Moda

Dalia Pascal: Tradición y vanguardia

LO PASO MAL. La baipasearon por ser mujer y vendieron más de alguno de sus pedidos a otros compradores. Pero aun así­ esta diseñadora logró su cometido: convertir las técnicas tradicionales de la artesaní­a mexicana en accesorios de alto diseño. Mañana, el gobierno mexicano la premiará por ello.

  • Revista Mujer

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La mañana del 6 de diciembre, Dalia Pascal (48) se levantará, con toda seguridad, de muy buen ánimo. Ese día recibirá el Premio Nacional de la Mujer 2010, reconocimiento que la Cámara Nacional de la Mujer de México (algo así como nuestro Sernam) entrega a personas que impactan positivamente a la sociedad en general y a la mujer en particular.

¿Cómo no estar orgullosa?
Premios así no se reciben todos los días. Pero esta diseñadora gráfica con estudios de orfebrería y diseño industrial ya sabe lo que significa subirse a un podio, recibir un gran ramo de flores y agradecer una distinción. En junio, por ejemplo, viajó a la famosa escuela Parsons, en Nueva York, para recibie el premio a la cartera con más responsabilidad social, que entrega el Independent Handbag Designer Awards (premio al diseño independiente de bolsos y carteras). En 2008 obtuvo el premio al mejor diseñador de accesorios en el evento La Moda en México. El mismo año, la revista In Style México la distinguió como la mejor joyera mexicana. En su currículo hay también otros galardones, demasiados como para ponerlos todos en este artículo. Pero a ella no le quitan el sueño. “Cada premio que recibes es una nueva aventura, son miles de emociones en una. Yo trabajo día a día para comer y sacar adelante a una familia; nunca se me pasa por la mente hacerlo para recibir un premio. ¡Esto es únicamente la cereza en el pastel!”, dice con una cuota de humildad.

Lo que más le llama la atención a Dalia de su éxito en México es que ella no es mexicana: nació en Montevideo, Uruguay; al país que hoy la acoge y condecora llegó cuando tenía 10 años. “No soy de aquí, pero casualmente soy una de las primeras diseñadoras que se dieron cuenta de que lo que nos rodea en este país es maravilloso. Tal vez porque vengo de una nación sin artesanías indígenas: no quedó nada al llegar los españoles. Nací en una ciudad pequeña de tipo europeo, en la que abundan los tonos sepia (el agua del Río de la Plata es marrón) y hasta la música (el tango) es triste. Llegar a México de niña y ver la explosión de colores, olores, texturas y sabores que hay aquí…obviamente te marca”, acota.

Dalia comenzó con la marca que lleva su nombre hace siete años. Su idea era ofrecer productos de matriz indígena, emparentados con la cultura tradicional mexicana, pero con una cuota de diseño y modernidad. Quería rescatar valores artesanales que están muriendo día a día, agonizando en un mundo que prefiere consumir productos baratos y seriados, provenientes de China. Para eso ha reciclado huipiles (vestidos indígenas); ha revitalizado tejidos con fibra de agave (planta típica mexicana); ha llevado bordados tradicionales a carteras y bolsos de diseño hippie-chic; ha trabajado con barro negro de Oaxaca, y ha experimentado con la platería tradicional. Siempre con el acento puesto en la producción de accesorios, aunque pronto comenzará a hacer también poleras y quién sabe lo que venga más adelante.

Todo comenzó, según cuenta, cuando la gente ni siquiera se volteaba a mirar al indígena que sentado en el piso ofrecía sus productos. El mercado estaba saturado con más de lo mismo y los jóvenes no querían aprender los oficios de sus padres artesanos, porque les parecía mal remunerado y poco valorado. Pero, al revitalizar lo tradicional y vender lo suyo en boutiques, museos, hoteles de lujo y tiendas por departamento, rápidamente captó la atención no sólo de los turistas de alto nivel, como ella pensaba, sino también la de los mexicanos del segmento socioeconómico medio-alto.

Hoy, Dalia es un nombre de peso en su país anfitrión, asesora frecuente en varios medios de comunicación y miembro de la mesa directiva del capítulo mexicano de Fashion Group International, una de las agrupaciones más importantes del mundo de la moda internacional. Además, es una exitosa empresaria que vende diseño mexicano en Nicaragua, Honduras, Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia, Luxemburgo, Bélgica. Y todo lo hace tierra adentro.

