Moda

La unión hace la moda

Cinco conocidas diseñadoras independientes se unieron para crear Grupo Factorí­a Valparaí­so, iniciativa que busca dar fuerza al diseño porteño y que pronto se abrirá también a otros creadores de moda.

  • Revista Mujer

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Esa noche, cinco conocidas diseñadoras de Valparaíso transpiraron helado. Habían postulado a un fondo regional colaborativo de Sercotec (Servicio de Cooperación Técnica, organismo estatal) y al día siguiente debían defender su proyecto ante un exigente y cuestionador panel de expertos. Tendrían que hablar de finanzas, sin saber más de ello que lo aprendido en sus tiendas y marcas de diseño. Tendrían que discutir sobre sus proyecciones de negocio, sin ser ingenieros comerciales. Y competirían con proyectos ligados a la hotelería, el cine y otros rubros tan importantes para el desarrollo de Valparaíso como su propuesta, que busca potenciar el circuito de diseño que se ha instalado en los cerros Alegre y Concepción.
 
Les fue bien. En gran medida, porque no se trata precisamente de primerizas. Pitti Palacios (33) es una de las pioneras en el área del diseño textil, es docente del Instituto Profesional Duoc UC y ha participado en ferias internacionales como Colombiamoda. Rocío Peters (32) creó la marca Laboratorio Textil, conocida por sus collares de lana enrollada, su ropa en patchwork y su línea de gorros de lana para hombres (Yelmo) inspirados en la estética medieval. Keitty Álvarez (28) trabaja el reciclaje con su marca Humita, que ofrece “puras cosas pequeñitas”, según explica ella misma, elaboradas con PVC reciclado en que la incorporación de ilustraciones (es diseñadora gráfica) es central. Carmen Eva (36) trabajó mucho tiempo con la marca iFelt y hace un trabajo muy interesante en el que el fieltro asume una sutileza pocas veces vista. Además, acaba de recibir el premio Janome-Anilinas Montblanc al mejor showroom del Festival Raíz Diseño. Y Carola Arias, periodista de profesión, ha ganado un nombre en el diseño porteño con su tienda Bazar La Pasión, que partió como un taller de restauración de muebles y hoy ofrece también ropa comandada por el concepto del slow fashion, suya y también de otros creadores. ¿El mejor ejemplo? Su colección de abrigos elaborados con sacos de harina.

Las cinco se fueron conociendo de a poco, unidas por su amor a Valparaíso, ciudad en la que no nacieron (Rocío es de Coyhaique; Keitty, de San Antonio, y el resto, de Viña de Mar) pero que aman por su vida de barrio, su ritmo a escala humana, su mezcolanza de gente, su constante estímulo a la creatividad, su centralidad (llegan rápido a Santiago cuando es necesario) y, sobre todo, por haberlas acogido.

Coincidieron en una de las primeras ferias de diseño independiente que se hizo en el Puerto (Al Borde Diseña, realizada el año 2006 por la escuela de danza Escena Al Borde) y desde entonces se han mantenido en contacto, trabajando cada una con su marca por separado. Hasta ahora. Desde septiembre, las cinco están unidas en un proyecto que bautizaron como Factoría Valparaíso, sin dejar de lado, por supuesto, sus proyectos personales. Para ello recibieron de Sercotec un fondo de 30 millones de pesos, un tercio del cual se invirtió en la creación de sus propias colecciones, mientras que el resto se destinará a difusión, marketing, participación en ferias y eventos y asesorías comerciales. ¿La idea? Posicionar a Valparaíso como un referente en el diseño de vestuario y decoración, crear una plataforma que ayude a exportar este concepto y seguir apoyando el emprendimiento de calidad.

“La Factoría es como un apellido para nuestras marcas, que nos ayuda a meter más ruido. No estamos juntas porque seamos amigas, sino porque valoramos el trabajo de las otras y queremos estar a su altura. Estamos en la misma parada. Para todas hacer diseño es un esfuerzo, porque muchas tenemos hijos, y varias, trabajos paralelos”, acota Rocío. Y agrega, entusiasmada, que la idea es que después se sumen a esta factoría otros diseñadores que ofrezcan altos estándares de calidad y un diseño con identidad porteña. Pronto abrirán una convocatoria en su página (www.factoriavalparaíso.cl) para que se sumen nuevos talentos. La página también informa sobre una de las primeras actividades de la Factoría: un concurso de diseño de bolsas ecológicas, abierto a estudiantes, que se usarán en los stands del grupo. Su ganador se conocerá por estos días.

Pero ¿qué es esto de diseño con identidad porteña? ¿Qué tiene la creatividad nacida en los cerros del Puerto que no tenga la de otras ciudades?

“En Valparaíso no hay miedo a parecer diferente o a estar o no estar dentro de las tendencias. La ciudad tiene su propio modo de ser y eso permite que uno, como diseñadora, se sienta parte de un sistema diverso y único”, aventura Pitti Palacios. Rocío agrega que el diseño porteño es femenino, recurre bastante a la reutilización, y ofrece una estética entre romántica y bohemia. Carmen opina que una característica central es el uso del color, vivo y  juguetón, y la utilización de materiales nobles. Y Carola asegura que en Valparaíso “hay historias, leyendas, conglomerados de culturas que se fusionan para dar nuevas respuestas”.

Pero hay también un dato no menor. El circuito de diseño de los cerros de Valparaíso debe ser uno de los pocos centros comerciales del mundo donde la Navidad no es una buena temporada. ¿Y por qué? Porque, según explican estas diseñadoras, en esa fecha la gente del Puerto va a comprar al plano, no sube. Y los turistas santiaguinos o extranjeros, que son su principal clientela habitual, no se dejan caer en demasía (hasta que llega el apoteósico Año Nuevo en el Puerto, claro).

“Queremos que se entienda que no hacemos souvenirs para turistas, sino ropa y accesorios para mujeres ejecutivas que necesitan verse bien, que buscan algo original y valoran lo sustentable, el reciclaje, la innovación y el producto no seriado”, concluye Rocío. “Lo que queremos es que el diseño de los cerros sea una parada obligatoria que la gente identifique con Valparaíso”. Así como la Sacher Torte de Viena, el Café de la Paix de París, los chocolates de Bariloche.