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De la A a la Z

JUANITA FERNíNDEZ. (Julio 1900 – Abril 1920). La primera santa chilena es también la primera carmelita americana que fue canonizada. A los 15 años aseguraba estar loca de amor por Jesús, teniendo claro que querí­a entregarle su vida, "porque Mi Señor me ha dado a entender que viviré muy poco". No se equivocó.

  • Revista Mujer

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Juana Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones Fernández Solar vivió tan sólo 19 años. El tifus acabó con su vida cuando llevaba once meses en el convento, consagrada a Dios como carmelita descalza bajo el nombre de Teresa de Jesús.  Uno de los milagros más conocidos que se le adjudican ocurrió en 1985 cuando un voluntario de la 6ª Compañía de Bomberos cayó desde gran altura recibiendo, además, una descarga eléctrica. Fue declarado clínicamente muerto, hasta que su madre lo encomienda a Santa Teresita y le pone una reliquia de la santa en el pecho. A los pocos minutos el bombero comienza a tener signos vitales para, finalmente, sobrevivir al accidente.
Era la cuarta de seis hermanos, pertenecientes a una familia tradicional de la elite capitalina. De una belleza deslumbrante, fue enfermiza y débil, pero no le temía a la muerte, “porque viviría para siempre con su amado”.
A los seis años rezaba el rosario y acompañaba a su madre diariamente a la iglesia. Solía convencer a su abuelo para que le dejara faltar a clases. Prefería quedarse en la casa con los hijos de los empleados, con quienes jugaba a inventar misas y les daba pedacitos de pan como comunión. Siempre supo con certeza lo que quería para su vida, y nada ni nadie la apartaría de su sueño. Pataleó por recibir la Primera Comunión antes de tiempo, y al lograrlo expresó ser inmensamente feliz, “pues puedo decir con verdad que el único amor de mi corazón ha sido Él”.
En 1917, de mutuo propio, escribió una carta a la priora de Los Andes para postularse al noviciado. “Créame –decía la misiva– que trabajaré toda mi vida por ser una gran santa”. Tras muchos obstáculos, Juanita entraría a su ‘palomarcito’ dos años después. Se dice que en ese momento ya era una santa.
En 1987 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II, en su primera y única visita a Chile. Cinco años después fue canonizada en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Hasta el día de hoy es visitada en Los Andes por miles de peregrinos que llegan a pedir su intercesión o agradecerle favores.