Hombres

Rodrigo Muñoz

Le hubiese gustado actuar en tragedias, pero el destino dijo otra cosa. Quizás es su cara -"de estúpido", bromea él- o tal vez tiene que ver con el tono de su voz. Quién sabe por qué será. La cuestión es que sale a escena y el público suelta carcajadas. En algún momento fue un 'drama' contar con esta capacidad natural de hacer humor. Ya no. Ahora se rí­e nomás... como todos.

  • Revista Mujer

Compartir vía email

Dos hitos ayudan a entender lo que pasa con Rodrigo Muñoz (41 años).

El primero: es necesario ubicarse unos 11 atrás. El respetado director Adel Hakim se agarra la cabeza tratando de entender qué falló. Durante varias semanas ha ensayado con Muñoz La Controversia de Valladolid. El actor ha seguido las instrucciones al pie de la letra para interpretar a un malvado español, de esos que el público puede odiar en segundos. Hakim encuentra que le queda perfecto el papel. Pero en el estreno Muñoz sale a escena, y aunque hace exactamente lo que le pidieron, la gente se mata de la risa. No lo desprecian, lo quieren.

Para el segundo hito hay que retroceder varios años más: Muñoz estudia en la Escuela de Teatro de la UC y asiste a la conferencia de un director inglés que expone acerca de lo mucho que le importa hablar de la familia en su obra. Muñoz pide la palabra y pregunta: “Si usted viaja tanto por el mundo presentando este trabajo, ¿a qué hora ve a su familia?”. Risas por montones, pero él lo preguntaba en serio, porque de verdad tenía esa duda. “Dicen que a Molière le gustaba hacer dramas y no le salían. Pero yo ya estoy asumido totalmente”, explica el actor, y reconoce que al principio fue difícil aceptar este don de comediante. Porque, claro, como la mayoría de sus colegas quería hacer dramas y tragedias (de preferencia Shakespeare), y luchar con ese payasito interior no fue una cuestión para la chacota. “Cuando era más joven y estaba probando decía ‘a lo mejor no sirvo’, pero ya no pienso eso. Ahora soy feliz con mi trabajo y siempre trato de hacer una comedia inteligente”, cuenta poco antes de que comience una de las funciones de Estúpido, una obra donde, a veces sin hablar, gracias a un simple gesto, logra risas en el público. “Yo lo digo como broma, pero también es un poco cierto: creo que me llamaron a hacer esta obra porque tengo el perfil de estúpido. No es que lo sea, pero tengo un poco la cara, igual eso funciona. ¡Te lo juro!”, dice.

La verdad es que él no tiene un pelo de tonto, pero sí se ha vuelto un poquito tramposo. ¿Ejemplo? Con su compañía Chilean Business (con la que ha montado Tengo Miedo Torero, De Perlas y Cicatrices y Cristal tu Corazón) quieren hacer una nueva obra basada en un texto de  Pedro Lemebel. “Pero tenemos que buscar un tema distinto, porque siento que hay que engañar un poco al público. Si hoy en día presentas un teatro político, la gente ya no va como antes. El público tiene que pensar que es una cosa y uno le pasa por debajo el mensaje. Como pasaba con la obra Impotentes (de su otra compañía, Gran Elenco), las personas llegaban creyendo que era sobre la impotencia sexual, pero era sobre la impotencia social. Finalmente se reían y se llevaban un contenido”, dice.

Por lo mismo, a Muñoz no le gustan las comedias livianas: “Le hacen daño al teatro. Las cosas herméticas y demasiado abyectas también le hacen mal, porque la gente deja de ir. Creo en los puntos medios, no me gustan los extremos”, explica quien también es uno de los guionistas de Aquí Mando Yo, la nueva teleserie vespertina de TVN. Fue él a quien se le ocurrió proponer un personaje popular al estilo Moya Grau. Se llama Arnaldo Grez y es un tipo medio pelado que vende pelucas y que tiene una regia novia argentina a la que todos envidian. Cuando se hizo el casting para buscar a la actriz, Muñoz encarnó a Arnaldo. Era solo para la prueba, pero hizo reír tanto a sus jefes que le pidieron que de ahí en adelante escribiera menos escenas, todo con tal de que fuera él quien lo interpretara. Aceptó, claro. Sin dramas. Con la cara llena de risa.

“Si hoy en día presentas un teatro político, la gente ya no va como antes. El público tiene que pensar que es una cosa y uno le pasa por debajo el mensaje”.