Hombres

Che Sandoval

A un mes de comenzar a filmar su segundo largometraje, el director de Te Creí­s la Más Linda (Pero Erí­s la Más Puta) reflexiona sobre la madurez: "La  peli de ahora habla de la familia. Vivir entre los 30 y los 40 para mí­ es como un limbo. Tienes que asumir responsabilidades y no sabes dónde estás parado", dice empinado en sus 25 años.

  • Revista Mujer

Compartir vía email

“No me vai a creer, pero soy un hijo modelo. Salí con promedio 6,9 del colegio”, dice Che Sandoval, director de Te Creís la Más Linda (Pero Erís la Más Puta), su premiada película que debutó en el año 2010. Me lo dice después de haberme relatado una extensa y hot historia de un trasnoche callejero que vivió cuando tenía 18 años. Y sin que le insista me sigue describiendo su currículum de chico bueno. “Estaba en el colegio Notre Dame, fui tenista, después jugué a la pelota, era scout. Era un mamón”, detalla como si yo fuera una investigadora de la PDI y él necesitara ser absuelto.

Conversamos de Te Creís la Más Linda (Pero me Cagaste la Vida), nombre casi definitivo para su segunda cinta, “a no ser que se me ocurra uno más hit”. “Del guion original  queda sólo una escena, pero creo que hoy tengo una película más sólida”, comenta sobre el largometraje que narra la historia del ‘hombre de la barra’, personaje secundario de su primer trabajo y que en éste asciende a protagonista en calidad de esposo abandonado que patea las calles de Santiago.

No sé cómo llegamos a hablar de lo mucho que le gusta jugar con las palabras. Parece que fue a partir de una entrevista en la que maquinaba lúdicamente sus respuestas. “En el colegio era el típico pendejo que escribía poesía y era un fan brígido de Jim Morrison. Cuando entré a estudiar cine empecé con el jueguito de palabras. Creo que todo nace de Los Simpson, porque ellos siempre ironizan, hacen hipérboles, y eso lo tiene mi generación, que además creció idolatrando al Chino Ríos, que se cagaba en todo”.

¿Qué es lo más freak que te ha pasado después de estrenar Te Creís la Más Linda?
¿Lo más raro? Ya, pero si lo pones, tienes que decir que le mando un saludo: estoy pololeando con una actriz argentina, se llama Antonella Costa, y la conocí por haber hecho esta película. Cuando chico veía sus películas en la tele. Pero eso no es freak-se retratcta y elige otro episodio.

“En Alemania la gente no entendía a qué clase social pertenecía el personaje. Él es de clase media-alta, estudia en un colegio privado, pero sus padres le dan poca plata. Una mina me dijo que pensaba que era pobre, que le recordaba al Chavo del Ocho, y que el hombre de la barra era como Don Ramón. En realidad eso último lo dije yo. De hecho, acabo de hacer la analogía”, admite con total impunidad lúdica. “Pero eso tampoco es tan freak”, reflexiona, y se queda pegado como si se tratara de un examen colegial que debe aprobar con nota 6,9.

Al final nos olvidamos de las rarezas y retomamos la conversación sobre el protagonista treintón de su proyecto: “La peli de ahora habla de la familia. Vivir entre los 30 y los 40 para mí es como un limbo; tienes que asumir responsabilidades, y no sabes dónde estás parado. Los miedos que yo tengo a tener hijos…, porque le tengo pavor. Por lo menos por ahora no quiero tenerlos… Además soy un cabro y estoy empezando a vivir la vida”, dice con un mechón de pelo tapándole un ojo. Cuando nos despedimos me doy cuenta de que realmente debe haber sido un alumno mateo: “Voy a pensar si me pasó algo realmente freak y te aviso”.

Todavía lo estoy esperando.