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TAMARA KARSAVINA

Marzo 1885 - Mayo 1978. Célebre por su belleza y  talento, se convirtió en la bailarina principal del Ballet Imperial del Zar, mostrando a Europa su calidad y  estilo. Hay quienes la califican como un 'fenómeno brillante'. En el competitivo mundo del ballet fue admirada por todos.

  • Revista Mujer

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Fue una de las bailarinas más importantes en la historia rusa. Nació en San Petersburgo y creció aprendiendo de su padre, el bailarín Platon Karsavin. Su familia era culta e ilustrada. Se hablaba y opinaba de música, de teatro, de arte y de historia.

Egresada de la Escuela del Ballet Imperial, bailó por un tiempo en el Teatro Marynsky, destacándose especialmente en las obras clásicas, como El Lago de los Cisnes y Cascanueces. Su talento y su gracia no pasaron inadvertidos, siendo fichada para formar parte del Ballet Ruso. Al poco tiempo era la bailarina principal.

La crítica alababa sus ‘formas perfectas’ y sus líneas ‘fluidas y flexibles’. Destacó especialmente en Petrushka, en Cleopatra y en El Espectro de la Rosa. Pero el despegue hacia el éxito definitivo vendría con El Pájaro de Fuego, de Igor Stravinsky. El papel principal había sido originalmente pensado para la entonces famosísima Ana Pavlova, quien lo rechazó argumentando que no estaba dispuesta a trabajar con Stravinsky. Tamara, en cambio, lo aceptó encantada, sin imaginar que con ello se consolidaría su carrera para siempre. En un principio no fue fácil. “Fue un aprendizaje lleno de lágrimas -confesó después-. Para alguien como yo, que solo había sido instruida sobre ritmos fácilmente reconocibles, esto era difícil. Pero Stravinsky mostró amabilidad y paciencia”.

Junto al Ballet Ruso, Tamara recorrió Europa mostrando su arte. Era imposible no admirarla. Célebres diseñadores crearon trajes para ella, y los pintores más populares del momento -como Picasso y Matisse, entre otros- retrataron su belleza.

En 1917, luego de la revolución, se casó con el diplomático Henry James. Se instalaron juntos en Londres, donde Tamara empezó a escribir sobre ballet para la revista Times. También ayudó a formar la Real Academia de la Danza, en 1920, como su vicepresidenta, e influiría directamente en el ballet británico, enseñando y perfeccionando a un sinnúmero de alumnas.

Sus memorias, tituladas Teatro de la Calle, reflejan a una mujer inteligente, graciosa y entusiasta. No se amilanó cuando la popular Mercedes de Acosta reveló que había tenido una aventura con la Karsavina y con muchas otras. Todas le dieron la espalda a la escritora, menos Tamara. Esto no quiere decir que haya asumido su homosexualidad o que haya abandonado a James. Simplemente, siguió siendo amiga de Mercedes y le perdonó que haya hecho público este ‘desliz lésbico’.

La crítica alababa sus ‘formas perfectas’ y sus líneas ‘fluidas y flexibles’. Destacó especialmente en Petrushka, en Cleopatra y en El Espectro de la Rosa. Pero el despegue hacia el éxito definitivo vendría con El Pájaro de Fuego, de Igor Stravinsky.