Hombres

Rodrigo Jordán

No le gusta hablar de él; pero si contar sus experiencias sirve para motivar a alguien, hurga en sus mejores recuerdos y comienza.

  • Revista Mujer

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Alpinista, empresario y erudito en muchas materias. Todo eso dicen que es este hombre de 51 años (se ve de 40 y algo), padre de tres hijas y, en otros tiempos, director ejecutivo de Canal 13. “La vida tiene muchas dimensiones. Es un error pensar que somos lineales. Cuando me preguntan qué hago o dónde estudié, preferiría, lejos, decir que hace 25 años soy marido y padre. Pero eso no parece tan importante”. Desde hace poco integra el comité de expertos de implementación del bono de ingreso ético familiar de Mideplan. Está contento, salvo por el calificativo de ‘ducho’, que le carga: “Podemos haber estudiado bastante  sobre la  pobreza, pero pobres nunca hemos sido. Y nadie es experto en algo con lo cual no ha convivido”. Por eso cree que lo único que podría acercarlo a ese término es el montañismo, pasión que encontró en su época universitaria y que le sirve para cada metáfora que construye con su experiencia en los cerros. Sobre su pasada por la estación católica, dice: “Esa cumbre no la subimos” (fracasó en su intento de combinar programas de elite con temas sociales). Y acerca de los grupos de trabajo que conforma, asegura: “Ya no me importa tanto dónde voy, sino con quién lo hago” (aunque esa frase se la robó al gran montañista Claudio Lucero). Y aquí va otra que adjunta a cada e-mail que envía: “En las montañas los caminos no se encuentran, se crean”. Jordán cree que lo mejor de la montaña es que funciona sin parámetros aprendidos. “Uno sabe cómo comportarse en un matrimonio o frente a una autoridad, y puede modificarse según lo que el código manda. La única forma de comportarse bien en la montaña es desde lo más profundo de lo que eres”. Lo afirma con 17 expediciones a la Antártica, 19 a los Himalayas, tres a Groenlandia y varias a África, aunque le ponen nervioso las que le faltan (el Ártico, la península de Kamchatka, el Congo, el Tapón del Darién, están pendientes). “A medida que acumulo viajes, aprendo -dice como si apenas supiera- sobre los esquimales, los inuit, los masai. Aprendiendo se valora más a las personas que no conocemos”. Pronto viajará a Asia, a un nuevo ascenso. El Ama Dablam, la montaña de los sherpas, de casi siete mil metros altura, que dejó pendiente por el terremoto. Así son sus días de descanso, activos. “Se me pondría difícil la pista si alguien me dijera: ‘No hagas nada, relájate'”. Y es que así le enseñaron. Su padre le decía: “Lo que hagas, bien hecho”. “Esa educación trato de transmitirla siempre, aunque a veces me han tildado de obseso. Pero cuando uno es un privilegiado, lo menos que puede hacer es entregarse por entero”, concluye el también presidente de la Fundación para la Superación de la Pobreza. Pésimo lector de novelas, pero amante de lecturas temáticas, hoy anda pegado con el altruismo de Darwin. “Si todos fuésemos un poco más generosos…”.