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QUETA CLAVER

Junio 1929 - Mayo 2003. El verdadero nombre de esta mí­tica vedette fue Enriqueta Claver Delás. Nacida en Valencia, amante de las tradiciones de su pueblo y fervorosa de la Virgen de los Desamparados, no se dio cuenta cómo llegó a convertirse en la bailarina más popular del género revisteril en España.

  • Revista Mujer

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Fumadora empedernida, murió de una dolencia al corazón, prácticamente sola. Nadie se había dado cuenta de su paupérrima situación hasta que ella misma llamó a la Casa del Actor, fundación que acogía a actores y actrices ya retirados y en apuros económicos. Lo hizo tarde, porque murió una semana después.

No tuvo suerte en el amor. Se casó con el bailarín Paco Alba, pero como no pudieron tener hijos decidieron divorciarse. 

Había mostrado su vocación desde niña, aunque su padre no quería por ningún motivo que ella fuera artista. “Procuraba no disgustarlo, diciéndole los domingos que me iba al cine, cuando en realidad me marchaba a hacer teatro”, contó después. A pesar de todo, logró estudiar teatro y danza en el Conservatorio de Valencia. En 1950 debutó en las tablas. Tenía 21 años y una belleza fuera de lo común. Por lo mismo, fue fichada de inmediato. Muñoz Román, autor y director de las más populares revistas de ese tiempo, la llevó a Madrid. Partió como la tercera vedette para la revista Cinco Minutos Nada Más, luego pasó a ser la segunda, para convertirse, en un abrir y cerrar de ojos, en la más famosa y admirada de todas. Sus obras tenían un éxito indiscutido, especialmente Ana María, que estuvo meses en cartelera. Con sus impresionantes ojos verdes y una voz admirable deslumbraba a todo el mundo. “Gustaba a los caballeros pero sin irritar a las damas”, comentaban los críticos. También incursionó en el cine y en el teatro serio. Pero lo suyo definitivamente era la revista. Ganó premios y medallas y su mayor orgullo fue haber ganado el Premio Nacional de Teatro, en 1972. Siguió trabajando hasta poco antes de morir. “Queta Claver, de profesión, de vocación y de corazón actriz. Esta fue su vida, este fue su orgullo”, se lee en su epitafio.

Con sus impresionantes ojos verdes y una voz admirable, deslumbraba a todo el mundo. “Gustaba a los caballeros pero sin irritar a las damas”, comentaban los críticos.