Hombres

Alan Pauls

El narrador argentino está concentrado en la última fase de escritura de su novela Historia del Dinero, tercera entrega de su trilogí­a conformada por Historia del Llanto e Historia del Pelo. Está concentrado, sí­, pero le gusta tanto el cine (conduce el programa Primer Plano en I-Sat) que es capaz de hacer una pausa para cruzar hasta Santiago por tres dí­as para hablar sobre la relación entre cine y ciudad en un seminario organizado por la Facultad de Arquitectura de la UC.

  • Revista Mujer

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Probablemente el director chileno Silvio Caiozzi no lo sepa, pero su película La Luna en el Espejo, filmada en 1990 en Valparaíso, activó un deseo en el escritor, crítico y guionista de cine Alan Pauls (52). “Una de las cosas de las que vine a hablar es de esas cualidades que tiene el cine: de volver deseables las ciudades. Cuando vi esa película deseé Valparaíso”.

¿Por qué se te hizo apetecible? Me gusta la idea de una ciudad vertical, me parece una cosa muy extravagante, y siempre me atrajo esa especie de decrepitud. Me parece increíble cómo se conserva Valparaíso; cuando estuve en enero me dio la impresión de que aun siendo un destino turístico no estaba estúpidamente embellecida. Hay un estancamiento en el tiempo, una melancolía, una precariedad que es absolutamente perfecta para mí.

De Santiago como espacio cinematográfico solo recuerda un registro. “Es que no llegan muchas películas chilenas a Buenos Aires”, se excusa. “Hace poco vi la de (Pablo) Larraín, Tony Manero. Hay algo muy impresionante y que me dio un poco de escalofríos… La ciudad está bien pensada en el sentido de que es un lugar completamente desierto; cada vez que los personajes salen a la calle están en constante peligro. Las calles son parecidas; es como la idea de una ciudad ratonera”.

La Vida Nueva, de Santiago Palavecino, y Cassandra, de Inés de Oliveira Cézar, son las dos cintas argentinas que Alan Pauls, sin ser actor, protagonizó en 2011. En la primera interpreta a un veterinario rural y en la otra a un editor que debe ir en búsqueda de una periodista que se pierde en la zona de El Chaco. “No elegí trabajar como actor, sino que hubo dos directores que aprecio y respeto, que creyeron de una manera descabellada que yo podía funcionar dentro del marco de la película que estaban imaginando. No soy actor. No me creo un actor, simplemente lo que hice fue entregarme al deseo de ellos, confiar en ellos y pasarla bien. ¿Viste cómo en los conciertos (los cantantes) se tiran del escenario y los fans lo sostienen? Para mí fue eso: una experiencia riesgosa”.

La Vida Nueva debiera estrenarse en 2012, el mismo año en que está planificada la aparición de Historia del Dinero, novela sobre la vida económica en Argentina durante los años 70.

En Chile estamos sobreendeudados, ¿qué relación tienen ustedes con el dinero? No tenemos esa ficción del crédito. Crédito quiere decir creer, y hay todo un sistema de creencias que sostiene, en cierto sentido, un sistema económico. Apenas el sistema de confianza hace agua, el sistema también hace agua. Desde que tengo uso de razón nunca pedí un crédito, ni siquiera uno personal; alguna vez estuve tentado en pedirlo para contribuir a comprar un departamento, pero no lo hice. Dije: ‘¿cómo puedo entrar en una lógica que me compromete de aquí a 25 años?’. En la Argentina vislumbrar tu vida atada a una cuota mensual durante 25 años es totalmente inconcebible… Yo creo que la ficción económica que funciona entre nosotros es el consumo; es algo más cortoplacista, porque ahí no te pueden engañar. Los argentinos todavía creemos que un crédito es como el eufemismo de la estafa.