Moda

Iní¨s de la Fressange: Los secretos de las parisinas

La exmusa -y próxima estrella- de Chanel, actual directora artí­stica de Roger Vivier y perspicaz mujer de negocios del mundo de la moda, acaba de publicar un libro: La Parisienne, una suerte de  agenda personal atestada de consejos, astucias, fotos y de sus propias ilustraciones, en la que revela los secretos de su estilo, su modo de vida y sus direcciones favoritas. ¿Superficial? Sí­, …pero indispensable.

  • Revista Mujer

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Inès de la Fressange. Si una mujer encarna el arquetipo de la parisina ‘chic’, no cabe duda que es ella.  Inès Marie Laetitia Églantine Isabelle de Seignard de la Fressange nació en Saint-Tropez; es hija de madre argentina (la modelo Cecilia ‘Lita’ Sánchez Cirez), nieta de la colombiana Cecilia Dávila Ordóñez, y por sus venas corre también sangre checoslovaca y polaca. Sin embargo, cuando en 2009 el diario francés Le Figaro llevó a cabo un sondeo de opinión para determinar quién representaba a la parisina por excelencia, fue ella la que obtuvo la gran mayoría de los votos, superando a celebridades como Chiara Mastroianni (hija de la parisinísima Catherine Deneuve), Charlotte Gainsbourg o la primera dama Carla Bruni-Sarkozy.

Fue quizás el obtener éste que ella considera un honor (“¡Eran todas más jóvenes que yo!”) lo que la motivó a poner sus secretos por escrito, y también una manera de responder de una vez por todas a la eterna pregunta sobre en qué consiste el estilo de la parisina y cómo lograr el look Inès de la Fressange, dónde vestirse o qué crema de noche usar. Resultado: una guía parecida a un álbum de recortes, que Inès elaboró con la ayuda de la periodista Sophie Gachet y en la que cuenta a las lectoras sus astucias sobre moda, decoración y ‘way of life’, con todos sus lugares favoritos y sus consejos, administrados con el humor que le es tan característico. Pero además, las fotos e ilustraciones fueron realizadas por ella misma, mientras que su hija Nine d’Urso, de 16 años, delgada y longilínea como la madre, hizo de modelo frente al objetivo del fotógrafo Benoît Peverelli.

A quienes señalan la evidente frivolidad de su opus, Inès responde: “Por supuesto que no es un gran ensayo de filosofía sobre el feminismo (…) es un poquito frívolo, todos necesitamos un poco de ligereza”.  Pero, al mismo tiempo, explica que “la apariencia concierne a todo el mundo. La moda no es algo necesariamente superficial. Finalmente ¿cuál es la empresa francesa que exporta más en Asia? No es el TGV, no es Airbus. Es LVMH, que como bien se sabe  vende principalmente moda. No hay que sentir desdén por la apariencia. En una entrevista para un empleo, lo primero que ve el potencial empleador es su aspecto exterior. Es hipócrita decir que no tiene importancia, cuando hay muchos códigos -como los zapatos, el peinado o el reloj-  por los que juzgamos a la gente. Todos esos detalles son muy reveladores”.

Dicho esto, nos podemos lanzar sin complejos a las páginas de La Parisienne para saber cuáles son los 10 mandamientos para tener un look desparejado (no hay nada peor que conjuntarse de pies a cabeza), cómo hacerse de un estilo, los básicos infaltables, cómo elegir zapatos o bolsos, cómo usar joyas y bisutería (mezclar auténtico con falso, viejo con nuevo), cómo mejorar su aspecto en ‘5 minutos crono’ y el código vestimentario para cada ocasión (Inès, gran viajera, propone la lista de lo que no hay que olvidar para un vuelo transatlántico) al tiempo que advierte de los peligros de seguir las tendencias ‘con los ojos cerrados’.

