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ZENOBIA CAMPRUBí

Agosto 1887 - Octubre 1956. Fue una mujer entretenida, culta, alegre e inteligente. Le gustaban la buena vida y la compañí­a de sus amigos. Pero dejó de lado su mayor talento, el literario, para entregarse abnegadamente a su marido, Juan Ramón Jiménez. Hizo del poeta la razón de su vida.

  • Revista Mujer

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Se casaron en 1916, y hasta su muerte cuarenta años después, Zenobia fue la compañera perfecta. Vivió absolutamente convencida de la genialidad de la obra de Jiménez, por lo que no le importó estar siempre en segundo plano. Ni siquiera se lo cuestionaba.

Xenobia nació en la costa catalana, en el seno de una familia culta y rica. A los nueve años viajó a Nueva York, acompañando a su madre tras su separación. Estudió en Columbia, participó en actividades literarias, viajó por todas partes y se impregnó de las corrientes feministas que estaban recién surgiendo.

Fue de vuelta en España, a sus 22 años, cuando Zenobia y Juan Ramón se conocieron. Él se obsesionó con ella. Le escribía las cartas más apasionadas, la perseguía, la acosaba. Casi un año después, ella sucumbió a este poeta enamorado. Y la historia cambió  totalmente. Zenobia fue dejando de lado su trabajo de traductora para dedicarse exclusivamente a atender a su marido. Hizo de su vida la suya. Fue su secretaria, su enfermera, su editora y su amante. Se hacía cargo de todos los proyectos del poeta, y cuando la plata escaseaba, se las ingeniaba para que eso no fuera problema. Así fue como llegó a decorar departamentos para arriendo e incluso a instalar un negocio de artesanía popular. Además participaba en actos culturales y colaboraba en todo tipo de actividades feministas. Y cuando podía, pasaba tardes en las cárceles de mujeres enseñando a leer y escribir a las reclusas.

Zenobia era una mujer llena de vida, risueña y optimista. Él, en cambio, era un tipo difícil, huraño, enfermizo y depresivo. “Es mi queridísimo, aunque me vuelva loca”, confesó ella.

La pareja decidió autoexiliarse durante la guerra civil. Se instalaron en La Habana, donde ella comenzó a escribir sus memorias, tres fascinantes tomos titulados simplemente Diarios. También vivieron en Nueva York, en Miami, en Washington y en Buenos Aires, para radicarse definitivamente en Puerto Rico, donde el cáncer que arrastraba hace tiempo terminó por vencerla. Zenobia murió tres días después de enterarse de que su marido había recibido el Premio Nobel de Literatura. Fue su última alegría.

Se hacía cargo de todos los proyectos del poeta, y cuando la plata escaseaba, se las ingeniaba para que eso no fuera problema. Así fue como llegó a decorar departamentos para arriendo e incluso a instalar un negocio de artesanía popular.