades aisladas se mantienen con tan buena salud”.