Hombres

Enrique Paris

Con una voz apacible, este doctor es capaz de explicar, muchas veces al alba en los matinales de TV, desde los peligros detrás de la picadura de un insecto hasta el brote del último virus de la temporada. Como nuevo presidente del Colegio Médico de Chile su propuesta, dice, es acortar las distancias entre paciente y médico.

  • Revista Mujer

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Ya habíamos pasado por la presentación inicial, habíamos conversado sobre su rol como nuevo presidente del Colegio Médico y él me había sincerado que le dolió que durante la campaña lo tildaran de ‘farandulero’. Todo dentro de lo esperable, hasta que llegamos a la pregunta “¿doctor, usted siempre quiso estudiar medicina?”. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Contenido pero emocionado me contó que detrás de esa decisión estaba su madre, quien acaba de fallecer a los 94 años. Murió el mismo día en que su hijo ganó las elecciones para presidir la institución médica. Mientras me va relatando la historia puedo imaginármelo perfectamente en la botica de esas ‘a la antigua, de barrio’ que tenía su madre en Angelmó. Ahí se entretenía haciendo sus propias fórmulas y jugando al laboratorio. En esos tiempos Enrique Paris, ahora de 62 años, era el serio del curso, el tímido, el primer alumno.

Cuando tuvo que elegir una carrera, Medicina (en la Universidad Católica) era la opción más lógica, aunque eso significara venirse solo a Santiago. Vivió en la residencial universitaria Cardenal Caro. En ese entonces ya se podía reconocer por su interés en participar en todas las organizaciones que lo rodeaban, desde eterno candidato a presidente de curso (nunca ganó) hasta líder de la tropa scout. Una vez terminada la carrera y después de varios periodos  como médico general de zona en diferentes centros hospitalarios de Chiloé, encontró su vocación por la pediatría. Treinta y cinco años después aún recuerda los niños que murieron estando él a cargo de hospitales rurales. “En esos tiempos incluso una diarrea podía ser causa de muerte”, cuenta, nuevamente emocionado.

Muchos años después la TV lo tentó. Comenzó con Eli de Caso en los tiempos “cuando no se hacía casting”. Guarda los mejores recuerdos de esos primeros programas. “Me enseñó mucho; la Eli sabía muy bien cómo comunicar y emocionar a la gente. Al aire era todo sin pauta, la gente te llamaba y tenías que responder sobre cualquier tema en el minuto. Fue un entrenamiento muy útil”. Después de esa experiencia continuó como panelista en el programa de Andrea Molina, donde se enfrentó a un caso que hoy vuelve a ser noticia: los problemas de salud de los habitantes de la villa Estaciones Ferroviarias, en Puente Alto, que fue construida sobre un antiguo vertedero. En ese minuto, explica, el estudio en el que él participó no arrojó pruebas contundentes de contaminación, pero ahora, frente a las evidencias de nuevos brotes del síndrome Guillain-Barré, dice, es importante que las autoridades, incluyéndolo, “vuelvan  a escuchar a la gente, atiendan sus reclamos y busquen soluciones”.

Su vocación social fue lo que lo incentivó a presentarse en la pasada elección a la presidencia de Colegio Médico de Chile. ¿Su objetivo? Acortar las distancias entre médicos y pacientes. “Quiero que rescatemos al paciente como aliado y no que él sienta al doctor como una autoridad inalcanzable. Por eso ya les he pedido a mis colegas, y les voy a seguir diciendo, que se den su tiempo, que saluden de mano y que miren a los ojos”, asegura. A esa tarea se va a dedicar con todo desde este mes, aunque no dejará su labor en el CITUC (Centro de Información Toxicológica de la UC) ni su consulta privada. También seguirá cultivando árboles nativos en su parcela en el sector de La Campana, con su afición por los libros antiguos y con su gusto por la literatura de Marguerite Yourcenar. ¿Y la televisión? Dice que se le verá menos, pero sobre todo para que “surjan nuevas voces, nuevos comunicadores”.

“Ya les he pedido a mis colegas, y les voy a seguir diciendo, que se den su tiempo, que saluden de mano y que miren a los ojos”.