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DOLORES IBARRURI

(DICIEMBRE1895?NOVIEMBRE1989). Histórica militante del PC, esta apasionada y carismática española dedicó su vida a defender los postulados comunistas, aunque ello le costara la cárcel en más de una ocasión. Una fotografí­a en la que aparece desesperada tirando de los barrotes de una prisión en Madrid prácticamente dio la vuelta al mundo.

  • Revista Mujer

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“El que no lucha, es porque no tiene conciencia” proclamaba Dolores Ibarruri, emblemática figura de la causa popular y obrera en España. Tenía 20 años cuando se casó con Julián Ruiz, un militante socialista que le mostró como un deber la defensa del mundo proletario. Ella no tardaría en pasar a la acción, participando activamente en la huelga general de 1917, la primera en la historia de España. Un año después escribió su primer artículo bajo el nombre de Pasionaria, escogido por ella misma por publicarse en Semana Santa, una semana de pasión, según decía.

Nacida en el País Vasco, fue nieta, hija, mujer y hermana de mineros. Siempre quiso ser profesora, pero a los quince años tuvo que abandonar los estudios porque sus padres ya no podían pagarlos. Antes de meterse de lleno a pelear por los derechos del obrero, se vio obligada a trabajar como costurera y sirvienta.

La Pasionaria era una oradora excepcional y se involucraba personalmente en las protestas y manifestaciones que se organizaban. Popularizó la frase “más vale morir de pie que vivir de rodillas”.

Jugó un papel importante en la formación del Partido Comunista de España y en la redacción del diario Mundo Obrero. No extraña entonces que la guerra civil española la viviera como propia, alentando con fervor a las tropas republicanas. Presidió la recién fundada Unión de Mujeres Antifascistas, que llegó a tener cincuenta mil afiliadas durante la guerra. Cuando ésta terminó, en 1939, se exilió en la URSS, desde donde dirigió las actividades de su partido. En 1960 llegó a ser la Presidenta.

Tras la muerte de Franco La Pasionaria volvió a España, luego de 38 años de exilio. Fue elegida diputada por Asturias, al tiempo que se dedicaba a escribir sus memorias, que tituló El Único Camino. Tuvo seis hijos, cinco mujeres y un hombre, pero casi todos murieron al poco tiempo de nacer. Por eso vestía siempre de negro. Sólo quedó Amaya, que la hizo abuela y la acompañó en la URSS. Ella se definía como una mujer del pueblo, “que sufre igual como lo hacen todas las mujeres”. Y se dedicó a defender con pasión los ideales que sentía como sagrados, para que hombres y mujeres fueran libres de elegir su destino. No por nada, poetas como Antonio Machado, Rafael Alberti o Miguel Hernández la inmortalizaron en sus versos.