Hombres

Ariel Levy

Hijo de un cinéfilo y de una madre amante del rock, dice que no sorprendió a su familia cuando anunció que se dedicarí­a a actuar y cantar. Su banda, Don Nadie, es una especie de tapaboca para quienes no creí­an en él.

  • Revista Mujer

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Cuando nos reunimos se encontraba en pleno rodaje de Qué Pena tu Boda, la continuación de Qué Pena tu Vida, la taquillera película de Nicolás López que se estrenó el año pasado. Demostraba cero estrés. Superrelajado. Esa impresión me dio cuando lo vi sentado en una pequeña mesa del Espresso Bar en la calle República de Cuba, mientras terminaba el almuerzo. “Me queda muy cerca de mi casa, así que soy punto fijo acá”, me comentó después.

El rostro de Ariel Levy (26) empapeló las carteleras el año pasado y ha aparecido en varias teleseries, pero todavía cultiva un bajo perfil. Es bien piola.

Sus años escolares no fueron fáciles. En séptimo básico lo expulsaron del Instituto Hebreo. ¿La razón? Ser chico problemas, desordenado y mala junta. “Puras calumnias”, según él. “No era mala junta, nunca tuve atados de agarrarme a combos, fumar, drogas o cosas así, es solo que era muy hiperkinético; me paraba en la sala, bailaba, tiraba chistes. Me gustaba pintar el mono, bueno… todavía”. Las aulas no eran lo suyo, siempre lo supo. El mundo artístico, sí. “Mi papá es un cinéfilo, así que siempre hubo muchas ‘pelis’ en mi casa, mi mamá es rockera heavy y tenía lleno de discos, y con mi hermana nos tenían una pieza de los disfraces para actuar, así es que a nadie le sorprendió cuando yo dije que quería ser artista. Fue lo que ellos criaron”.

Cuando salió del colegio un amigo lo invitó a participar en un casting para una película. Sin saber mucho de qué se trataba se presentó, y para su sorpresa, quedó. Fue así como se convirtió en el protagonista de una de las películas chilenas más exitosas, Promedio Rojo. Desde entonces Levy no paró más. El 2003 entró a estudiar comunicación escénica en la UNIACC, pero su ansiedad por actuar ‘ahora ya’ fue más fuerte, y al año siguiente no volvió. Ha estado en varias producciones cinematográficas y de TV, y en agosto estrena la obra Temporada Baja, dirigida por Andrea García-Huidobro. Claro que me contó que si tiene que elegir un formato, él prefiere el cine. “Te permite construir mucho más, tienes más tiempo para crear. Me siento superafortunado de que a mi corta edad haya actuado en varias películas”.

Pero su proyecto más personal tiene nombre y apellido. Bueno, algo así. Don Nadie, banda de rock que formó el 2008 junto a tres amigos. Ariel escribe las letras, toca la guitarra y es vocalista. El año pasado lanzaron su primer disco, que subieron completo al sitio www.bandadonnadie.com. ¿Por qué Don Nadie? “Por muchas razones, pero una de ellas tiene que ver con que en el colegio los profesores me decían que si seguía así iba a ser un don nadie por la vida, así que es para cumplir en parte la profecía” (ríe). 

De la hora y cuarto que estuvimos conversando, me quedo con su placer culpable. Tiene la costumbre de poner la música a todo volumen, y cantar y bailar enajenadamente frente al espejo, o en el auto, si el impulso lo agarra mientras maneja. Y no es difícil imaginarlo.

Se asume como un chico supertranquilo. Quitadito de bulla y de tiro corto. Extrovertido y con un sentido del humor desprejuiciado. “Me río de cualquier cosa, me da lo mismo el momento, el lugar o la persona”, cuenta mientras agrega tres sobres de endulzante a su pequeña taza de café americano. Un chico dulce en el amplio sentido de la palabra, pienso.