Hombres

Ví­ctor Carrasco

El guionista emblema de TVN y director de la aclamada obra La Amante Fascista acaba de arrendar por 10 años el ex teatro La Feria, para construir ahí­ "un espacio para la palabra".

  • Revista Mujer

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Haciendo ejercicio se sacó varios años de encima y,  que se lo digan, debe gustarle. Vanidoso asumido y obseso (vio 12 veces  La Enfermedad de la Muerte, dirigida por Bob Wilson),  practica boxeo a diario y ahora hasta pedalea. Está tratando de llegar a la Virgen del San Cristóbal, no por algo religioso, sino porque allá, cuenta, llegan los grandes. Así se saca la neura; aunque lleva más de una década sicoanalizándose.

“Es un espacio de reflexión que también me permite profundizar en mi trabajo”, dice. Dirigió a Paulina Urrutia en La Amante Fascista ( que vuelve a la cartelera en marzo), una obra que ha sacado aplausos, y le rinde homenaje a la ex ministra de cultura, porque es ‘impresionante’ (es verdad, es un placer verla sobre las tablas).

Es de las actrices que a él le gustan, de esas que llegan antes, que se sumergen en el personaje. “En TV es más complicado, porque yo no elijo a los actores y ellos no me escogieron  como guionista. A veces se provocan ciertas energías raras, pero lo entiendo. Al final, lo que importa es que todos hagamos bien el trabajo”, dice  quien acaba de arrendar, por 10 años, el ex teatro La Feria para construir ahí “un espacio para la palabra”…

Han pasado varios años desde que se encargaba de resumir los 300 capítulos de una telenovela brasileña, y hoy es un escritor clave del área dramática. Pocos saben que, al principio, también estuvo delante de las cámaras. “Lo pasé pésimo. Encontraba que me veía mal y me venían ataques de pánico”. Hizo Capilla, A la Sombra del Ángel y La Invitación. Le bastaron esas experiencias para decir ‘basta’. “Prefiero ser un infiltrado. Como la gente no me conoce, puedo conectarme y observar lo que está pasando”. Así construye argumentos que desarrolla con un equipo que trabaja con horario establecido cerca del Bellas Artes. “Mi parte obsesiva no me permitiría otra forma. Soy ordenado, no muy dado a las sorpresas y frente al error tengo poca tolerancia. A veces reacciono mal, pero he logrado relajarme”.

Así asumió que debía postergar su debut en cine, porque a su guion titulado La Historia de Juan, aún le falta. “Mis temas siempre tienen que ver con anhelos perdidos, deseos que movilizan, con la insatisfacción, aunque el sicoanálisis me ha ayudado a encontrar los caminos que me satisfacen. Y por más crisis que tenga, cuando vengo de vuelta, entiendo la importancia de ese viaje y comprendo por qué uno hace lo que hace”.

Siempre le preguntan por la tele en desmedro del teatro, pero él es tajante. “Sería muy raro juzgar mal algo que me toma 10 horas diarias. Es un medio donde uno puede hacer cosas muy potentes, independiente de que hoy el contenido esté un poco en baja. Cuando comenzaron las producciones nacionales se generaron instancias de conversación importantes. Eso es a lo que aspiro. No pretendo que las teleseries eduquen, haciendo lo que no hace el Estado, ni que el que las vea saque mejor puntaje en la PSU, pero sí que aporten a un debate con temas como el aborto terapéutico, las brechas y el resentimiento”.