Hombres

Tomás Fabres

Es abogado y director ejecutivo de la Fundación Chile Ciudadano, que representa a 20.564 chilenos cuyos derechos fueron vulnerados por altos funcionarios de La Polar. Desde que el delito se hizo público se convirtió en una de las voces más requeridas para entender las implicancias del caso. "No negocien", fue su proclama desde el inicio del conflicto.

  • Revista Mujer

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Pudo ser arquitecto, pero no quiso. Pudo ser guitarrista clásico, pero no pudo. O intérprete de viola, pero lo descartó. No quiso, no pudo y lo descartó, es cierto, pero lo intentó: a los 16 años se matriculó en Arquitectura y en segundo año de la carrera se retiró abrumado -cuenta- por la libertad de pensamiento que se vivía en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso. Y aunque Tomás Fabres (49) sabía que la guitarra clásica era un instrumento casi inmanejable por él debido a un problema articular en sus piernas (tuvo osteomielitis tífica cuando niño), se inscribió en la Escuela Moderna de Música y persistió. “No podía mantener la posición que exige la guitarra y me armé una especie de prótesis con una esponja. Estudié tres años con bastante ahínco y, finalmente, tuve que dejarla por problemas en la espalda”, explica.

Vino el enroque con la viola hasta que reparó en algo: “Tenía 20 años y de niño estrella me estaba transformando en niño retrasado”, ríe. Entonces, analizó la oferta académica de la época y pensó que de toda la lista solo podía estudiar Filosofía o Leyes. “¿Filosofía? No, otro caldo de cabeza”, reflexionó, y optó por Derecho. “Fue una decisión acertadísima”, aunque, después, porfiado, tomó cursos de filosofía antigua. Era 1984.

Veinte años después de esa voltereta, Tomás Fabres dio otro brinco: junto a su socio Fernando Arancibia y otros profesionales creó la Fundación Chile Ciudadano, organismo que hoy representa a 20.564 clientes de La Polar, cuyas deudas fueron repactadas sin consulta. ¿Qué buscaban en sus inicios? “Dijimos: ‘vamos a elegir temas relevantes para la población, y nos pondremos al servicio de las personas, pero con ciertas reglas: la mejor calidad en el servicio; no somos sustitutos de los abogados particulares y no estamos en la industria de la caridad; son las personas las que tienen que resolver sus problemas con nuestra ayuda. El protagonismo es de ellos. Hemos ganado todos los casos, salvo uno”, cuenta y aclara que son los infractores y no sus representados los que pagan los gastos.

“Tengo una anécdota”, dice Tomás Fabres cada tanto y suelta tenebrosas historias de abusos económicos en las que Chile Ciudadano ha asumido la defensa de las víctimas, como el negocio de las sepulturas que de un día para otro dejan de ser perpetuas, o de las viviendas pareadas que cuestan entre 1.000 y 1.200 UF, descritas por él como casas tipo “chacotero sentimental”, o sea, donde se escucha lo que ocurre en el dormitorio de al lado.

Desde que reventó el escándalo de La Polar trabaja unas catorce horas diarias, además de los fines de semana. Y eso sin dejar de atender sus litigios particulares. “Cuando aparecen estos problemas me viene una carga de energía impresionante, que me da para esto y mucho más”, comenta aunque admite que esta sobreexigencia tiene un costo alto, especialmente para sus seis hijos y su mujer: “Un día un amigo me preguntó ‘¿qué quieres de tus hijos?’. Yo le respondí ‘que sean buenos ciudadanos para este país’. Él me dijo ‘mira, lo más probable es que tus hijos odien esto, porque todo lo que le das a la causa se lo quitas a ellos. Ojo con el exceso'”. Para contrarrestar el poco tiempo que pasa en su casa ñuñoína, la familia se levanta muy temprano, desayunan por largo rato y conversan de todo, incluso de por qué no es trascendente que el papá salga en televisión. “Esto solo es posible si los que están contigo conciben que es una cuestión que va más allá de ti mismo”, dice y a los pocos minutos se marcha a su oficina de la calle Huérfanos, donde ya hay víctimas de La Polar esperándolo.

“No somos sustitutos de los abogados particulares y no estamos en la industria de la caridad; son las personas las que tienen que resolver sus problemas con nuestra ayuda”.