Hombres

Nicolás Bottinelli

Hasta hace poco formó parte de la compañí­a francesa Royal de Luxe, como uno de los actores que manipulaban a la Pequeña Gigante. Hoy dedica todo su tiempo a Los Pata 'e Cumbia, banda de la que es su vocalista-animador. Con sus compañeros canta cumbias arrancheradas, otras con cadencia de bolero y unas bien acuecadas, o sea escritas y fraseadas como si fueran una cueca.

  • Revista Mujer

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Si a Nicolás Bottinelli (34) le preguntaran cuál es su profesión, dudaría un poco en responder. Podría decir solo comunicador social (eso consigna su título) o demoraría y entregaría una larga lista de oficios. Diría: “acróbata, malabarista, clown, actor autodidacta, teatrista callejero, iluminador, montajista, cuequero aficionado, compositor, cantor de cabaret, profesor de técnicas circenses, instructor de yoga, guitarrista, manipulador de marionetas de gran tamaño y vocalista de un grupo de cumbia. Lo diría casi en el mismo orden en que los ha ido ejerciendo y extendería un mapa para situar sus aprendizajes: apuntaría Brasil como su cuna circense, bajaría hacia Santiago para marcar sus inicios actorales, señalaría Tardes, una localidad al sur de Francia, como el territorio donde se lanzó como clown itinerante, e indicaría París como la síntesis entre su perfeccionamiento vocal y su madurez teatral, tras integrarse primero a la compañía Gran Reyneta y luego al Royal de Luxe, colectivo en el que trabajó desde las alturas con la Pequeña Gigante, esa impresionante marioneta que lo hizo recorrer decenas de ciudades europeas y latinoamericanas entre los años 2007 y 2011. 

Y si le consultaran por su estado laboral del momento, Nicolás Bottinelli marcaría la ciudad de Nantes, también en Francia, como símbolo del fin de una época. En junio pasado, y mientras cerraba la primera gira europea de Los Pata ‘e Cumbia, manipuló por última vez la pierna derecha de la muñeca francesa. Era el término de su doble militancia músico-actoral y el inicio del tiempo exclusivo para la banda fundada el año 2009 por el actor Felipe Hurtado y el músico Martín Benavides, y una de las tantas que se integraron al movimiento cumbiero iniciado por Chico Trujillo en el año 2001. “Fue como dejar algo que uno quiere mucho”, dice.

Vocalista-animador. Así define su participación en el grupo que también integran Joel Becerra, Gabriel Díaz, Alejandro Guzzoni y Sergio Massardo, y que comenzó haciendo covers de los años 60 en una fiesta en la calle San Diego. “Al principio estábamos empaquetados, como elegantes, pero ahora nos dejamos patillas, usamos poleras y empezamos a incluir nuestras canciones”, cuenta. Suya, por ejemplo, es Delincuente, que habla de los 4 millones de chilenos que están registrados en Dicom. Cumbia fiestera y romántica, pero también social, un estilo que ellos han denominado ‘ritmo cojo’. “No solo estamos cojos del corazón, sino que vivimos en un país cojo, donde los estudiantes, con las deudas que tienen, salen cojeando al mundo laboral… Por eso vamos a las marchas, para escuchar lo que está pasando”.    

Cumbias arrancheradas, otra charangueadas, varias aboleradas, alguna más parecida a una cantata. De todo hay en el repertorio de la banda, incluida una ‘cuecumbia’ escrita por Nicolás. “Creo que la cueca sintoniza superbién con la cumbia, porque aunque sea colombiana está instalada en Chile. Típico que nuestros papás bailaban cumbia para el Año Nuevo y uno estaba muerto de sueño, y ellos tataritatarí… Desde que tocaba cuecas las agarraba y les cambiaba el ritmo y las cantaba como cumbia. Hace tiempo que le vengo diciendo a todo el mundo que hay que hacer cuecumbia, porque se presta para un lenguaje común”.