Moda

Armoní­a en el desequilibrio

Mangas de chaquetas que se convierten en faldas. Vestidos que se usan como bufandas. Siluetas de apariencia inestable. Terminaciones intencionadamente mal hechas. Aunque se asocia principalmente con el movimiento arquitectónico que nació en los años 80, la deconstrucción también se utiliza, y mucho, en la moda como una manera de comunicar la necesidad de generar rupturas.

  • Revista Mujer

Compartir vía email

Los más interesante de la deconstrucción en la moda, sobre todo, en América Latina, es su capacidad de hacer evidente el desequilibrio interior y, en los momentos actuales de revolución social, el desequilibrio en las estructuras”. Laura Novik, consultora de moda.

Los años 80 están de moda, pero no solo porque se usen las anchas poleras de corte crop (esas que casi dejan el ombligo casi al aire), los tonos neón y las hombreras. No. También hay otra corriente nacida en aquellos tiempos que hoy goza de popularidad: la deconstrucción.

El término surgió en Estados Unidos y Europa con un hecho puntual: la exposición Arquitectura Deconstructivista, que se realizó en 1988 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Ahí, los arquitectos estadounidenses Philip Johnson (1906-2005) y Peter Eisenman (1932) presentaron una corriente opuesta al racionalismo que por entonces imperaba, con la inestabilidad estructural como carta principal. ¿Qué significa esto? Que la fragmentación, la fractura y el desbalance se convirtieron en la moneda más deseada de una arquitectura que hasta entonces buscaba justamente lo contrario: la corrección, las líneas rectas, la sensación de firmeza.

Las ideas del conocido filósofo franco-argelino Jacques Derrida (1930-2004), de fuerte influencia en aquellos días, fueron el marco teórico perfecto para esta visión crítica hacia lo establecido. Derrida, entre otras cosas, decía que había que analizar las palabras (y por, ende, las ideas), cuestionándolas y evidenciando su falta de estabilidad, para dar forma a una “lógica paradójica”; una lógica que va en contra de la razón.

Estos provocativos conceptos prontamente encontraron su expresión en el mundo del diseño, dando lugar a prendas en las que el factor sorpresa es fundamental. Los primeros modistos que trabajaron con estas ideas fueron los japoneses Yohji Yamamoto y Rei Kawakubo. Yamamoto alcanzó la fama por el uso de asimetrías y terminaciones intencionalmente a medio hacer. Rei experimentó con tejidos de punto agujereados, lo que obligó a los consumidores a preguntarse cómo una prenda hecha para abrigar puede tener hoyos por los que entra el frío. Algo que hoy se usa mucho incluso a nivel masivo, pero que hace 20 años era casi herejía.

“Yamamoto y Kawakubo presentaron prendas de apariencia destruida o sin terminar, en lo que llamaron ‘boro look’ o ‘look harapiento. Hoy, esta apuesta ha resurgido con los Poorgoise, burgueses que cultivan la modestia (el abajismo, como diríamos en Chile), nacidos con la última crisis de la bolsa. Son descritos como ‘ricos-anti ricos’ ya que, si bien consumen y visten a la moda, a primera vista dan la apariencia de llevar ropa ultrausada o vieja. El reducto de estos ‘abajistas chic’ es el Dover Street Market, en Londres, donde tiene su tienda Rei Kawakubo”, acota Laura Novik, consultora de moda y conferencista internacional en temas de diseño.

Otros diseñadores que comulgaron con la deconstrucción a fines de los 80 y comienzos de los 90 son Jean Paul Gaultier y Vivienne Westwood, quienes trabajaron a partir de la ruptura de las estructuras clásicas de las prendas. La Escuela Superior de Amberes, en Bélgica, fue también un importante polo de difusión para esta manera de mirar la moda: en las aulas del departamento de moda de Hogeschool Antwerpen se formaron Dries Van Noten, el genio de los estampados en mezclas inmezclables, y Martin Margiela, quien, entre otras ocurrencias, llevó al exterior las costuras de las prendas.

“Para muchos el deconstructivismo se ha convertido en un mero juego formalista, alejado del discurso reflexivo y teórico que le dio sustento inicial. Otros lo entienden como una expresión de la cultura contemporánea; un caos en sutil control. En América Latina la sensación de inestabilidad es común, por lo que esta corriente suele encontrar diseñadores que trabajen con ella”, concluye Laura Novik. En Chile, hay al menos tres: Juana Díaz, Juan González (creador de la marca Martín J) y Antonio Contreras, con su etiqueta A de Antonio. Y todos comparten una idea: los diseños no tienen por qué ser como se supone que tienen que ser.

