Sin categoría

FRIDA KAHLO

Julio 1907 - Julio 1954. Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón ha sido la pintora más conocida y destacada del mundo artí­stico mexicano. Querí­a ser doctora, pero un trágico accidente automovilí­stico dirí­a otra cosa. Detestaba que la calificaran de surrealista. "Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad", afirmaba.

  • Revista Mujer

Compartir vía email

Su vida estuvo siempre marcada por el sufrimiento físico, enfermedades, accidentes y operaciones. A los seis años padeció una poliomielitis que le dejó la pierna derecha más corta y más flaca, defecto que ocultaría con sus características polleras hasta el suelo.

Una tarde de septiembre de 1925, el bus que la traía del colegio chocó con un tranvía. Su columna quedó prácticamente rota, y un fierro que le atravesó el estómago y la pelvis le impidió ser madre. A lo largo de su vida se operó 32 veces, con escaso éxito. Pasaba tanto tiempo en cama, que sus padres le instalaron un atril y un espejo, desde donde surgirían sus célebres autorretratos. “Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el mejor motivo que conozco”, decía.

A pesar de todos los impedimentos físicos, Frida Kahlo fue una mujer valiente, fuerte y con muchas ganas de vivir. Siempre quiso llevar una vida normal, a pesar de las operaciones, de los corsés y de los largos períodos en cama. “No tengo más remedio que aguantar, porque es peor desesperarse”, escribía.

Apenas pudo recuperarse un poco, Frida comenzó a relacionarse con artistas e intelectuales de izquierda. Fue muy amiga de Breton, de Picasso y de Trotsky. Fue en esta época cuando conoció a Diego Rivera, famosísimo muralista mexicano 20 años mayor que ella. Era feo y gordo, pero las mujeres caían rendidas a sus pies. Juntos comenzaron una relación sufrida y tormentosa. Se casaron en 1929 y se divorciaron 10 años después, cuando Frida descubrió que él se acostaba con su hermana menor, Cristina Kahlo.

Entonces Frida se desató: se tomaba una botella de coñac diaria, tuvo numerosos romances, con hombres y mujeres. Dos años después el muralista le propuso que volvieran a casarse. Ella aceptó, pero con la condición de no tener relaciones sexuales. Así, Frida nunca más se separó de Diego, y cuando hablaba de él decía que era “el segundo gran accidente” de su vida.

Fue Rivera quien la convenció de mostrar sus pinturas al público. No tardó en convertirse en una pintora reconocida y exitosa. Sus obras se vendían rápidamente, ganaba premios, daba clases.

Pero la salud seguía siendo su principal tormento. En 1953 tuvieron que amputarle una pierna a causa de una gangrena. La depresión fue total. “Yo soy la desintegración”, proclamaba. Murió un año después, a los 47 años.

La casa que compartió con Diego Rivera en Coyoacán es el actual Museo Frida Kahlo; en un jarrón precolombino se encuentran sus cenizas. “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”, fueron las últimas palabras que escribió en su diario.