Hombres

Sebastián Arrau

Después de tres años fuera de juego, el creador de Primera Dama hoy se siente feliz con los resultados de su reciente teleserie.

  • Revista Mujer

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“Me quedo en Nueva York porque lo paso del uno. Allá se encuentra el mejor carrete imaginable”.

Sebastián Arrau (35) no tiene  ningún problema en declararse abiertamente egocéntrico. Y admite que su ego se alimenta con cada punto que marca de rating. “Obviamente que quiero hacer trizas a la competencia”, afirma con un tono semidiabólico y aclara que esta vez no lo ha logrado debido -según él- al difícil trance por el que pasa Canal 13. “La pantalla está demasiado fría. Imagínate que por un buen tiempo el canal bajó al mismo nivel que La Red… Pero lo bueno es que ahora con nuestros 12 puntos de Primera Dama al menos estamos compitiendo”, dice.

Y luego le pregunto si las cosas estarían mejor si hubieran lanzado antes la teleserie y me responde que sí, que si no lo hubieran tramitado por tres años, ahora otro gallo les cantaría. “Se habrían ahorrado las catástrofes. Es un hecho que a mis teleseries siempre les ha ido superbién. El canal confía ciegamente en ellas, me sigue contratando y hasta me permite darme el lujo de vivir en Nueva York”.

-Ok,  ¿y no te sientes pequeño viviendo en un sitio tan imponente? -le pregunto con algo de sana envidia, y me responde que sí, que hay días en que amanece tan confundido que incluso se pregunta por qué diablos permanece en un lugar tan diferente. “Hay veces en que lo odio. En que me siento pésimo, y en que hablo con la gente y me doy cuenta de que no soy más que un pobre sudaca”, cuenta con su típica cara de resignación, con las cejas levantadas.

Pero al segundo lo piensa mejor y su rostro se ilumina completamente al rememorar sus noches de carrete. “Me quedo allá porque lo paso del uno. Allá se encuentra el mejor carrete imaginable. Y a mí, como definitivamente lo que más me gusta en el mundo es carretear, se me hace increíble. Y es que me encanta salir, tomar hasta curarme y pelar el cable hasta que las velas no ardan. Eso sí, si vives allí, ni pienses en enamorarte, ya que toda la gente es demasiado egoísta para algo como eso”, dice, dejándome superclaro que al haber escogido ese sitio decidió, al menos por el momento, cerrar esa parte de su vida.