¿Cómo logró armar su red de artesanos colaboradores?
Llamaba a todos lados. Hay pueblos en México en los que no hay más teléfono que una caseta. Entonces llamaba a una de estas casetas y preguntaba al que contestara: Oiga, ¿quién hace pescados de madera pintados? Llame usted a las 3 de la tarde y aquí va a estar esperándole el artesano, me decían. Algunos contactos se hicieron así. Otros, gracias a que yo visitaba todas las ferias artesanales que podía y preguntaba en qué estado se hacía tal o cual producto. También me ayudó Márgara Rodríguez Malpica, maravillosa e inspiradora mujer que entonces era la directora de comercialización del Museo Nacional de Antropología. Fue como mi tutora: me ayudaba con mis dudas y también para contactar entidades gubernamentales que me pudieran apoyar.

¿Le parece que el Estado y los privados deben trabajar juntos para crear moda con identidad de país?
Por supuesto, es importantísimo. El Estado necesita promover los productos de cada zona, y ¿quién sino la iniciativa privada para poder ofrecer sus cosas en más sitios? En México hay muchísima mano de obra para hacer artesanía, pero no hay diseñadores entre ellos. Nuestra labor es de alguna manera aprovechar lo que ellos ofrecen para revivirlo.

Actualmente, muchos diseñadores en Latinoamérica están trabajando con indígenas. ¿Es un boom del diseño con raíz latina?
No pienso que sea un boom. Lo que sucede es que recién se está comenzando a generar un concepto de moda latinoamericana. Lo hemos hecho con la cabeza, sin prisa, a paso firme. Cuando estudiaba diseño, todos me decían: ‘Vas a ser una gran copiadora del diseño italiano’. Yo me enojaba muchísimo. Fue una labor titánica romper con tanto tabú y con la mala imagen que antes tenía el diseñador latino.

¿Qué barreras culturales o de otro tipo tuvo que sortear para llevar a cabo su proyecto?
Muchos artesanos no están acostumbrados a tratar con mujeres; menos aun que una mujer les dé órdenes. Muchas veces tuve que recurrir a mi esposo o al gobierno local para no tener problemas. Otro dilema es que los artesanos hacen lo que hacían sus abuelos y tatarabuelos; imagínate lo que fue lograr que dejaran de lado los modelos anticuados para adaptarse a propuestas más sencillas y con conceptos de diseño. No les pedía algo extraño sino algo diferente, pero muchos se negaban a cambiarlos o incluso se ofendían cuando se les señalaba que una pieza no coincidía con el diseño. Algunos no quisieron o no aguantaron este tipo de presión y quedaron fuera de mi equipo.

Qué difícil…
Cierto. Muchos diseñadores han tratado de recrear este concepto, pero no es fácil. Hay muchos inconvenientes al mismo tiempo. Debes tener paciencia y buen modo. Una vez, por ejemplo, le pedimos a un artesano 500 carteras. Cuando lo llamamos para preguntarle por qué no llegaban, dijo: ‘Es que llegó un señor en una camioneta, y como me dió el dinero en la mano, le pasé  las bolsas’. En mi oficina quedamos impactados por esta conducta, pero ahora sabemos que es muy normal. Un mes después me llamó otro artesano, de otro estado, y me dijo:  ‘¡Qué bien se venden sus bolsas, señora!’ Era el señor de la camioneta…

Algunos sectores miran con sospecha el trabajo con indígenas; les parece que es sólo una oportunidad para obtener mano de obra barata.
Todo depende de cómo sean tu dinámica de trabajo y tu relación con estas personas. Además, la mano de obra del indígena no siempre es barata. La mexicana en particular es más cara que la de otros países latinoamericanos, pero aquí vivo  y, de manera respetuosa, he entablado increíbles relaciones con diferentes comunidades indígenas. Con ellas trabajo mano a mano. Les pagamos de manera directa, para que el dinero no se pierda en el camino y ellos reciban hasta el último centavo.

Actualmente en México hay bastantes problemas con el narcotráfico. ¿Cree que iniciativas como la suya aportan un granito de arena en la lucha contra este cáncer?
Con empleos y educación podemos de alguna forma alejar a los jóvenes de malas elecciones, de los malos pasos. Eso hacemos al pedir a los artesanos que incluyan en sus talleres a sus hijos mayores de edad para que aprendan sus labores, al pagarles en forma justa y crear para ellos ingresos constantes.