Hombres

Gonzalo Justiniano

El director de B-Happy cree mucho en los proverbios chinos y le enferman las pelí­culas con mensajes moralizantes.

  • Revista Mujer

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Gonzalo Justiniano (55) llegó a nuestra cita lo suficientemente mal como para parecer recién salido de una guerra. El director de Caluga o Menta y de B-Happy venía recuperándose de un lumbago terrible que -por milagro- no disipaba su locuacidad. Estaba tan hablador que apenas nos vimos me atiborró con información de su nueva película Buscando a Lupita, en la que participan el actor Cristián de la Fuente y la actriz y cantante Dulce María. “Los dos han sido un gran aporte. Están fantásticos. Dulce María, por ejemplo, actúa excepcionalmente. Además estoy impresionadísimo de lo famosa que es; yo ni siquiera sabía que existía, pero la gente le pide autógrafos a cada rato”.

-¡Aló, Moscú! ¿En qué planeta vives que no conocías a Dulce María?-le pregunto y responde que nunca ha tenido ni idea de los ídolos de la lolería, y que vive más preocupado de sus asuntos que de otra cosa. “Soy cero farandulero”, dice.

Cambiando completamente de tema, comenta que las películas que más le molestan son aquellas donde abundan los mensajes moralizantes. “Apenas comienzan los sermones, de inmediato me paro del cine. Odio las cintas con mensajes seudoprofundos”.

-¿En serio? Pero en tus películas igual dejas hartos mensajes de ese tipo -le acoto no porque de verdad sea así, sino para intentar sacarle canas verdes de la rabia.

Y se molesta tanto que de inmediato aclara que nunca ha hecho  cine de ese estilo. “¿Cómo puedes decir algo así? Mi trabajo es superdiferente”, reclama sulfurado; pero poco después, al recitar un pequeño proverbio chino vuelve a retomar la calma. Decía: “Los problemas no se resuelven, sino que se disuelven”.

Me extraña que crea en eso y se lo digo. Y él admite que a veces no es tan paciente con sus conflictos. “En ciertas ocasiones me pongo bien nervioso”, dice sonriendo, y por último me comenta que le carga reflexionar demasiado. “Tú me haces pensar mucho… Yo primero existo y luego pienso, contrariamente a lo que decía Descartes”, capitula con un gesto de sabiduría tal, que me es  imposible rebatirlo.

“Apenas comienzan los sermones, de inmediato me paro del cine. Odio las cintas con mensajes seudoprofundos”.