Según Inès, las italianas siguen mucho la moda, las americanas cuidan especialmente su pelo y compran mucho y las sudamericanas son muy elegantes. En cuanto a las parisinas dice: ” Durante mucho tiempo pensé que eran como todas las mujeres del mundo, y en realidad no: creo que somos muy particulares. Guardamos la ropa de una estación a otra, mezclando una prenda comprada en supermercado con alguna de una gran marca. No intentamos seguir la tendencia a cualquier precio. Estamos al corriente de lo que se usa, pero no somos fashion victims. Puede llevar zapatos de este año, pantalones del año pasado, un top que seguirá usando el año que viene, una joya vieja con look moderno. Todo esto nos parece completamente obvio”. Es esta mezcla sutil, tanto en la forma de vestir como de vivir en general, la que Inès intenta explicar en La Parisienne, descifrando los códigos que hacen de la parisina… una parisina.

¿Hace falta ser rica para vestirse como una parisina? Inés es categórica: no. “No creo que lucir bien esté ligado al dinero. Las mujeres más elegantes, más encantadoras son raramente las más ricas…” ¿Cuáles son los ‘no’ definitivos para ella? Acá la respuesta: No a los colores flúor (sólo para adolescentes); no a la minifalda (es como seguir tomando biberón después de los cuatro años, dice). No al bikini iridiscente. No a las medias del mismo color de los zapatos. No a un vestido impreso leopardo con profundo escote (demasiado sexi mata lo sexi). Jamás rubor bajo los pómulos. No a quedarse bloqueada en los 30 años cuando se tiene 50.

A sus 53 años Inès no tiene lugar para la nostalgia. Y sobre todo, no acepta cuando le dicen que los años no tienen efecto sobre ella. “Al contrario, la edad tiene sus efectos, pero una puede arreglárselas de todas maneras; la vida no termina a los 30. La mayoría de las revistas no muestran jamás mujeres de más de 25 años, lo mismo en la publicidad. No hay referencias, reina una especie de discriminación. Yo lo que quiero mostrar es que se pueden tener arrugas, no estar igual que a los 30 y no vivirlo como un drama”.

Justamente, la gran sensación de la semana de las colecciones prêt- à-porter  de París, en octubre pasado, fue la participación de Inès en el desfile de Chanel tras un largo período de distanciamiento con Karl Lagerfeld. La reconciliación se hizo oficial con la mágica aparición de Inès, como cierre del desfile, de mano del Kaiser himself, en un vestido de noche, todo en transparencias. La audiencia, compuesta de curtidas editoras de moda y ricas clientas, abandonó sus blackberries y su estudiada indiferencia por un momento, para lanzarse en una ovación espontánea. “Antes de salir temblaba un poco, estaba rodeada de todas esas caucasianas prepúberes de 2 metros de altura y me daba la impresión de ser una abuelita. Además yo llevaba zapatos chatos y ellas tenían todas tacones de 15 cm”,  señala. Sin falsa modestia, Inès lo adjudica a una cierta nostalgia por la década de los 80, la de los años de los creadores, cuando el mundo de la moda era más ingenuo y artesanal. “Un poco como la magdalena de Proust”, dice.

Para Lagerfeld es nuevamente el gran amor, e Inès será, junto a la inglesa Stella Tennant y la top danesa Freja, la protagonista de la próxima campaña de Chanel, un verdadero ‘regreso a las fuentes’ para ella, pues no sólo vuelve a la casa de la que fue imagen de 1983 a 1989, sino que las fotos se hicieron en Saint-Tropez, donde nació. Y eso no es todo: recientemente Inès ocupó la portada de Madame Figaro y no dudó en mostrarse ‘casi’ desnuda, cubierta apenas por una camisa blanca. ¿Modelo para rato? No: Inès afirma que ahora es el turno de sus hijas ‘divinas’: Nine, de 16 años, quien posó para el libro, pero cuya prioridad es terminar el colegio (rechazó varias propuestas de marcas para sus campañas), y Violette, ‘fashionista’ incorregible de 11, que sueña con ser estilista o fotógrafa. Ella, por su parte, vive el perfecto amor con el periodista Denis Oliviennes. Y cuando le preguntan qué es para ella la felicidad, responde citando a san Agustín: “Consiste en continuar deseando lo que se posee…”.