Hombres

Humberto Sichel

Conozco sólo dos personas que consideran que 2010 fue un buen año. Humberto Sichel es una de ellas. He aquí­ el porqué.

  • Revista Mujer

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10.30 de la noche. Un día de semana cualquiera. Los canales de televisión abierta chilena exhiben sufridos realities, teleseries altamente hot y programas sensacionalistas que muestran lo peor de hombres y mujeres. Un poco más allá en el control remoto, en el canal de cable Vía X, Humberto Sichel, Toti para los amigos, se sienta a conversar con los personajes que hacen noticia. Y a veces incluso los pone en aprietos. Un lujo para los televidentes de hoy, acostumbrados a la pantalla chatarra. Y un lujo para cualquier periodista que trabaja en TV. “Una suerte”, dice Humberto. “Este formato es único. Permite conversar por una hora con un personaje, logrando que se suelte y que confiese muchas cosas. En el caso de los políticos, el desafío es que se saquen la grabadora de encima, porque es una lata cuando algunos contestan con discursos aprendidos de memoria”.

2010 fue su año. Todos sufrimos, pero él recibió buenas ofertas, que obviamente aceptó: ser conductor de Cadena Nacional luego de que Ignacio Franzani dejara vacante el espacio en Vía X, y ser la voz de las mañanas de Radio Horizonte, donde está al frente del programa Cereal. Así, tiene el día bastante ocupado, pero aún le queda tiempo para algunos de sus hobbies: correr por la ciudad para no asimilar las calorías de las pastas que engulle con máximo placer, leer novelas de mafia, tratar de sacar canciones con el bajo que se acaba de comprar y salir en las noches con su pareja, la periodista María Elena Dressel. “Me ocupo, porque no me gusta estar sin hacer cosas. Soy hiperkinético y un poco ansioso, no puedo evitarlo”.

Humberto Sichel no es un novato en esto de los medios de comunicación. De hecho lleva muchos años haciendo radio. Partió a los 19, trabajando gratis para Radio Portales. Y nunca más paró. En realidad, se podría decir que empezó antes, cuando estaba en séptimo básico y junto a su hermano relataban partidos de Barrabases y los grababan en casetes. “Todavía tengo uno. Lo habíamos guardado en una caja y lo escondimos en el patio de la casa de un vecino, como si fuera un tesoro. Tiempo después, cuando estábamos en la universidad, nos acordamos y fuimos a sacarlo con una pala. Ahí estaba el casete. Lo tengo guardado. Es divertido y está bien locuteado”, dice orgulloso. Una ternura.