JUANA DIAZ, PIONERA
Con 42 años, 20 en el mundo del diseño y una larga vida en la docencia, Juana Díaz es uno de los nombres de más peso en la moda independiente chilena. La deconstrucción la ha acompañado, casi como un emblema, desde el comienzo, cuando desarmaba ropa usada y luego utilizaba cada pieza de la prenda original para crear nuevas prendas, todas muy originales. Hubo mangas, por ejemplo, que se transformaron en faldas. Luego siguió su camino rompiendo la lógica estructural de las prendas, con ideas tan novedosas como cambiar la ubicación de los hombros de una chaqueta.

Por estos días, Juana está abocada a su proyecto Telas del Futuro, en el que va más allá de la fragmentación a nivel de diseño para deconstruir las materias primas. Con el fin de atenuar el daño ambiental producido por la industria de la moda, Juana recupera retazos y los cose entre sí, de manera muy visible, hasta dar forma a una nueva tela, completamente única e irrepetible. “Su trabajo ha llegado al paroxismo de la fragmentación textil”, acota Laura Novik. El proyecto fue premiado en la II Bienal Iberoamericana de Diseño, celebrada a comienzos de año en Madrid. ¿Y dónde se compran estos vestidos, chaquetas, chalecos y faldas? Solamente en su casa. www.juanadiaz.cl.

MARTÍN J 
“Arquitectura textil ingeniosa” es el término que Juan González (31), dueño de la marca Martín J, escoge a la hora de describir su propuesta dirigida a hombres y mujeres en la que abundan el juego con retazos y fragmentos textiles. “Básicamente, trato de proponer una idea fresca en cada prenda, para generar una sensación interesante donde la mezcla de texturas, los recursos de confección, las técnicas mixtas y las gamas cromáticas sirvan para ofrecer rica información visual. La idea es que cada pieza de vestir sea una pieza de arte propia y libre”, explica.

Este amante de las formas y coloridos inesperados, que cuestionan los formatos tradicionales del vestir, comenzó a trabajar el año 2001 y participó en algunos de los proyectos más importantes de la escena local de diseño independiente de comienzos de siglo, como las tiendas Grupo Anti Mall y Hall Central. El 2007 se fue a Madrid, donde cosechó varios éxitos: fue invitado a participar en algunas muestras de diseño, compartió tienda con la marca independiente alemana Caro Cora y distribuyó sus prendas en tiendas en Madrid, Barcelona, Cádiz y París. Sin duda, su mayor logro fue haber presentado un desfile en Ego, la pasarela para talentos emergentes de Cibeles Madrid Fashion Week. Ya de regreso en Chile ha desfilado para Vanguardia Made in Chile y acaba de participar en una exhibición organizada por Raíz Diseño en Baf Week, la semana de la moda de Buenos Aires, donde mostró un vestido que nace de otro vestido, en un ejercicio de torsión que descubre pliegues y asimetrías. Mientras tanto, vende su ropa en la tienda Hall Central.

ADEANTONIO      
Con apenas 24 años, Antonio Contreras, estudiante de diseño industrial, es uno de los talentos más jóvenes de la moda local. Su marca nació recién en el 2010 y se hizo conocida a comienzos de este año, gracias a su participación en un desfile que el blog Vistelacalle realizó en el evento Viña D Moda, en febrero. Ahí llamó la atención por su propuesta, entre arácnida y medieval, con el negro como único color posible y el tejido de punto como textura predilecta.

“Me fijo en gestos simples, como cuando la gente utiliza un chaleco como bufanda y le da nuevos sentidos a las cosas. Me gusta esa capacidad, curiosa y hábil, que tiene el ser humano para reparar y reconstruir su entorno”, cuenta, cuando se le pregunta por su afinidad con la deconstrucción. Confiesa, además, que le gusta buscar la perfección a través de lo imperfecto, alterar la materialidad a través de la forma, cuestionar el uso habitual de los insumos y despertar con sus creaciones una sensualidad “asexuada, un tanto oscura, sofisticada y contradictoria”.

De momento, AdeAntonio se puede comprar en Hall Central. Pero su gestor confesó al blog Quintatrends que en el futuro piensa irse a estudiar algún tipo de posgrado fuera de Chile. Promete volver, eso sí. Hay muchos que lo van a estar esperando.