Hombres

…Sebastián Jiménez

Lindorfo anda
poniéndole al mal
tiempo buena cara: si
bien aún no remonta
con el rating en el
matinal de Canal 13,
todaví­a piensa que
puede recuperarse.
Además dice que está
feliz enfrentando
melodramas
animalescos en el
programa que conduce.

  • Revista Mujer

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Sebastián Jiménez (39) alias ‘Lindorfo’ está bastante más optimista de lo que yo esperaba. En especial considerando que no le ha ido nada de bien en sus proyectos de Canal 13 y podría andar perfectamente con cara larga. Pese a ello igual sonríe ya que aún piensa que puede recuperarse. “Nuestra disminución del rating es por todos conocida. Pero así es la televisión, es como la marea; uno a veces sube, y otras baja. Uno igual debe continuar con alegría”. –Es cierto, pero ustedes con Viva la Mañana ya llevan demasiado tiempo abajo, ¿Me vas a decir que no están ni un poquitín preocupados analizando que sólo marcan 4 puntos y van en cuarto lugar? –le pregunto, y sólo responde que están tranquilos, que han dado su máximo esfuerzo posible, y ya con eso pueden dormir en paz. “No pienso echarme a morir por el rating. Honestamente no me quita el sueño. Además estoy supercontento con nuestro trabajo. Quizás no nos vea tanta gente, pero igual generamos harto contenido”, dice despejando cualquier tipo de dudas sobre un probable cese del programa. Este veterinario tiene más de diez años en la tele y lo bueno es que en el peor de los casos –si las cosas se le pusieran demasiado color hormiga, en la tele digamos– siempre podría volver a su origen: atender animales exóticos en su consulta particular. “Me encantaba dedicarme a eso y veía a todo tipo de especies no convencionales, como pequeños mamíferos, aves o reptiles… Cosa que ahora no hago, pues al programa Animales que conduzco en el canal llegan casi puras especies domésticas, como gatos y perros con problemas terribles, con tumores del porte de una sandía, o maltratados con alambre de púas, o a punto de morir por desnutrición”. –¡Qué terrible! O sea que son netamente melodramas animalescos –le digo y me queda mirando con una cara de santidad tal, que sólo me conduce a pensar que es algo así como un genuino Francisco de Asís mediático. “No soy ningún santo. Pero ciertamente lo que más me mueve para seguir en la tele es continuar ayudando a los animalitos en problemas”, comenta, y luego confiesa su gran defecto que es, y siempre será, ser un hiperquinético. “Desde cabro chico que nunca he podido quedarme quieto. Mi nana vivía gritándome que por favor me sosegara. Y si en mi época hubiese existido el ritalín, te apuesto que me lo hubiesen dado”, dice, aclarando además que dentro de su familia es una verdadera tradición el ser prolífico. Tanto así, que él es el octavo hijo y ninguno de sus hermanos ha tenido menos de cuatro descendientes. “Juntos somos más de sesenta, una real prole”. –¿Pero por qué no paran de procrearse? ¿Acaso no piensan en la sobrepoblación? –bromeo, y él sin enganchar demasiado aclara que no les interesa tomar otra opción. “Siempre hemos sido prolíficos y nos fascina. Yo, ponte tú, ya tengo tres y es muy probable que tenga un cuarto”, dice. Y para terminar con sus confesiones familiares llega al punto de soltar que sus sobrenombres de infancia fueron incluso peores que ‘Lindorfo’. “Como me llamo Sebastián me decían Cebiche o Cebolla”, admite sin ningún atisbo de vergüenza.