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Cuarenta y tantos, ¿tan bien?

Estoy algo inquieta, confundida. Mientras escribía esta columna en la TV se anunciaba la próxima teleserie nocturna de TVN: Cuarenta y Tantos, Maduros pero ni Tanto. Imposible no dejarse seducir por esta promoción que exhibe una especie de paraíso terrenal para cuarentones. O mejor dicho, un infierno a todo trapo, donde abundan el placer, el […]

  • Revista Mujer

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Estoy algo inquieta, confundida. Mientras escribía esta columna en la TV se anunciaba la próxima teleserie nocturna de TVN: Cuarenta y Tantos, Maduros pero ni Tanto. Imposible no dejarse seducir por esta promoción que exhibe una especie de paraíso terrenal para cuarentones. O mejor dicho, un infierno a todo trapo, donde abundan el placer, el consumo y las escaramuzas onda colegial. Y qué decir de la música. Freddie Mercury, grande, gritando a todo pulmón desde el averno I want to break free, I want to get free, I want to break from your lies… Un panorama redondo. Entonces, ¿qué es lo que me inquieta, lo que me perturba? Simple: las falsas expectativas. Desde hace un tiempo han aparecido estudios que sitúan el peak de la felicidad a los cuarenta años. Más aun, una investigación realizada por la Universidad de Stony Brook (EE.UU.) anunció que todo es alegría a partir de los 50, y que si hay que elegir una edad concreta para la felicidad, se debe esperar cumplir 73 . ¿Qué tal?

Que no se entienda que estoy en contra de sentirse joven. Mucho antes los orientales entendieron que los años son sinónimo de sabiduría y de un estado más interesante que la jarana: la tranquilidad. Por eso, cuidado con entusiasmarse con las imágenes que muestran al actor Francisco Pérez-Bannen adentro de un jacuzzi celebrando con champaña. No vaya a ser que los señores de cuarenta se crean el cuento y después debamos sacarlos del jacuzzi en camilla por un alza de presión. Y lo mismo vale para las cuarentañeras, a quienes ese poeta incomprendido que es Ricardo Arjona les dedicó el tema Señora de las Cuatro Décadas, que advierte sobre esa grasa abdominal que los aeróbicos no saben quitar… ¡Maestro! O sea, está bien ir al gimnasio y cuidar la dieta, pero no se trata de terminar con los huesos quebrados por imitar a Lady Gaga. Insisto en que no quiero ser aguafiestas. Me parece notable la promoción de la teleserie. Sólo quiero advertir sobre los peligros de crearse falsas expectativas y sufrir un ataque de pánico si el marido se saca la camisa y comprobamos que no se parece demasiado a Pérez-Bannen. Después de todo, en un futuro vamos a ver a los mismos actores protagonizando Ochenta y Tantos…, y chapoteando de lo lindo en un jacuzzi adaptado para la tercera edad.