Belleza

El perfume más provocador

Le rogaron y le imploraron para que cambiara el sugerente nombre del perfume, pero Yves Saint Laurent
?el modisto que le dio ?poder? a la mujer? a lo más esbozó una sonrisa irónica frente a las peticiones. Se
suscitó entonces una gran polémica y junto con ella también creció el interés de las compradoras. Una
semana antes de la Navidad de 1977 la marca no fue capaz de abastecer la demanda. Todas las mujeres
querí­an un Opium. Así­ nací­a una embriagadora y adictiva leyenda.

  • Revista Mujer

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El misterio y la intriga que Yves Saint Laurent percibió en
1976 durante su viaje por el extremo oriente lo habían
dejado atónito. No sabía exactamente cómo, pero deseaba
transmitir mucho más allá de sus vestidos ese enigma silencioso.
Para eso acudió a los expertos… A los ‘narices’ Jean Amic
y Jean-Louis Sieuzac de Roure les encargó dar con un aroma
provocador que no dejara un alma indiferente; al genio de
Pierre Dinand le pidió un frasco exótico y sensual. Ese fue el
inicio de un sabroso torbellino de polémicas.

Años más tarde, Dinand reveló un secreto: “Yves quería un
perfume que fuese relativo a Japón. Deseaba algo que le recordara
su sicodélica experiencia con el LSD, que él definía como
‘en colores rojo y púrpura’. Yo también había tenido una experiencia
con opio en Indochina, pero no me pasó nada, así es
que tomé los colores que Yves me decía como punto de partida.
Entonces pensé en dibujar un inro, una de esas pequeñas
cajas con compartimentos en las que los samuráis solían
guardar sus comidas, especias y opio. Elegí el dorado y el púrpura
para el empaque y decidí que la botella tendría algo rojo
y unos toques que evocarían el bambú. Cuando Yves vio mi
propuesta decidió que el perfume se llamaría Opium. Una vez
más, el nombre nacía después de la botella”.

Amic y Sieuzac también habían interpretado a la perfección
el requerimiento de Yves Saint Laurent y habían logrado dar
con un aroma denso, de alta concentración, muy indiscreto.
Un verdadero ‘cóctel’ de especias, mandarina y ciruela, con
toques de jazmín, clavel, lirios y notas de cedro, sándalo,
incienso y patchouli.

En 1997 Saint Laurent alquiló un yate de superlujo para presentar
en sociedad su creación. La sensual actriz Jerry Hall (ex
mujer de Mick Jagger) era el rostro de la fragancia. En esos
años el oro y la extravagancia fueron palabras clave en sus
colecciones –el viaje a Oriente no se marchaba de su cabeza–
en un tiempo en que las mujeres de atrevían a todo: usar joyas,
vestidos y sombreros extraordinarios. Tras el apotéosico lanzamiento
el escándalo fue inmediato y una parte de la sociedad
puso el grito en el cielo por las explícitas connotaciones
del nombre. En Australia, incluso, estuvo prohibida su venta.
A Yves, por supuesto, le llovieron las ‘sugerencias’, parmodificarlo, pero él ni siquiera lo pensó. Es más, mientras los más temerosos cruzaban los dedos para convencerlo, él declaraba
feliz: “Opium será el perfume de la emperatriz de China”.
Y fue presentado bajo este provocador e irónico lema: “Para
aquellos que son adictos a Yves Saint Laurent”.

Nada que hacer: el perfume se llamaría por siempre Opium,
gustase a quien le gustase. Y vaya que agradó. Las ventas en
Francia fueron 15 veces más grandes de lo previsto. Una semana
antes de Navidad, la marca fue incapaz de producir suficientes
unidades para hacer frente a la demanda. Tomó un
año completo producir y distribuir Opium en todos los mercados.
Era muy difícil lograrlo ya que en esos tiempos parte
del envase era cosido a mano. Pero los clientes estaban tan
desesperados que hasta pagaban por adelantado.

En 2002, Opium volvió a suscitar polémica cuando Tom Ford,
el entonces director creativo de Yves Saint Laurent, diseñó una
campaña publicitaria con alto contenido erótico y la modelo
Sophie Dahl (desnuda) como protagonista. La publicidad fue
retirada en Inglaterra por ser considerada sexista.
Opium responde al arquetipo de la fémina seductora que
en los años 60 y 70 empezaba a conquistar espacios en la vida
personal y profesional. El compañero de Yves, Pierre Bergé,
dio con la frase perfecta para definirlo: “Si Chanel liberó a la
mujer, Saint Laurent le dio el poder”.

El perfume ha ido pasando de década en década acompañado
por algunos de los rostros más mediáticos y polémicos:
Jerry Hall, Linda Evangelista, Kate Moss o Sophie Dahl, Maríacarla
Boscono o Malgosia Bela, con imágenes ideadas por Helmut
Newton, Steven Meisel o Mondino. Recientemente el
diseñador de YSL, Stefano Pilati junto a Fabien Baron idearon
un nuevo frasco (en la foto) que, partiendo del original, deja
ver mejor el denso líquido amarillo y refuerza la idea de objeto
de culto. Crearon una nueva campaña publicitaria, protagonizada
por la modelo británica Karen Elson. Detrás de cámara,
la pareja de fotógrafos Mert Alas y Marcus Piggott, se unieron
al cineasta David Lynch y al famoso Steven Meisel, para
hacer el comercial. Puros genios para homenajear al perfume
que no dejó indiferente a nadie hace tres décadas. Y ahora
tampoco. Es toda una leyenda de provocación.